Marcas, identidad, comunicación, formación: Gestión integral de la comunicación y el conocimiento
Entrevista a Luis Beltrán, FADISEL

Luis Beltrán:

Marta Torres01/02/2003

Nuestra idea es popularizar los avances de la electrónica y hacerlos asequibles

Esta historia empezó en un garaje. Bien, no en un garaje propiamente dicho aunque sí en lo que podría ser el equivalente español de los pequeños talleres que vieron nacer a tantas compañías americanas. Lo que ahora es Fadisel nació en 1979 de un proyecto de Esteban Carreté, que por entonces era un joven estudiante de ingeniería electrónica y Luis Beltrán, que cursaba Económicas. “El plan fue de mi socio, Esteban Carreté. —explica Beltrán—Quisimos hacer algo similar a los kits electrónicos, muy populares en esa época, aunque no eran exactamente kits”. Lo que Carreté y Beltrán habían proyectado era una placa montada, un módulo o un kit montado “el nombre no estaba muy claro porque era algo nuevo y no había etimología propia”, explica Beltrán. Era por tanto un producto difícil de explicar. “Esto no se vende”, les dijeron, lo que era absolutamente cierto ya que el producto no existía en el mercado. El resto fue un suma y sigue: Carreté Esteban y Beltrán Kits, el primer nombre la empresa, se convirtió en la marca CEBEK, y el proyecto de dos estudiantes, en una empresa exportadora que factura 2,60 millones de euros anuales.
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¿A qué mercado os dirigíais?

Estábamos a principio de los años ochenta y lo que más se vendía era todo lo relacionado con el audio, sobre todo amplificadores. Comprarse la platina, el tocadiscos y el amplificador era muy caro debido a los aranceles y la gente optaba por comprárselo por piezas (kits).

Pero el negocio se acabó cuando bajaron los aranceles. Así que buscamos algo que no estuviera tan centrado en el audio y empezamos con cuatro temporizadores y cuatro fuentes de alimentación. Fue un acierto, el audio se estabilizó a la baja y sólo podíamos suministrar recambios, mientras que los temporizadores tenían un mercado más amplio y más industrial. Esto sucedió en 1982 y coincidió con la época en que acabamos los estudios y empezamos a tomarnos más en serio la empresa.

¿Cómo aguantasteis los primeros tiempos?

No teníamos mucho dinero, aunque nunca pedimos ayuda a nuestros padres (recordad que éramos estudiantes) y en los bancos no queríamos pedir avales. Así que no ganamos nada de la empresa y lo reinvertimos todo. Nuestra idea era pagarlo todo, cumplir con todo el mundo y hacernos un buen nombre.

Precisamente el nombre siempre ha sido muy importante para vosotros.

Siempre hemos mantenido la marca (CEBEK), a pesar de los cambios de nombre que ha tenido la empresa.

Comentabas que decidisteis empezar con los productos industriales...

Temporizadores, detectores y fuentes... Decidimos centrarnos en el recambio y en el pequeño fabricante, en las aplicaciones y todo esto lo distribuíamos en tiendas de componentes electrónicos. Por otra parte, empezamos a exportar algunos productos a partir de 1987 —creamos un departamento de exportación en 1989—, y conseguimos un distribuidor en Francia y Portugal. Justo en esta época nos trasladamos a las oficinas que ocupamos en la actualidad y nos cambiamos el nombre por el de Fadisel.

En el mercado de la electrónica también hubo cambios: terminaban los ochenta, terminaban los kits y se imponían los módulos. Esto nos facilitó abrir otros mercados y abarcar otros sectores. Empezamos a hacer fuentes de más potencia, investigar la domótica y dar un poco más de valor añadido a lo que era el diseño y la investigación, que es lo que siempre nos ha gustado.

Siempre nos hemos considerado una ingeniería con un cariz comercial, con un ritmo de unos 30 ó 40 productos nuevos cada año.

Exportaciones

¿Cuando empezasteis a exportar tuvisteis problemas para cumplid con los requisitos de calidad?

Al principio se vendía por precios. Vender electrónica en Europa era complicado y una empresa española solo podía hacerlo si competía en los precios. Tampoco hubieran entendido lo contrario porque un alemán o un francés tenía la idea de que nosotros no podíamos innovar más que ellos. Por suerte, todo esto ha ido cambiando.

En 1996 nos pusimos en contacto con empresas suecas y noruegas con unos estándares de calidad que nos obligaron a cambiar algunos productos y como no tenía sentido adoptar estas normas sólo para sus mercados, las generalizamos a todos nuestros productos. Lo mismo nos pasó con un distribuidor de Inglaterra.

¿y el mercado estadounidense?

