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Los arbustos y árboles se ven perjudicados al ser transplantados a las grandes urbes

Árboles en la ciudad que si pudieran andar acabarían yéndose

Alejandra Pintos, directora de Producto de Projar 02/02/2011

02 de febrero de 2011

Los traemos de la naturaleza o de un entorno más adecuado para ellos para satisfacer nuestras propias necesidades: que nos den sombra los días más calurosos de verano, cobijo cuando llueve, nos hacen sentir como si tuviéramos más cerca los entornos naturales, dan color a la ciudad con sus flores y frutos, eliminan contaminantes de la atmósfera…y lo que reciben de nosotros muchas veces es un maltrato, intencionado o no, que puede incluso acabar con ellos.

Para empezar, todo trasplante supone un trauma tremendo para la planta, que viene de vivir en unas condiciones óptimas para su desarrollo y en el trasplante pierde raíces y recibe una poda, a veces, fuerte. El cambio a su nueva ubicación también le afecta: una situación diferente de sol-sombra, tipo se suelo, vientos dominantes, distinta temperatura.

Tristemente, el vandalismo en las ciudades está a la orden del día, y además de afectar al mobiliario urbano, arbustos y árboles también se ven perjudicados. Podemos encontrar árboles heridos en los troncos por coches mal aparcados, árboles heridos o quebrados por vehículos accidentados, troncos en los que se escribe con objetos punzantes provocando heridas, árboles arrancados de cuajo…. parece que no se sabe que el sobrecoste de reponer todo esto sale del bolsillo de todos, incluido el de los causantes de dichas agresiones... A esto hay que sumarle árboles plantados en condiciones adversas, fruto de presupuestos ajustados, de ser los últimos en llegar al “tajo” con los inconvenientes que ello conlleva o incluso, a veces, falta de profesionalidad de quien realiza la plantación.

Las condiciones adversas….

El poco espacio que habitualmente tienen en las ciudades los árboles para su desarrollo limita el desarrollo radicular, con lo que se merma la capacidad de las raíces para el anclaje al suelo. Si además de esto tenemos en cuenta que normalmente el terreno donde se plantan contiene tierra de dudosa calidad como sustrato vegetal, la consecuencia es que la otra función radicular de aporte de alimento para la planta también se ve afectada.

En ocasiones encontramos que la ubicación de los árboles no es la más correcta, como árboles poco tolerantes a la salinidad plantados en un frente marítimo en el que se puede apreciar como las hojas y el crecimiento de las ramas huyen de la parte más expuesta al salitre.

Otras veces se plantan árboles tan pegados a la señalización vertical o a luminarias, que es más que previsible que en pocos años se vea sacrificado el ejemplar vegetal en cuestión.

Hay una serie de técnicas que pueden favorecer el mejor desarrollo del árbol en su nueva ubicación, como rellenar el hoyo de plantación con sustrato de buena calidad, rodear el alcorque con 'geotextil antiraíces' para evitar el levantamiento de pavimentos y favorecer el desarrollo radicular en profundidad, aportar fertilizantes de liberación controlada para asegurar una correcta fertilización en una fase tan crucial como la implantación, anclar o 'entutorar' el árbol para evitar que crezca torcido... En definitiva, una serie de labores culturales que pueden ayudar considerablemente la viabilidad futura del árbol implantado.

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En muchas ocasiones los árboles no están ni en el lugar ni en las condiciones adecuadas.
Encontramos que la ubicación de los árboles no es la más correcta: como árboles poco tolerantes a la salinidad plantados en un frente marítimo, en el que se puede apreciar como las hojas y las ramas huyen de la parte más expuesta al salitre

En ocasiones observamos un crecimiento de las raíces por encima del pavimento, esto ocurre como consecuencia de condiciones estresantes como falta de terreno donde desarrollarse, tierra de baja calidad, suelos extremadamente compactos donde no se infiltra agua y queda en superficie, etc. Las raíces en estos casos se desarrollan hacia la búsqueda de alimento y aire, con lo que se compromete el desarrollo en profundidad lo que influye en un anclaje deficiente al terreno y también en la creación de obstáculos en superficie para el tránsito peatonal.

Uno de los aspectos fundamentales en la calidad de vida y desarrollo del árbol es el 'anclaje/entutorado' del árbol. El 'entutorado' es muy importante durante los primeros años de la implantación, pues hay que tener en cuenta que en el trasplante se limita la función de anclaje de las raíces y son los tutores o anclajes los que ejercen esta función hasta que las propias raíces son capaces de hacerlo de nuevo. En caso de no disponer de éstos, el árbol tiene muchas probabilidades de crecer torcido y/o venirse abajo en épocas de fuertes vientos…y en algunos casos hay que lamentar daños materiales, incluso a veces, personales.

