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Plásticos restaurados

Cómo conservar nuestro patrimonio cultural

Richard Adler y Christian Bonten29/09/2008

29 de Septiembre de 2008

Al igual que los materiales 'tradicionales' como madera o acero, los objetos fabricados con polímeros durante las pasadas décadas no habrán de durar para siempre. Esto supone un desafío permanente para aquellos diseñadores y restauradores que se encargan de preservar nuestra herencia cultural. Al respecto podría ser de gran ayuda el conocimiento experto en la moderna tecnología de los plásticos -desde los polímeros modernos al diseño cromático-.
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Los objetos de diseño como la silla Panton forman parte de una importante herencia cultural. Los prototipos de este artículo, laminado a mano, se hallan por desgracia en muy mal estado en la actualidad, siendo necesario protegerlos de un deterioro ulterior (Foto: VitraDesignMuseum)

Hoy día se considera a los polímeros modernos como SAN (estireno/acrilonitrilo; Luran S), ABS modifi-

cado (acrilonitrilo/butadieno/estireno; Terluran) y los polimerizados MABS (metil-metacrilato/acrilonitrilo/butadieno/estireno; Terlux) materiales de diseño por derecho propio, merced a las oportunidades creativas que ofrecen y a las posibilidades que comportan en cuanto a procesos de fabricación y características del material. Esto no es un hecho inevitable sino el resultado de décadas de trabajo de los desarrolladores de Basf AG, Ludwigshafen/Alemania. Durante el primer tercio del siglo pasado el desarrollo de nuevos materiales estuvo condicionado en primer lugar por la necesidad de disponer de capacidades adecuadas y mejorar gradualmente las propiedades técnicas del género, concretamente en relación con tecnologías entonces innovadoras como el moldeo por inyección. Durante mucho tiempo se tendió a ver en los plásticos un substituto para materias tradicionales como madera o cerámica.

El que los polímeros fueran capaces de abandonar este nicho y llegar a constituir un medio de diseño se debe entre otras causas a un grupo de artistas y diseñadores visionarios como Charles y Ray Eames y Verner Panton. En las décadas de los 50 y 60 comenzaron a utilizar el plástico en la fabricación de muebles con un toque distintivo único. Aquellas formas curvas y orgánicas que los caracterizaban aun son asociadas con un concepto de 'progreso.

Déficit de experiencia

Los pioneros del 'arte plástico' se adelantaron a su época en numerosos sentidos. Aunque los materiales que utilizaban permitían la experimentación con formas típica de aquellos años, no se correspondían ni de lejos con el estado efectivo de la tecnología en términos de uniformidad, distribución de pesos moleculares, solidez y resistencia al envejecimiento. En un primer momento los productores de plásticos se habían interesado por un desarrollo técnico constante del producto, pero gradualmente su atención se dirige hacia aspectos de refinamiento como la mejora de la estabilidad a largo plazo, aunque fuera en perjuicio de una mayor fluidez.

Solo desde hace unos pocos años se están llevando a cabo proyectos con asistencia científica para la conservación de objetos plásticos en vías de deterioro que vale la pena preservar

Debido a la falta de experiencia a largo plazo con los nuevos materiales, no existían recomendaciones de conservación, las cuales, aplicadas de manera conveniente, habrían asegurado una mayor durabilidad a los objetos fabricados con dichos materiales. Además, los primeros objetos de plástico en muchos casos no se fabricaban en condiciones óptimas de manufactura industrial, ni siquiera en una época de avances ya consolidados, sino que eran elaborados a mano por los propios artistas, quienes tuvieron que poner a punto en sus talleres las técnicas de manipulación correcta para materiales de doble componente como los poliuretanos. Como resultado de ello instituciones de fama mundial como el VitraDesignMuseum con sede en Weil am Rhein, que se dedica a preservar la valiosa herencia cultural de los primeros días del diseño con plásticos, se ven obligadas a acometer una tarea difícil. El desafío consiste en como mínimo detener, y a ser posible revertir la gradual desintegración de los materiales poliméricos utilizados en la creación de importantes iconos culturales, con el objeto de lograr que el diseño de las últimas décadas pueda seguir siendo objeto de experimentación durante el siglo próximo.

