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“Hay que distinguir entre la innovación que se formaliza en proyectos y la innovación no formalizada o ‘sumergida’”

Entrevista a Salvador Bresó, nuevo presidente de Fedit

Esther Güell11/04/2011

11 de abril de 2011

Los Centros Tecnológicos asociados a la Federación Española de Centros Tecnológicos (Fedit) han elegido a Salvador Bresó Bolinches como nuevo presidente durante la XXXII Asamblea General de la Federación a primeros de año en Madrid. El nuevo presidente, doctor Ingeniero Industrial y catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia y director general de Aimme (Instituto Tecnológico Metalmecánico de Valencia) desde 1987, sustituye a Emilio Pérez Picazo, retomando un cargo que ya ostentó en 1996 y que volvió a ocupar en el periodo 2000-2002.

El nuevo equipo asume ahora las riendas de una federación que acaba de renovar en 2010 sus Estatutos con el fin de fomentar una mayor cooperación, transparencia y representatividad entre sus socios, y favorecer la apertura de la federación y de los centros tecnológicos al resto de agentes del sistema de innovación. Salvador Bresó nos explica como se plantean estos retos en un sector, el metalmecánico, que innova a menudo mucho más de lo que parece. Aunque admite que, sobre todo en las pequeñas empresas, la cooperación sigue siendo un punto clave a mejorar.

En primer lugar, felicidades por la elección, reelección debería decir, porque no es la primera ni la segunda vez que desempeña este cargo... ¿Qué aporta de nuevo un ‘viejo’ conocido de Fedit?

En el año 2010, la federación, liderada por el anterior Consejo Rector, abrió un proceso de reflexión profunda sobre el presente de la misma y su relación tanto con sus miembros como con el entorno, proceso en el que se produjo una alta participación y en la práctica condujo a una refundación. Este viejo, conocido y sobre todo conocedor del colectivo de centros, creo que aporta precisamente experiencia, conocimiento y sobre todo convicción en la bondad del proyecto. El equipo que he propuesto a la asamblea y que ha salido elegido intenta recoger la experiencia y el conocimiento de la realidad de los centros, la juventud representada por varios nuevos consejeros que forman parte del equipo y la representatividad debida a que los consejeros provienen de un amplio conjunto de entornos geográficos diferentes. El éxito será, en todo caso, del equipo. Mi misión es la de entender la diversidad e impulsar la riqueza que de ella surja ayudando a que dé sus frutos… y eso es lo que creo que se ha valorado de mi candidatura.

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Bresó ocupará de nuevo el cargo con una misión clara: “entender la diversidad e impulsar la riqueza que de ella surja ayudando a que dé sus frutos”.

Si en su primera presidencia fue vital su apuesta por la creación de la Asociación Europea de Organismos de Investigación y Tecnología (Earto). ¿Cuál será ahora su caballo de batalla?

La ruta la marcan las conclusiones del proceso de reflexión. Modelo de ‘Gobernanza, Cooperación, Comunicación y Servicios’ relacionado este último aspecto con la optimización de la dimensión y estructura de la federación. El programa de la candidatura que he encabezado se basa en esos ejes. Como no se puede abordar todo ni al mismo tiempo ni con la misma intensidad, evidentemente hay que priorizar. Una de las prioridades es la que se relaciona con los miembros de la federación, los que están, y los que desearíamos que estuvieran. Crear un marco de gobernanza que defina espacios en los que se puedan sentir identificados y escuchados los Centros Tecnológicos y otros agentes relevantes del Sistema Español de Ciencia y Tecnología es un reto ineludible.

La relación de la federación con el entorno en el que se encuentra, más allá de lo que pueda entenderse como una estricta acción de comunicación, es otro dos aspectos prioritarios. Que la federación tenga en cuenta visiones externas y traslade las suyas para contrastarlas, es una tarea necesaria. En ese sentido, la puesta en marcha de un Consejo Consultivo es otro de los aspectos que se derivan del nuevo modelo de gobernanza.

