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Interempresas apuesta fuerte por este sector, abriendo una nueva sección dedicada al alquiler en su revista de Obra Pública

Pasado, presente y futuro del alquiler de maquinaria en España

David Muñoz24/10/2011

24 de octubre de 2011

Por muy mal que pinte la situación, una industria que genera unos ingresos de más de 50 mil millones de euros al año en todo el mundo (15 mil de estos millones en Europa), debe ser tomada en cuenta. Es indudable que el alquiler de maquinaria se ha visto resentido por la crisis global y multisectorial que nos acompaña desde hace más de tres años, pero a pesar de ello sigue siendo un sector con un gran potencial de crecimiento, sobre todo en España donde su irrupción es relativamente joven, en comparación con otras zonas del mundo, y donde la crisis frenó su extraordinaria expansión.
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El alquiler de maquinaria vivió en España un espectacular crecimiento hasta la irrupción de la crisis.

Aunque hay casos de empresas cuyos orígenes se remontan a tiempos anteriores a la llegada de la democracia en España, lo cierto es que el gran auge del alquiler de maquinaria en nuestro país data de finales de los 80 y, sobre todo de principios de los 90, con la aparición de pequeñas firmas especializadas que ofrecían sus servicios en un ámbito muy local. Eso conllevó que desde el principio este negocio se definiera en España por una fuerte atomización, conviviendo numerosas empresas que ofrecían pequeños registros de facturación.

En paralelo a la espectacular evolución que seguía la construcción, y más concretamente la edificación residencial, estas empresas de alquiler fueron creciendo cada vez más, aumentando sus flotas, tanto en número como en variedad, y expandiendo su presencia geográfica con nuevas delegaciones. Pero no fue realmente hasta 2003, con la aparición de la firma General Alquiler de Maquinaria (GAM), cuando se implantó en España el concepto de empresa de alquiler de cobertura completamente nacional. Para ello recurrió a la compra de empresas ya bien implantadas en diferentes zonas del país y abrió nuevas delegaciones allí donde consideraba que existía un vacío que podía cubrir con sus servicios.

Esta iniciativa fue seguida por otras similares, hasta el punto que varios fondos de inversión apreciaron las posibilidades de este mercado participando en nuevas formaciones. El paisaje alquilador español fue cambiando progresivamente, estableciendo una estructura muy heterogénea en la que convivían grandes grupos empresariales, marcas internacionales con delegaciones en España, fabricantes y distribuidores con sus propias líneas de alquiler, empresas de tamaño medio con implantación regional, y pequeñas firmas que sustentaban su presencia en un servicio local, muy próximo al cliente.

Todo eso hizo que antes de la llegada de la crisis, sólo el alquiler de maquinaria sin operario representase en España una facturación cercana a los 2.500 millones de euros.

El alquiler de maquinaria en España se ha caracterizado tradicionalmente por una fuerte atomización, conviviendo numerosas empresas con pequeños registros de facturación
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Las empresas de alquiler se han consolidado como clientes de gran importancia para los proveedores.

Cambio de paisaje

Pero la situación cambió radicalmente a partir de 2008, cuando el principal cliente de las empresas alquiladoras, las constructoras, sufrieron un frenazo en seco de su actividad, primeramente en la edificación de viviendas y oficinas, y posteriormente en la obra pública o civil. Al no salir nuevos proyectos, las máquinas fueron acumulándose en los parques, hasta crear un enorme desequilibrio entre oferta y demanda.

La caída fue dramática, tanto por su volumen como por su rapidez, de tal forma que no hubo tiempo para ajustarse al nuevo escenario. Las empresas pasaron, sin tiempo de reacción, de una situación en la que se “despachaban las máquinas”, lo que suponía una inversión constante (y en algunos casos, irracional) en la compra de nueva maquinaria, a otra en la que apenas salían nuevas oportunidades de trabajo, poniendo en grave riesgo el pago comprometido con los proveedores.

Si el valor de las acciones en Bolsa sirviera realmente como termómetro del cambio vivido por un sector, el caso de GAM sería clarificador. Mientras el 12 de julio de 2007, su acción cotizaba a 28,40 euros, el 11 de octubre de este 2011, su valor se había reducido a 0,62 euros.