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Grieta en una pieza de plástico reforzado con fibra antes (en cumbre) y después (abajo) de su restaurado. La selección de un adhesivo/relleno adecuado es tema difícil que requiere de gran número de ensayos precisos (Fotos: VitraDesignMuseum)

Aunque la magnitud de este reto ya se barrunta de antiguo, solo desde hace unos pocos años se están llevando a cabo proyectos con asistencia científica para la conservación de objetos plásticos en vías de deterioro que vale la pena preservar.

La misión de mantener en óptimas condiciones los objetos relevantes de plástico constituye para el restaurador y el conservador museístico un proceso similar al que durante los últimos siglos presenció el desarrollo de métodos para el cuidado de materiales delicados de origen orgánico como la madera.

Las causas de la degradación de las propiedades de materiales como, por ejemplo, los poliuretanos a lo largo de las décadas casi siempre tienen que ver con fenómenos químicos como la hidrólisis, fractura de cadenas, entrecruzamiento de moléculas y el calor, así como la deriva de ingredientes básicos como plastificantes

Necesidad de cooperación entre los expertos

Para tener éxito en esta empresa se requiere una estrecha colaboración entre restauradores, químicos y expertos en ciencia de materiales; como la que desde hace tiempo existe entre el VitraDesignMuseum y Basf AG de Ludwigshafen. Las causas de la degradación de las propiedades de materiales como, por ejemplo, los poliuretanos a lo largo de las décadas casi siempre tienen que ver con fenómenos químicos como la hidrólisis (tanto microbiana como por efecto de la humedad ambiente, en determinados casos catalizada por la transpiración de la mano, gases dañinos como óxidos de azufre y de nitrógeno y a veces emisión de ácido clorhídrico por el PVC degradado), fractura de cadenas, entrecruzamiento de moléculas como resultado de reacciones con radicales (fotoquímica) y el calor, así como la deriva de ingredientes básicos como plastificantes. Huelga decir que ningún museo ha tenido que hacer frente con anterioridad a problemas de este jaez. Basf, por otra parte, habiendo sido precursora en la elaboración de plásticos, dispone de una vasta experiencia que acompaña al desarrollo de productos en la actualidad, y a la cual se puede recurrir para conservar objetos culturales amenazados. Es de vital importancia que todos los restauradores y especialistas técnicos en polímeros aprendan en primer lugar a hablar un lenguaje común. Buen ejemplo de las dificultades que a veces surgen de manera inesperada en el proceso de comunicación lo constituye el término alemán 'umformen'. Los ingenieros de polímeros alemanes entienden por este concepto el cambio completo de forma de un semielaborado mediante procesos de deformación térmica.

Las soluciones ideales, como por ejemplo capas de alta pureza similares a las utilizadas en el sector farmacéutico, inflan a menudo los presupuestos disponibles, disparando las alarmas restrictivas del contable

Por su parte el restaurador no utiliza la misma definición que el ingeniero de plásticos, sino que prefiere hacer referencia a un cambio de forma en el sentido de corregir irregularidades y ondulaciones en una pieza de exposición, como mucho en el rango de los centímetros. Desde el punto de vista de un técnico de polímeros resulta imposible el cambio de forma ('umformen') por efecto del calor en un material termofraguante tras el curado del mismo; por el contrario el restaurador alemán sabe que un cuidadoso calentamiento -incluso en materiales no fundibles- facilita la corrección de pequeñas distorsiones e irregularidades de forma, aplicando un procedimiento específico que él también denomina 'umformen'.

El resultado de todos estos debates entre restauradores y químicos de Basf y de otras empresas que consideran que el diálogo con el cliente es un elemento fundamental de su negocio, comienza a difundirse para ayudar al coleccionista como mínimo a detener el deterioro progresivo de unos objetos cada vez más valiosos, aplicando para ello algunas medidas de precaución harto sencillas. El programa de actividades incluye el desarrollo de nuevas tecnologías para el restaurador de plásticos.

