El 'crusaíto' que nos hace pensar

Ibon Linacisoro, Director15/03/2008

España tiene de bueno que es universal. Cosmopolita, integradora, con un largo bagaje en las lides internacionales. Si con demasiada ligereza se habla de termómetros, el único termómetro válido para medir a un país, su idiosincrasia, su cosa interna, su vivir y su pensar, es el famoso y tradicional concurso de Eurovisión. Aunque ahora todo es más plano, hace años era ver un grupo o un cantante actuando y adivinar a qué país pertenecía. No me digan por qué, pero se sabía si uno era de un país del Este, de Israel, de Suecia, Alemania o de Guayominí. La ropa, el estilo, el pelo, la canción en sí, la puesta en escena, el conjunto de todo ello dejaba a las claras la procedencia. Hoy el mundo ha cambiado, tendemos a uniformizarnos en la bola entera y ya no son tan evidentes las marcas que definen a un país, una ciudad. Pero Chikilicuatre nos ha devuelto la esperanza y acude al gran concurso musical no sólo con una gran canción, sino también con una obra y una escenografía que nos sitúa en la vanguardia del arte musical. Que nos devuelve por fin al lugar del que nunca debimos alejarnos. El Chiki Chiki se baila así, y es que además lo baila todo el mundo, es un poco como el 'Macarena' de antaño. Expone la universalidad de un país entero, recorre con un discurso sencillo el variado espectro de personajes de un país heterogéneo, pero excede de nuestras fronteras para acomodar su música y su intachable coreografía por el relieve terráqueo.

¡Ay, si la industria pudiera hacerse con eso! Si a base de Chiki Chiki se pudiera ir convenciendo al resto del mundo de que nuestras cosas, nuestras piezas son de todos y para todos. Si el 'crusaíto', ese paso imposible reservado para los dotados con un don, o el mismo 'robocop', lo aplicáramos a la industria, si consiguiéramos que en el otro extremo del mundo alguien comprendiera tan bien nuestro 'know how' industrial como a buen seguro comprende nuestra supremacía artística, probablemente ahora las cosas nos irían mejor. Necesitamos, todos, pero también la industria de los plásticos, un líder, alguien que rompa los esquemas y sea lo suficientemente atrevido como para iniciar una etapa en la fabricación que ya hemos iniciado en lo musical. Urge atacar, si salimos a empatar, perdemos, seguro. Pero para ello tenemos que confiar en nosotros mismos, como Chikilicuatre confía en sí mismo y en el 'maiquelyason'.

Ánimo, sabemos, podemos, tenemos lo que hay que tener. ¡A por ellos!

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