Fedit renovó el pasado año sus estatutos para fomentar “una mayor cooperación, transparencia y representatividad entre sus socios” entre otros objetivos. ¿Cuál son sus prioridades al respecto?

Efectivamente, la cooperación es uno de los ejes. La federación es un punto de encuentro entre centros y agrupaciones de centros y ese es un potencial de cara a un mercado, el de la innovación y la tecnología, cada vez más multidisciplinar y exigente. En la federación y con su ayuda, se deben nuclear alianzas. Tácticas o estratégicas, pero orientadas a mercado.

No debemos olvidar que la federación tiene un ‘cliente’ natural, sus miembros, y por lo tanto en la medida que sus actuaciones y sus posicionamientos sean claros, transparentes y leales a sus objetivos, los socios se reconocerán en ella.

“Hay mucha innovación no explícita, que emerge en mejoras de productos y procesos, fruto de la experiencia y el conocimiento”

Usted es también director general de Aimme. ¿Cómo encaja el sector metalmecánico en un mundo donde la I+D está a la orden del día?

Perfectamente. Cuando hablamos del sector metalmecánico tal vez tenemos una idea difusa o confusa, pero si hablamos de la industria de automoción y su industria auxiliar, del sector aeronáutico y aeroespacial, bienes de equipo, energías renovables, etc. seguro que no tanto. En estos ‘hipersectores’ está el sector metalmecánico, al igual que prácticamente detrás o al lado de otros sectores productivos. La I+D no es un coto al que sólo puedan acceder privilegiados. Debemos comprender que hoy en día no sólo es una necesidad para cualquier empresa sino que está al alcance de muchas gracias a entidades como los centros tecnológicos. Me comprometo a que cualquier empresa que busque una solución, apoyo o asesoramiento encuentre una respuesta si se pone en contacto con la federación. Nuestro reto será que a través de nuestra respuesta encuentre la solución.

Pero a menudo se apunta a la falta de innovación como uno de los principales déficit de este sector. ¿Qué opina usted?

A mi me gustaría distinguir entre dos conceptos, por un lado lo que formalmente se define como innovación acorde con manuales al uso y que por tanto se formaliza en proyectos y en estadísticas y la innovación no formalizada o innovación ‘sumergida’.

Con respecto de la primera y sobre todo en sectores de los denominados ‘tradicionales’ es cierto que formalmente hay un déficit en innovación. Pero también hay mucha innovación no explícita, que emerge en mejoras de productos y procesos, fruto de la experiencia y el conocimiento residente en las organizaciones y que no tiene un reflejo en proyectos ni son fruto de una planificación estratégica.

“La relación de la federación con el entorno en el que se encuentra, más allá de la estricta acción de comunicación, es otro los aspectos prioritarios”

También se detecta cierta falta de cooperación entre empresas. ¿A cree que se deben las reticencias a trabajar juntos en proyectos concretos?

Esto, y sobre todo en el mundo de las pymes, y aún más en las más micropymes, es una realidad. Mi experiencia me da una opinión que está relacionada con la estructura empresarial. En general y salvo en algunas regiones de España, la tradición industrial es reciente, tenemos muy pocas empresas centenarias y gran parte son de origen familiar y caminan todavía como mucho por la segunda o tercera generación. Esto, junto a que hasta no hace mucho hemos vivido en un mercado muy local y, por lo tanto, compitiendo en un mercado muy próximo, ha condicionado mucho.

Sin embargo, sí existen muchos pequeños talleres y pymes a las que, realmente, les cuesta acceder a determinadas cotas de innovación. ¿Cómo se puede introducir la I+D de los centros tecnológicos a estas empresas?

En este sentido, cada centro tiene su estrategia pero en general yo diría que lo esencial es en primer lugar ganarse la confianza mutua y tal vez el mejor camino sea a través de servicios básicos, tal vez el asesoramiento, ensayos, la formación que pongan en valor la capacidad y la confianza.
Del conocimiento tanto de las necesidades de la empresa, como de las oportunidades del entorno surgen los proyectos.