Piezas de diseño de la década de los 60

Como ejemplo específico del reto al que se enfrenta un restaurador encargado de proteger objetos de plástico, hablaremos de la preservación de artículos fabricados en poliuretano y resina de poliéster durante los años 60.

No es raro hallar en la superficie de los plásticos fabricados hace unas pocas décadas trazas de plastificantes expulsados desde el interior o poliol -en objetos obtenidos mediante moldeo de resina de poliuretano- . El poliol pudo quedar retenido en la matriz polimérica como resultado de unas condiciones de mezcla imperfectas durante la reacción con isocianatos cuando el prototipo fue elaborado a mano. Un punto característico de debate lo constituye el evitar -a ser posible de modo permanente- que estas películas líquidas se adhieran unas a otras cuando los objetos entran en contacto, así como impedir la adherencia de partículas contaminantes. En la actualidad los especialistas de Vitra, en cooperación con los químicos de BASF, investigan sobre la utilización de películas de disipación adecuadas. En este caso lo que se considera no es únicamente la libertad de movimiento del plastificante y la polaridad del material; también se tienen en cuenta factores de economía. Las soluciones ideales, como por ejemplo capas de alta pureza similares a las utilizadas en el sector farmacéutico, inflan a menudo los presupuestos disponibles, disparando las alarmas restrictivas del contable.

En estos momentos se debate acerca de si los nuevos pigmentos Xfast de Basf deberían utilizarse para obtener un mejor emparejado de las tonalidades entre el revestimiento utilizado por el restaurador y la pieza original

Actualmente se prefiere otorgar prioridad a los filmes a base de politetrafluoroetileno

Con no poca frecuencia lo que preocupa al restaurador son las grietas, habituales en materiales de cierta antigüedad, que es preciso cerrar antes de que se extiendan en un objeto ya de por sí frágil. Tampoco aquí resulta posible optar por soluciones convencionales. Es necesario que el adhesivo se adapte al objeto de diseño para evitar una concentración puntual de fuerzas que ponga a prueba la eficacia de la unión pegada bajo solicitación mecánica, lo cual volvería a abrir la grieta. En el caso de objetos fabricados con materiales extensibles podrían en principio servir a tal finalidad compuestos sellantes como silicona o poliuretano. Mas aquí habría que enfrentarse a otro tipo de problemas. Utilizando silicona no podremos retrabajar las zonas reparadas; por otro lado los poliuretanos, bajo determinadas condiciones, liberan burbujas de C02 que durante el curado podrían actuar como “puntos de ruptura predeterminados” para fuerzas mecánicas. Una solución que está siendo objeto de debate en la actualidad consiste en el empleo de poliuretanos silanizados, asimismo libres de plastificantes y ácidos. Se llevan a cabo ensayos muy completos para comprobar su idoneidad.

El mismo reto se nos presenta con prototipos antiguos o artículos fabricados en resinas de poliéster. Como consecuencia de la contracción de este material, a veces muy alta (hasta del 8 por ciento), aparecen fuerzas en el interior del objeto, formándose grietas que emergen a la superficie tras varias décadas de envejecimiento a lo largo de las cuales se va incrementando la fragilidad del material. Dichas grietas pueden afectar asimismo a los recubrimientos, permitiendo la entrada de aire y ozono en el producto. Este es un hecho demostrado, por ejemplo, en prototipos de la célebre Silla Panton. Las grietas pueden provocar daños ulteriores en el material, cuya fragilidad se va viendo incrementada de modo progresivo. Un remedio a este problema lo encuentra el restaurador, por ejemplo, en resinas epoxi, las cuales tienen un bajo índice de contracción que les permite sellar protectoramente el objeto envejecido.

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Biblioteca cromática en la nueva Design Factory de Basf con más de 20.000 muestras de color en sus plaquetas respectivas; visitada no solo por diseñadores industriales interesados en conocer las posibilidades de la gama PlasticsPlus fabricada por la empresa, sino también por el personal técnico de los museos en su búsqueda de recubrimientos óptimos para objetos de arte restaurados. Lo más innovador en estos tiempos lo constituyen los blancos resistentes a tonalidades amarillentas por efecto de la vejez (Foto: Basf).

