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El Montgó alberga más de 50 especies de flora endémica, el 32% del total de toda la Comunitat Valenciana

31/08/2011

31 de agosto de 2011

La diversidad y la singularidad son las dos características que mejor definen la flora del Montgó. El catálogo florístico supera las 600 especies distintas, aunque las de mayor interés botánico son los 52 endemismos ibéricos que crecen en el Parque Natural, de los que 19 son exclusivos de la ComunItat Valenciana.

Según ha asegurado el director general de Medio Natural, Alfredo González, “si hacemos una comparación de los endemismos exclusivos de nuestro territorio, el 32 % crecen en las 2.200 hectáreas del parque natural del Montgó, con lo que su importancia para la biodiversidad es altísimo”. “Si ampliamos el análisis a las plantas raras e interesantes no endémicas, podemos ver que la flora catalogada como de interés asciende a 88 especies, es decir un 13,5 % del total del catálogo estimado”, ha añadido. De ahí que la flora sea una de las mayores riquezas de este espacio y uno de los principales motivos que justificaron su declaración como Parque Natural hace más de 20 años.

“Por ese motivo, gran parte de los esfuerzos del personal del Parque van dirigidos al conocimiento y manejo de la biodiversidad de este espacio natural”, ha señalado Alfredo González. “Además –ha continuado–, los acantilados y paredones verticales del Montgó son hábitats prioritarios donde crecen una serie de especies de flora que han merecido la atención europea, nacional y regional, por su singularidad y exclusividad”. Estos hábitats han mantenido un adecuado estado de conservación a lo largo de los años, básicamente debido a su inaccesibilidad y a los esfuerzos realizados en materia normativa y de gestión.
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El Montgó se caracteriza por la riqueza de su flora que engloba hasta 600 especies distintas.
En el Parque Natural del Montgó existen distintos hábitats para la flora. En las cumbres, desde donde se contempla un imponente paisaje, crecen el coscojar y el cantauesar. El coscojar está formado por distintos arbustos como la coscoja, el lentisco y el aladierno, y se pueden encontrar también el romeral, el brezo y la aliaga.

En los acantilados del Cabo de San Antonio se desarrollan comunidades formadas por plantas adaptadas a vivir en las grietas y los rellanos de la pared rocosa. Estas especies son capaces de soportar el efecto de la sal de la salpicadura del agua de mar. En la zona más próxima al medio marino, donde la influencia de la sal es más intensa, se desarrolla el hinojo marino y la siempreviva.

Conforme nos alejamos del mar y el grado de salinidad disminuye, aparece la violeta roquera valenciana y la escabiosa rupestre cuando la inclinación es muy acentuada. En las zonas con menor pendiente crecen interesantes endemismos propios de Dénia y su comarca, como la propia violeta roquera valenciana, y otras como el Carduncellus dianius y la Centaurea rouyi.

En Les Planes y en las laderas también crecen el coscojar y el cantauesar, pero entremezclados con repoblaciones de pino carrasco y cultivos de secano. Los acantilados de la umbría presentan unas condiciones de humedad elevada, el aislamiento y la inaccesibilidad permiten el crecimiento de numerosos endemismos como la violeta roquera.

Según ha explicado González, “los programas de refuerzos de poblaciones que se están llevando a cabo en el parque natural, inciden sobre todas estas especies endémicas, haciendo un especial hincapié en La Silene de Ifach, una planta que habita en los acantilados litorales del norte de la provincia de Alicante y del norte de Ibiza y que se encuentra en la actualidad amenazada de extinción”.

El director general de Medio Natural de la Generalitat Valenciana ha asegurado que a finales de este año se iniciará una intensa campaña de repoblaciones de esta especie, tanto en el Montgó, como en otros puntos de la comarca considerados área de distribución original de la especie.