Defender el PVC

01/07/1997

A finales del pasado mes de mayo se han producido en Cataluña dos hechos de indudable trascendencia con relación al PVC, ambos con la misma orientación. Por una parte, un pleno municipal del Ayuntamiento de Barcelona aprobó por unanimidad la supresión de los envases de PVC de las dependencias municipales, al tiempo que se da seis meses para examinar todos los productos clorados que se utilizan en el ámbito de las dependencias municipales, con el fin de tender a su eliminación (esperemos que mantengan el cloro de las piscinas, por lo menos). Paralelamente, una proposición no de ley del Parlament de Catalunya, aprobada por unanimidad de todos los grupos políticos, insta al Gobierno de la Generalitat a legislar teniendo como objetivo la eliminación del PVC del territorio catalán. Más allá de las repercusiones posibles de estas iniciativas, que sin duda habrá que seguir con mucha atención, sorprende la respuesta de los productores de PVC, asesorados por la agencia de comunicación Burson-Marsteller.

El PVC es perfectamente defendible técnicamente. Si se utiliza para aplicaciones médicas como material idóneo en transfusiones de sangre y otras aplicaciones, no parece muy acertado evitar el PVC en los envases de agua. Y no es preciso acudir al número de puestos de trabajo y a la elevada facturación del sector para oponerse a estas medidas. Como ciudadano, nadie podría defender unos puestos de trabajo que estuvieran intoxicando a la población; se trata pues de un argumento boomerang que se volverá contra quienes lo utilizan. Los si intoxican son algunos grupos ecologistas, que la han tomado con el PVC de una forma irracional, y encuentran fácil eco en la clase política necesitada de votos.

Si la toman con el PVC y no con el polipropileno, pongamos por caso, es que algo tendrá y, como quedó claro en nuestro pasado nº40, el único problema de este noble material se produce en el momento de su incineración. Esta, bajo determinadas condiciones, produce dioxinas. Muy pocas, menos que cuando arde un bosque, menos que la sal común de los residuos de los vertederos, pero las produce. Sin embargo, estas emisiones pueden ser eliminadas cuando la combustión se realiza a temperaturas más elevadas de las habituales. Entonces, ¿por qué no asumir que el problema es éste, y no otro, y actuar en conseuencia?

De unas 100 zonas europeas (municipios, regiones) que en su día limitaron el PVC, quedan menos de 10 en vigor. Esperemos que en Cataluña triunfe finalmente el seny, el buen sentido.

Ferran_Puig@app.es

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