Frente a este nuevo escenario, y sabiendo que la recuperación de la construcción y la obra pública no va a ser inminente, muchas empresas de alquiler se han puesto manos a la obra para garantizar la viabilidad de sus proyectos en el futuro, primero ajustando sus estructuras a la actual demanda (cerrando delegaciones, recortando plantillas, aliviando sus parques de alquiler, etc.) y en segundo término, estableciendo nuevas estrategias de crecimiento, basadas fundamentalmente en tres líneas: diversificación, especialización e internacionalización.

Cada vez son más las empresas que buscan introducir el servicio de alquiler lejos de la tradicional construcción, aprovechando el potencial que existe para esta actividad en otros mercados. La industria, los eventos, la agricultura, la jardinería, la energía… son sólo algunos de ellos.

Otras han apostado por una mayor especialización, ofreciendo a los clientes un servicio claramente enfocado a una determinada gama de producto en la que poder ofrecer un valor añadido, tanto a nivel técnico como material. Firmas centradas en el suministro de energía temporal, acceso en altura, soluciones modulares son claros ejemplos.

Y, por último, la vía de la internacionalización, en un mercado cada vez más globalizado, supone un gran atractivo para algunas marcas que intentan expandir el ‘know how’ que han adquirido en el mercado nacional. En este sentido, en el norte de África, Iberoamérica y Asia ya se están dando, con mayor o menor éxito, este tipo de iniciativas.

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La caída de la edificación residencial ha supuesto un gran freno a la evolución del sector del alquiler.

Potencial de crecimiento

Al incremento de actividad, que vendrá tarde o temprano, se suma la mayor penetración que tendrá el alquiler sobre la venta en el mercado de maquinaria en general. De hecho, el consultor especializado Dan Kaplan, en una conferencia reciente, señalaba que esta penetración del alquiler pasará en España, en el periodo 2009-2015, del 28 al 40%.

Esto es conocido por fabricantes y empresas de servicios, que siguen viendo a los alquiladores como clientes preferenciales, ofreciéndoles productos ajustados a sus requerimientos específicos.

Cada vez son más las empresas que buscan introducir el servicio de alquiler lejos de la tradicional construcción, aprovechando el potencial que existe para esta actividad en otros mercados
Pero para aprovechar todo este potencial, es imprescindible que la propia industria del alquiler tome conciencia de su relevancia y que actúe para poner fin a problemas que parecen inherentes a su actividad. No hay más que comprobar los contrastes que se dan entre el trabajo que realizan y la definición que da la Real Academia Española de la Lengua de la palabra 'alquiler': “Dar a alguien algo, especialmente una finca urbana, un animal o un mueble, para que use de ello por el tiempo que se determine y mediante el pago de la cantidad convenida”.

Ya no es sólo el hecho de no estar incluida la palabra 'máquina' en la definición (a diferencia de una actividad que genera seguramente muchos menos ingresos como puede ser el alquiler de animales), sino que se mencionan tres aspectos ciertamente mejorables en esta actividad concreta. El “para que use de ello”, se ha transformado con los años en un “para que abuse de ello”, ya que por cierta displicencia de algunos alquiladores, se ha llegado a una situación en la que es prácticamente el cliente el que impone las condiciones del acuerdo, negándose, por ejemplo, a pagar los desperfectos que causa a los equipos.

En cuanto “al tiempo que se determine”, en el caso del alquiler de maquinaria, éste en muchos casos es indefinido e incluso puede ser eterno, ya que, por desgracia, sigue siendo un sector gravemente afectado por los robos.

Y por último, y quizás el aspecto más conflictivo, en la definición de la RAE se habla de “mediante el pago de la cantidad convenida”, mientras que en España el alquiler de maquinaria mantiene como dos de sus principales problemas el gran índice de morosidad al que se ve sometido y los cada vez mayores plazos de pago que imponen sus clientes. Todo ello sin entrar en la peligrosa guerra de precios que caracteriza a este mercado y que pone en peligro la propia solvencia de las empresas.

Desde Interempresas se quiere tratar en profundidad todos estos temas y otros muchos que están relacionados con la actividad de alquiler de maquinaria, y para ello a partir del número de noviembre de su revista de obra pública se incluirá una nueva sección denominada 'Alquiler'.

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