Hay una práctica extendida en varias ciudades que es la de apuntalar los troncos de los árboles con estacas, como si se tratara de una fachada que se va a vencer. La probabilidad de dañar la superficie del tronco es elevada, con lo que se vuelve sensible a la infección de patógenos. La utilización de esta práctica está ampliamente extendida bajo la consideración de que es una técnica económica en la que únicamente se emplean trozos de estacas de madera y yeso. Pero si realmente se cuantificara la mano de obra empleada en esta común técnica, cortar las estacas a la medida adecuada, preparación del yeso, el coste del número de estacas empleadas y la mano de obra utilizada en el apuntalamiento, y se comparara con algunas de las técnicas más innovadoras para el anclaje de árboles, saldría, a buen seguro, mucho menos rentable la técnica del apuntalamiento. Además, este tipo de anclajes innovadores están diseñados para soportar más de 120 km/h de vientos, lo cual no se puede asegurar con los apuntalamientos.

Hay una práctica extendida en ciudades que es la de apuntalar los troncos de los árboles con estacas, como si se tratara de una fachada que se va a vencer
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Una de las últimas modas es apuntalar los árboles con estacas, con una probabilidad elevada de dañar el tronco.

La técnica más innovadora para el 'anclaje-entutorado' de un árbol es el empleo de kits subterráneos formados por varios anclajes que se introducen en el suelo y cables y cinchas que se instalan sobre el cepellón, o también anclajes aéreos para palmeras o árboles para zonas no transitables. A todo esto hay que añadir que los apuntalamientos resultan antiestéticos, y normalmente perduran años y años en el sitio sin ser retirados, y en las ocasiones en que se retiran los apuntalamientos el tronco queda totalmente cubierto de yeso. Por el contrario, los anclajes subterráneos no se aprecian en superficie, respetando así la calidad estética del entorno, la naturalidad y, sobre todo, ofreciendo al árbol un anclaje eficiente mucho más respetuoso con su vida.

Otro inconveniente de la técnica de apuntalamiento es que la madera que se emplea a la intemperie debe tener un tratamiento en autoclave con sales para evitar podredumbres y asegurar así su permanencia durante varios años a la intemperie, evitando ser foco de parásitos xilófagos y otros patógenos. Si las estacas se cortan para el apuntalamiento, la superficie de corte queda desprotegida del tratamiento y, por tanto, más vulnerable a estos ataques, con lo que el propio árbol al que están apuntaladas queda más expuesto a ataques.

Trasplantar un árbol de un vivero donde fue cultivado en condiciones óptimas, con tierra de buena calidad, fertilizantes, agua suficiente... y cambiarlo a la ciudad con espacio limitado y con sustrato de baja calidad, supone un alto estrés para las plantas
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La técnica más innovadora para el 'anclaje-entutorado' es el empleo de kits subterráneos formados por varios anclajes que se introducen en el suelo y cables y cinchas que se instalan sobre el cepellón.

Otra forma de 'entutorar' los ejemplares es mediante el uso de estacas de madera de pino acabadas en punta y con tratamiento de autoclave tipo III o IV. Con este tratamiento se evitan podredumbres y se asegura la permanencia de la funcionalidad de la estaca, como mínimo los 3-4 primeros años desde su instalación. Si no tuviera el tratamiento, la base de la estaca en contacto con el suelo se pudriría y, el inconveniente no es que la estaca se parta y se caiga, el inconveniente es que el ejemplar plantado puede caerse también con lo que acaba muriéndose. En este caso se pierden el árbol, la estaca y la mano de obra empleada y, además, hay que reponer la planta y plantar, con lo que parece que merece la pena emplear una estaca de mejor calidad para evitar todos estos inconvenientes.

Las estacas se unen al árbol con bandas de yute o cinturones de PVC para poder asegurar su correcta fijación. En ocasiones se pueden apreciar entutorados con cordeles o alambres que, por un lado, no hacen la función de mantener rígida la unión entre estaca y tronco y, por otro lado, dañan la superficie del tronco. Últimamente se está empleando en algunas ciudades el uso de las ‘porterías’, en ellas se emplean 2 estacas, una a cada lado del árbol, y quedan unidas entre sí con una estaca instalada de forma transversal, esta estaca transversal se une al árbol mediante un cinturón de PVC.

En conclusión, trasplantar un árbol que normalmente procede de un vivero donde ha sido cultivado en unas condiciones óptimas para su desarrollo, con tierra de buena calidad, aporte de fertilizantes, agua suficiente y cambiarlo a un lugar en la ciudad con espacio limitado y con sustrato de baja calidad, supone un alto estrés para las plantas. Tratemos de, en la medida de lo posible, hacerles este cambio de vida lo más llevadero posible o en caso contrario, si los árboles pudieran andar, acabarían yéndose….

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Otra forma es 'entutorar' los ejemplares mediante el uso de estacas de madera de pino acabadas en punta y con tratamiento de autoclave tipo III o IV.

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