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Todas las maderas poseen una durabilidad natural pero ésta no siempre es suficiente y se requiere el uso de productos químicos que mejorar su resistencia

Los protectores de la madera

José Miguel Solís, secretario general de Aneproma17/04/2012

13 de abril de 2012

La madera es un material de origen vegetal que ha sido ampliamente empleada por el hombre desde los albores de la historia del hombre. Con este material se ha construido sus viviendas, ha fabricado utensilios, herramientas, maquinaria, mobiliario, embarcaciones, edificaciones, etc. La composición de la madera compuesta en su mayoría por celulosa, hemicelulosa y lignina, la hace poseedora de unas propiedades específicas.

La madera es un material compuesto por cientos de miles de células y todas ellas con un gran contenido en azúcares, siendo susceptibles de ser degradadas por organismos que parasitan la madera para alimentarse de estos azúcares, es decir, tienen un origen vivo y comen madera, denominados agentes degradadores bióticos, o su incidencia sobre la madera la degrada pero no es digerida, es decir, aquellos que no tienen un origen vivo, denominados abióticos, como lo son la humedad, la radiación solar, el fuego, etc. También es capaz de intercambiar agua con el medio que le rodea, denominado higroscopicidad, dando lugar a las variaciones dimensionales, de otra parte, su comportamiento físico-mecánico como consecuencia de la unión de las microfibrillas de celulosa con la lignina y, la propiedades más relevante y que constituye todos los mitos de la madera la conservación, puesto esta composición de azúcares es la que permite que proliferen organismos xilófagos (hongos e insectos).

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La madera es un material compuesto por cientos de miles de células y todas ellas con un gran contenido en azúcares.

¿Cómo protegerla?

Todas las maderas poseen una durabilidad natural, que es la resistencia intrínseca que posee una madera frente a un ataque de un agente de origen biótico o abiótico. Esta durabilidad natural que está definida en la norma UNE EN 350, no siempre es suficiente y en aquellos casos que la ubicación del elemento de madera permita que exista una elevada agresión frente a agentes degradadores debe ampliarse esta durabilidad natural, mediante el uso de protectores químicos que permiten resistir los ataques. La filosofía de la protección química se basa, en términos generales y dependiendo del agente destructor, en conseguir que los productos protectores penetren lo más profunda y uniformemente posible en el interior de la madera.

En función de la ubicación del elemento de madera, se realiza una clasificación que determina el riesgo biológico en función de la humedad que posee la madera en esa ubicación, se denomina clase de uso UNE EN 335. Por lo tanto, no será igual la probabilidad de ser degradada y los agentes que puedan afectar a una madera en una clase de uso 1 (interior y humedad en la madera por debajo del 20%) que en una clase de uso 4 (madera en contacto con el suelo y/o agua dulce) esto pone de manifiesto que el tratamiento protector deberá ser más exigente no sólo en materias activas sino en penetración y en dispersión en el interior de la madera, por este motivo, en función de la clase de uso se ligará una recomendación de penetración del protector como se indica en la norma UNE EN 351.

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En función de la ubicación del elemento de madera, se realiza una clasificación que determina el riesgo biológico en función de la humedad que posee la madera.

Las posibilidades existentes en la protección de la madera son principalmente:

a) Protectores hidrosolubles

Son mezclas de sales minerales utilizadas en solución acuosa a una concentración determinada. Esta concentración varía en función del grado de protección deseado, del método de tratamiento y de la especie de madera a proteger.

Están constituidos esencialmente por tres elementos:

  • los principios activos, constituidos por sales;
  • los coadyuvantes, son sales de propiedades fijadoras, cuyo papel es asegurar una fijación de los anteriores en el interior de la madera, impidiendo su eliminación por deslavado o por la acción del calor;
  • el disolvente, es el agua.

El uso de este protector se realiza mediante el tratamiento en Autoclave.

b) Protectores orgánicos naturales

Son productos que se obtienen de la destilación del alquitrán de hulla (creosotas), o de la pirolisis del petróleo. Son aceites de composición química compleja.

La madera tratada con estos protectores adquiere una coloración oscura que se aclara con el tiempo; tiene un secado muy lento por lo que no admite un acabado inmediato posterior; desprende olor durante tiempo, no es corrosiva para los metales, no permite cambios dimensionales.

Las creosotas están permitidas pero restringidas para su uso en traviesas de ferrocarril, postes de transmisión energética o de telecomunicaciones, vallados agrícolas y zonas portuarias y navegables.

El uso de este protector se realiza mediante el tratamiento en Autoclave.

c) Protectores hidrodispersables

Son mezclas de principios activos no hidrosolubles a los que se añade un emulgente para producir una buena dispersión en agua. Comercialmente se conocen como “emulsiones”.

Son de un tipo intermedio entre los protectores hidrosolubles y los protectores en disolvente orgánico, teniendo en común con los primeros el vehículo para ser introducidos en la madera, y con los segundos los principios activos.

La madera tratada con protectores hidrodispersables, por regla general no cambia de color, admite un acabado posterior, es compatible con las colas, no es corrosiva para los metales ni para los plásticos, no ve aumentada su inflamabilidad y no mancha los materiales con los que está en contacto.

El uso de este protector se realiza mediante el tratamiento de Inmersión o pulverización.

d) Protectores orgánicos

Son formulaciones más o menos complejas, en las que existen siempre:

  • materias activas, generalmente productos de síntesis,
  • un solvente, que constituye el vehículo de las anteriores y suele ser una fracción de destilación del petróleo,
  • coadyuvantes, entre los que se pueden mencionar porque tratan de asegurar la estabilidad del producto y la fijación de las materias activas en la madera tratada.

Las materias activas que entran en la formulación de este tipo de protectores suelen encontrarse entre las más eficaces y estables que ofrece la química moderna, presentando algunas de ellas buenas cualidades fungicidas y otras una acción específica contra los insectos. Los solventes se seleccionan en función de su buena afinidad para la madera, (deben penetrar rápida y profundamente en ella), de su capacidad de solubilizar los principios activos que tienen que introducir en el tejido leñoso y de su facultad de volatilizarse con la suficiente rapidez, para dejar lo antes posible las piezas tratadas en condiciones de empleo, y al mismo tiempo, con la suficiente lentitud, para no arrastrar hacia el exterior las materias activas que previamente han introducido en profundidad.

El uso de este protector se realiza mediante el tratamiento de pulverización, pincelado o autoclave en función de la clase de uso. Así para exposiciones de interior podrá ser aplicado por pulverización o pincelado pero para exposiciones de exterior únicamente mediante autoclave.

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La filosofía de la protección química, en términos generales y según el agente destructor, se basa en lograr que los productos protectores penetren lo más profunda y uniformemente posible en el interior de la madera.
Dentro de los orgánicos existen los denominados lasures son protectores que se utilizan como productos de acabado. Por lo general contienen pigmentos (óxidos de hierro) para proteger a la madera frente a la fotodegradación y aportarle una pigmentación decorativa. También pueden contener retenedores de UV y captadores de radicales libres (Compuestos HALS) para mejorar la duración al exterior. También, suelen contener biocidas para proteger a la madera contra la acción de insectos y hongos. A este tipo de productos protectores, se les conoce también como protectores a poro abierto por no formar capa sobre la madera. Se aplican tras la imprimación de fondo a la madera colocada en obra no dejando olores residuales una vez evaporado el disolvente.

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