
¿Sabían ustedes que existe una Dirección General de Política de la Pyme, adscrita al Ministerio de Industria, Turismo y Comercio? ¿Sabían que si en su página web consultan las ayudas y subvenciones para pymes se encontrarán con 5.616 entradas entre subvenciones, premios, ayudas, programas de fomento, medidas de impulso, líneas de financiación, avales y demás, todas con su correspondiente dotación presupuestaria?
¿Sabe alguien cuánto dinero se destina en total a este tipo de ayudas, contando lo que aportan los distintos ministerios, las comunidades autónomas, las diputaciones, los ayuntamientos y demás entidades públicas?
Yo no lo sé, ni creo que lo sepa nadie. Pero puedo imaginar que el montante total debe ser absolutamente descomunal. E intuyo también que, puesto que son concedidas por administraciones distintas y, naturalmente, descoordinadas, no existe la más mínima racionalidad en su planificación y reparto, ni obedecen a un criterio común.
¿Ha evaluado alguien los efectos reales de este mastodóntico gasto? ¿Existe algún estudio que aporte datos sobre su eficiencia, sobre su ratio coste-beneficio? ¿Es posible calcular el ingente sobrecoste que debe suponer la burocracia ligada a la gestión y control de estas ayudas? ¿Hay alguien que sepa cuál es el porcentaje de empresas que se benefician de ellas y cuántas no han accedido nunca a ninguna?
Me temo que no. Pero tengo la sensación de que todo esto es un colosal desbarajuste con efectos meramente propagandísticos, un semillero de prácticas clientelares del cual se benefician unos pocos que suelen ser siempre los mismos.
Y puesto que la gran mayoría de empresas tiene mejores cosas de que ocuparse que andar buceando en la documentación oficial indagando si hay alguna ayuda de la que puedan beneficiarse, han ido surgiendo consultorías especializadas en la obtención de subvenciones. Esas que vienen y te dicen: dime lo que haces y te diré qué subvenciones te tocan. Y siempre toca alguna. Hagas lo que hagas. Y digo yo, ¿tiene todo esto algún sentido?
Propongo que se eliminen las subvenciones. Todas. Y que el montante total de las mismas más el ahorro generado por la desaparición de los costes de gestión se invierta íntegramente en medidas destinadas a impulsar la demanda. O que se aplique a rebajar las cuotas de la seguridad social. O a mejorar las infraestructuras. O incluso a paliar el abultado y creciente déficit público. Cualquier cosa será mejor, más útil, más transparente que esta maraña de pequeñeces de la que quedan excluidas la inmensa mayoría de empresas pequeñas y medianas.
O si no, que se reparta entre las empresas a escote. A tanto por cabeza. Igual sale a diez mil euros por empleado, o a cien mil, vaya usted a saber.
| #12 | javier | 20/12/2009 23:37:49 |
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| Si la agricultura no estuviese subencionada media europa pasaria hambre | ||
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