En cualquier caso una buena práctica han sido los proyectos en cooperación.

Según su experiencia, ¿qué sectores metalmecánicos apuestan más por las nuevas tecnologías? ¿Cuáles trabajan más codo con codo con los centros tecnológicos?

Sin lugar a dudas aquellos que se encuentran en entornos de natural colaborativos y con sectores tractores. Automoción, aeronáutico, ferroviario, energías alternativas, son entornos en los que las empresas metalmecánicas necesariamente han tenido que apostar por la innovación y las nuevas tecnologías tanto específicas como transversales y que han encontrado en los centros tecnológicos un aliado natural.

Y estos centros ¿comparten sus experiencias? ¿No son endémicos?

No, ni lo han sido ni, desde luego en estos tiempos, lo son ahora. Tengamos en cuenta que la mayor parte nacieron como Asociaciones de Empresas independientemente de que algunos posteriormente se hayan transformado en Fundaciones (con su patronato por cierto) y otros nazcan ya bajo esa forma jurídica por razones estratégicas. Los centros tecnológicos no tienen sentido sin las empresas. En 2009 los centros tecnológicos trabajaron con 30.500 empresas cliente.

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Para Bresó, la (no) cultura de la cooperación tiene que ver con la estructura empresarial: “Salvo en algunas regiones de España, la tradición industrial es reciente. Tenemos muy pocas empresas centenarias”.

En resumen, ¿cómo se puede incentivar la colaboración universidad-empresa o Centro Tecnológico-empresa?

No es cosa fácil. Las empresas que ya innovan y mantienen relaciones con los centros tecnológicos o con la universidad no necesitan de inventivos adicionales para colaborar. Son empresas que conocen a los centros y a las universidades. Para que estas empresas sigan confiando en los centros y universidades será necesario que estén atentos a las posiciones competitivas de sus clientes y de los competidores de sus clientes, anticipen necesidades e inviertan en la generación y dominio de nuevas tecnologías o tecnologías emergentes que se conviertan en ventajas competitivas para sus clientes. Deben conocer el mercado, sobre todo desde un punto de vista tecnológico, mejor que sus propios clientes.

Colateralmente será importante que se conviertan, también, en generadores de iniciativas empresariales con objeto de aprovechar cualquier ocasión que nuevos mercados o nichos puedan ofrecerles para rentabilizar esas inversiones en conocimiento y tecnología. Finalmente deberán ser capaces de negociar correctamente el valor de lo que aportan a sus clientes ya que en ello irá en el futuro, más que en el pasado, una gran parte de su capacidad para invertir en nuevos proyectos y mantenerse competitivos. La necesidad será buena consejera para las empresas que aún no colaboran con universidades y centros tecnológicos. Seríamos hipócritas si dijéramos que hoy en día es imprescindible innovar para competir si las empresas que no han innovado en el pasado no estuvieran sufriendo más que cualquier otra (con las diferencias que corresponden a situaciones particulares de cada sector). Las empresas que trabajan con centros tecnológicos exportan más que aquellas que no lo hacen. Este sufrimiento será el mayor acicate para que finalmente dediquen esfuerzos a innovar.

Los centros, en cualquier caso, no son ajenos y hoy más que nunca están incrementando sus esfuerzos de comunicación y comerciales para hacer llegar el valor de su trabajo a empresas que hasta ahora han estado demasiado de espaldas a la innovación.

La federación, en colaboración con el Consejo Superior de Cámaras, está haciendo un esfuerzo considerable para hacer llegar las capacidades de los centros a diferentes rincones de la geografía nacional. El camino para estas nuevas empresas innovadoras no será fácil y llevará un tiempo cosechar los frutos de la innovación pero no hay alternativa. Debemos acostumbrarnos a lo difícil y elegir, de todas, a qué dificultades queremos dedicarles más tiempo.

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