Solucionar problemas

01/11/2001
La feria K’2001, que cerró sus puertas el pasado 1 de noviembre, mostró numerosas novedades y no sólo en el plano tecnológico. Es la feria de las verdaderas novedades, donde los grandes fabricantes se vuelcan por atraer la atención de los miles de visitantes y hacia la cual muchos miran cuando comienzan a desarrollar nuevos productos.

Pero es también la feria de los mensajes innovadores, de las nuevas formas de venderse o comercializar servicios o productos. En esta ocasión llamó la atención la insistencia en algo que, en efecto, viene siendo una constante en el quehacer de muchas empresas. Muchas ya no quieren ser simples suministradoras... Ahora solucionan problemas. No son una, ni dos, ni tres, sino unas cuantas las que lanzan reiteradamente este mensaje. A menudo ligado también al concepto ‘global’, es decir ‘soluciones globales’, que casi siempre se refiere en su significado inglés al ámbito geográfico y que por lo tanto se pueden entender como ‘soluciones para todo el mundo’.

‘Global solutions’: si se sigue utilizando con tanta insistencia acabará perdiendo el sentido. Sin embargo, es un mensaje que curiosamente llega tarde a formar parte de la argumentación de las compañías, porque no es nueva la empresa enfocada a ofrecer a sus clientes una solución total a sus necesidades. Vender un producto, un equipo, una máquina, un material, no satisface ya lo que los clientes piden. Consentidos al máximo en algunos sectores, los clientes exigen una solución, asesoramiento, especialización. Una respuesta a una idea abstracta en sus orígenes que debe ir cobrando forma.

Y es en esta dirección hacia donde transcurren muchos de los transformadores de plásticos, pero también los suministradores de éstos. Un buen ejemplo lo constituyen las todopoderosas multinacionales químicas, que venden sus materiales, pero además orientan a sus clientes cuando quieren lanzar un nuevo producto. No hay más que visitar algunas páginas web ‘colgadas’ de la red para ver en qué medida algunos están dispuestos a ‘ayudar’.

Claro que la K no fue sólo eso. De nuevo no defraudó a nadie, a pesar de las sospechas de que el número de visitantes podría bajar considerablemente debido al miedo a volar tras los graves incidentes internacionales. Y así fue, el descenso en el número de visitantes superó el 10%, pero tanto los organizadores de la feria como los propios expositores se mostraron satisfechos, dadas las circunstancias. Ni siquiera los anuncios de recesión económica internacional se dejaron sentir en el ánimo de la mayoría. Optimismo, novedades y mucho negocio (un fabricante de máquinas supo de la venta de 10 máquinas justo cuando hablaba con Plásticos Universales) identificaron de nuevo a la feria K.

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