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Cáñamo y PVC una mezcla interesante

Redacción PU15/04/2004
La búsqueda de nuevos materiales más resistentes ha llevado a experimentar con la unión de plásticos con diversas materias primas, como han sido las fibras vegetales. Una de estas combinaciones dio con la unión entre el cáñamo y el PVC, debido a las carecterísticas concretas de ambos materiales, que garantizan la durabilidad tanto de los artículos fabricados como de sus fabricación.
Los primeros pasos en la búsqueda del nuevo material que dotase de perdurabilidad al producto final, llevó al estudio de materiales cuya principal fuente de su composición se encontrarse en unos yacimientos abundantes, universales y que se pudiese mezclar con materiales provenientes de la biomasa en forma de aceites plastificantes y de fibras reforzantes. Debería ser reciclable para calificarse “Plástico Duradero”. ¿Cuál podía ser este plástico? Uno de los grandes plásticos existentes encajaba con esta pretensión: el policloruro de vinilo. Su matriz procede en un 57 por ciento de los abundantes yacimientos de sal. Por ello, el vinilo podía ser considerado como un “plástico de desarrollo duradero”.

¿Qué interesaba de la biomasa?

La elección de plantas oleaginosas y fibrosas ayudaría a respetar los cultivos tradicionales de ciertas zonas geográficas.

¿Porqué se seleccionaba el cáñamo?

  • Es el mejor fijador de carbono.
  • Su cultivo es de carácter universal y el menos contaminante.
  • Su gran diversidad de aplicaciones (desde el sector téxtil al de la construcción, desde la alimentación a la medicina) aseguraba la viabilidad de su expansión.

Todas estas razones definían al cáñamo como “planta de desarrollo duradero”. El cáñamo se encuentra entre las plantas más productivas que se conocen. La pulpa es utilizada para fabricar papel, las semillas son útiles en alimentación animal y humana. El aceite de la semilla puede ser utilizado como base de pinturas y barnices. Del cáñamo se extrae la fibra téxtil más resistente que se conoce, con ella se fabricaba la lona utilizada en las velas de los primeros barcos (era el único tejido que no se pudría por el contacto con la espuma del mar), la sandalia de plasticana. De la mezcla de ambos materiales, cáñamo y el PVC, se obtuvo una nueva concepción de calzado que se emplea desde hace cincuenta años. Su robusto vinilo permite proteger de objetos cortantes y suelos resbaladizos, en la playa o en el agua. Salida del Auvergne (y todavía fabricada por la misma empresa y con el mismo molde), se popularizó bajo diversos apodos: “esqueleto” en Vendée, “fifí” en el norte de Francia, “nouille” cerca de Aurillac, “medusa” en Paris o “mica” en las Antillas. Realizada en exclusividad con Plasticana, solo tiene un color: el “caramel” obtenido por la cocción de las pectinas que contienen las fibras del Cáñamo. Hace 50 años, se pudo reemplazar el caucho para forrar los hilos eléctricos gracias a la adjunción de plastificante en el vinilo rígido. La composición de esta sandalia es, en cierta manera, un pariente lejano con la misma capacidad de ser reciclado. Contiene alrededor de un 6 por ciento de su peso en fibras de cáñamo. Una de estas sandalias equivale, más o menos, a 0,30 metros cuadrados de cultivo y a la fijación de 20 gramos de carbono.

Plasticana ve sus productos como una futura fuente de “abono” para los yacimientos de objetos vinílicos al final de su vida. Por eso comienza a brotar la idea de una red de “estaciones de renovación del vinilo” donde los objetos recogidos serían triturados, disueltos y sus componentes redinamizados y reconducidos hacia un nuevo ciclo de vida, permitiendo a las generaciones futuras realizar los equipamientos de su elección.

Es por ello que Plasticana promueve el proceso capaz de renovar el vinilo en sus objetos más complejos: el Viniloop para los cables eléctricos y el Texyloop para las telas estucadas, son todo un ejemplo.

La bolsa utilizada en el embalaje de estas sandalias tiene una doble función, la envoltura del calzado al entregárselas al comprador y otra muy esencial como es servir de abono compuesto, gracias a su contenido fermentescible, con ello se ofrece un canal de sensibilización y no solo un gesto para el medio ambiente, recordemos que ¡sólo el 7% de los deshechos son tratados!.

Hacia un desarrollo duradero

Ante la evaluación de los costes sociales y medioambientales frente a un crecimiento incontrolado, parece ser que es el momento de instaurar un desarrollo duradero y equitativo, que ayude a respetar los recursos naturales, un imperativo tanto práctico como ético ejemplarizante como es el caso de Plasticana.

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