Superficies protegidas mediante revestimiento

Otros ejemplos demostrativos del uso de polímeros modernos en la restauración museística los constituyen aquellos recubrimientos que se utilizan para proteger superficies expuestas, como en el caso de esta construcción fabricada en resina de poliéster, uno de los primeros experimentos en el campo de la movilidad residencial. A lo largo de las décadas, los seis módulos de plástico de este alojamiento de 6,9 m x 4,42 m, conocido como Bulle Six Coques y emplazado en los Pirineos, ha sufrido de modo considerable bajo los rigores de la intemperie. Los expertos de Vitra confían en salvar el edificio mediante una capa de sacrificio a base de filmes Basf Nuevamente aquí se trata de cerrar grietas; lo propio se aplica a evitar la reapertura de las mismas mediante un adhesivo adecuado conforme a las explicaciones anteriores. En este caso, tras haber consultado ampliamente con el experto en plásticos, el VitraDesignMuseum se decidió por una resina epoxi cicloalifática con una resistencia excelente a los rayos ultravioleta. El tiempo útil de empleo es de unas cinco horas, lo cual también resulta muy conveniente en la práctica profesional del restaurador.

No por azar un restaurador de la actualidad posee conocimientos avanzados sobre la estructura de los primeros plásticos utilizados con fines comerciales; él mismo suele utilizar materiales muy superiores a los disponibles durante la década de los 60. Contrariamente a la percepción del lego no siempre es posible reparar los desperfectos utilizando materiales lo más parecidos al que se empleó para elaborar el original.

El objetivo principal consiste en preservar las piezas restauradas para el porvenir sin que de aquí a unas pocas décadas nos veamos obligados a aplicar nuevamente soluciones costosas a los mismos problemas. En determinadas circunstancias está justificado el llevar a cabo una labor de restauración reversible; esto es lo que recomendamos al experto.

Necesidad de las nuevas tecnologías

La labor del restaurador también puede sacar provecho de los últimos avances en nanotecnología.

En estos momentos se debate acerca de si los nuevos pigmentos Xfast de Basf deberían utilizarse para obtener un mejor emparejado de las tonalidades entre el revestimiento utilizado por el restaurador y la pieza original. En el desarrollo de los innovadores pigmentos Xfast a base de estirina, consistentes en nanopartículas orgánicas dispersas en solución acuosa, Basf se ha servido de métodos HTS para buscar un acoplamiento óptimo en cuanto a color, reología y estabilidad coloidal. Estos métodos son los mismos que se aplican en la búsqueda de ingredientes farmacéuticos activos.

Desde un punto de vista tal resulta obvio que un restaurador también debería interesarse por servicios que hayan sido especialmente desarrollados para la generación actual de diseñadores, como por ejemplo la Basf Design Factory, creada a medida por los ingenieros de Ludwigshafen para satisfacer los requerimientos de diseñadores y usuarios (industriales), sobre todo en relación con la gama PlasticsPlus. La Design Factory es capaz de elaborar en el día muestras individuales de color con una amplia variedad de texturas superficiales para que el cliente las examine.

El número de usuarios industriales que consideran este servicio como una herramienta indispensable para su labor diaria aumenta de manera constante.

Gracias a dicho servicio, el restaurador también puede seleccionar a la primera la tonalidad exacta que necesita, sin compromisos de ningún tipo, lo cual permite preservar el espíritu de los antiguos artículos de diseño.

Por consiguiente la industria química, y en particular Basf, no solamente contribuye a preservar una herencia cultural amenazada, sino que también permite al moderno usuario de plásticos sacar partido de una estrecha colaboración con los expertos de los museos, ya que el conocimiento de los procesos de obsolescencia -y qué mejor lugar que un museo para adquirirlos- pasa así a integrarse de manera natural y fluida en el desarrollo de los plásticos y recubrimientos del futuro.

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