Hemos redescubierto el audio. En Estados Unidos trabajamos con grandes distribuidores de ventas por catálogo. Hay una gran afición al audio y los productos industriales funcionan muy bien. Pero nos ha sorprendido que la gente monte sistemas de audio en su casa... cosas que aquí se hacían en los ochenta todavía se hacen en Estados Unidos.
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Subcontratación

¿Cómo habéis organizado la producción?

Lo tenemos todo subcontratado desde siempre. A principios de los ochenta en Barcelona había fabricantes de televisiones y aparatos de radio. Eran grandes fabricantes con miles de trabajadores, como Grundig o Vanguard. Cuando cerraron, se quedaron muchos profesionales sin trabajo y éstos crearon talleres y cooperativas de montaje muy buenos y a precios de cooperativa.

¿De forma que vosotros sólo asumíais el diseño y encargabais la producción?

Nos encargamos de la ingeniería de diseño y de las compras, subcontratamos el montaje y lo verificamos todo. Además, hacemos una verificación unitaria, no por tanteo, de forma que desde el año 1995 estamos en disposición de ofrecer tres años de garantía sin letra pequeña.

Antes hablabas de que desarrolláis entre 30 y 40 productos al año, ¿de qué producto os sentís más orgullosos?

Es difícil de decir ya que puedes sentirte orgulloso de un producto que en sólo tres años ya esté anticuado. Sin embargo, entre 1996 y 1997 creamos un telemando una central domótica con seis canales y capacidad para interactuar con otros seis. Le llamamos Mayordomo y se activaba con la voz.

La casa Simon sacó este tipo de producto en el año 2001.

¿Qué productos estáis desarrollando ahora?

Destacaría los lectores de tarjeta con chip (tarjetas con memoria). Tienen bastantes aplicaciones. Se trata de una tarjeta donde puedes cargar dinero, unidades o tiempo, y emplearlas para el control de acceso, por ejemplo.

Nuestra idea es popularizar los avances de la electrónica y hacerlos asequibles para todo el mundo. Un ejemplo de esto es el reconocimiento de voz. Hay muchas empresas que lo comercializan, pero nuestra prioridad es ajustarnos a necesidades concretas, que el producto funcione y sea asequible.

¿En qué novedades trabajáis en el mercado más industrial?

A nivel industrial nos hemos centrado en tres grandes áreas: los temporizadores, los telemandos industriales y las fuentes de alimentación. En este último apartado hemos integrado el transformador en la misma placa, de forma que todo es una sola pieza. En telemandos ofrecemos de 8 y 16 canales.

En este sentido, cada vez se activa más la tecnología sin cables.

Una aplicación curiosa que hemos desarrollado últimamente es un localizador de automóviles para un concesionario.

Decidisteis crear la empresa justo un año después de la crisis del petroleo, ¿no os asustan las recesiones?

Normalmente en épocas de crisis nuestro producto tiene mejor aceptación que en épocas de bonanza económica, ya que cuando las cosas van muy bien, se opta por marcas más caras. Sólo nos escogen si necesitan ajustarse a los presupuestos. No obstante, una vez superada la crisis muchos siguen con nosotros.

La fotocélula es un buen ejemplo de esto. Para controlar el acceso a un área para un control de seguridad sólo se necesita un aparato sencillo que detecte el paso. Hay fotocélulas que además detectan colores y formas pero estas habilidades no son en absoluto necesarias para esta aplicación concreta.

¿Tenéis planes de futuro?

Nosotros pertenecemos a SECART, la asociación de exportadores de electrónica, que está ahora iniciando contactos con Túnez y México. Precisamente ya trabajamos con México en el año 1992, pero el Efecto Tequila dobló los precios y afectó bastante a nuestro distribuidor.

En Sudamérica hemos trabajado con Venezuela, Colombia y otros países, pero se han ido perdiendo clientes por problemas políticos y económicos, por tanto, nos hemos centrado en países occidentales.

Un nombre bien escogido

¿Cómo os aceptó tan bien el mercado nacional?

Siempre ha existido una especie de doble juego con el nombre de Cebek. Por desgracia, en electrónica siempre se han preferido los productos de fuera. Cebek era un nombre difícil de ubicar geográficamente. Hay quien pensaba que era inglés, americano o francés. Decían, “estos franceses de Cebek están muy introducidos en España”, o “Los americanos cuando trabajan, lo hacen bien”.

En las cajas pone Made in Spain y Barcelona, pero la gente mira lo que quiere ver y pensaban que era el envasador.

¿No habéis pensado en sacar una segunda marca de prestigio?

Lo hemos analizado pero a medida que hemos fabricado equipos más innovadores, más caros y de mayor valor añadido el mercado ha reconocido el producto.

¿Os han tentado las compañías grandes? ¿Os han hecho ofertas de compra?

Por ahora no y tampoco nos lo hemos planteado nunca. Nos divierte demasiado nuestro trabajo

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