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No me toquen las bocinas

Ibon Linacisoro15/05/2007
Entre los muchos indicadores comúnmente aceptados para tomar la temperatura al progreso social, al bienestar, el de la bocina es probablemente el que más aproxime la estimación a la cruda realidad. Uno viaja por la Europa del bienestar y percibe silencios, tranquilidad, hay ciudades con zonas donde el automóvil no es el rey. Sí, sí, existen esas ciudades. Son las que encabezan el ranking del buen vivir, las que permiten pasear por las calles con niños sin peligro de morir en el intento, sin miedo al infarto causado por bocinazo. También existen las ciudades de las bocinas, en las que nadie duda en utilizarlas para saludar, para despedirse, para que jueguen los niños, como sustituta de un insulto para el caníbal que se ha saltado un stop, o para el que no nos ha cedido el paso teniendo nosotros un stop... En fin, la bocina nos abre un mundo de posibilidades en la comunicación no verbal.

En Alemania, que siempre nos ha servido de ejemplo para todo hasta el punto de que todavía hoy el “made in Germany” es símbolo de calidad, las bocinas estaban ya mal vistas, pero lo están mucho más desde que algún espabilado que veranea en España se ha querido inventar la siesta “made in Germany”. Políticos alemanes hicieron hace un par de meses una propuesta revolucionaria: que la costumbre de la siesta se legalice en ese país, al igual que el horario de verano. Desconoce el que suscribe si semejante idea continúa discutiéndose o si ha sido descartada, pero de ser aprobada, nuestro país de bocinas quedaría en ridículo. Pioneros en esto de la siesta, exportadores del concepto en sí, y sin embargo sin haber regularizado esa cabezadita de después de las alubias. Siempre nos pilla el toro, no despertamos ni con bocinas. Se nos han anticipado y seguro que ahora las normas las ponen otros, estandarizan las medidas de la cama en la que dormitar, la calidad de las sábanas, la dureza del colchón y de la almohada. Y nosotros, que sabemos que la siesta cae en el sofá con las noticias, el Tour o la Vuelta a España en la tele, tendremos que aceptar la siesta en cama de 90x1,90, de 14:30 a 15:00. Sin bocinazos. Las bocinas estarán permitidas de 15:00 a 15:15, en el trayecto al trabajo. Fuera de ese horario, Señores, no me toquen las bocinas, que la norma está para algo y si en los países del bienestar regulan bocinas y siestas, por algo será.

Bien pensado, no obstante, tal vez sea mejor seguir proyectando esa imagen de siesta, bocinas y tintos de verano, de tal forma que, mientras algunos quieran transponer esa forma de vida a sus propias carnes, nosotros sigamos con un crecimiento del PIB por encima de todos los “envidiados”.

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