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El parque se abrió al público el 19 de mayo de 1971, aunque se reformó totalmente en 1994

El Laberint d’Horta: un espacio para gozar con los cinco sentidos

David Pozo02/06/2010
Belleza, historia e incluso misterio. Son tres de las muchas palabras que podrían describir el Parque Laberint d’Horta de Barcelona, un auténtico museo al aire libre en que el visitante puede disfrutar de la naturaleza a la vez que se encuentra con elementos artísticos extraordinarios. Lejos del mundanal ruido del centro de la ciudad, encontramos un espacio amplio de nueve hectáreas, donde jardines, bosques y agua se funden para crear un ambiente inigualable. Ha sido escenario de múltiples películas, como 'El Perfume', de series televisivas o anuncios, pero la mejor forma de descubrirlo es perdiéndose entre sus múltiples caminos.
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Fue en 1994, más de 20 años después que fuese abierto al público, cuando el Laberint d’Horta comenzó a respirar. Hoy en día, son múltiples las visitas guiadas que se pueden realizar por su interior, además de ser la sede de una de las escuelas de jardinería más importantes de la ciudad de Barcelona. Eso sí, todo ello controlado, y es que como nos recuerda la directora del Centro de Formación del Laberint d’Horta, Maria Alba Fransí, “el aforo del parque está limitado a 750 personas con tal de conservarlo y preservarlo”.

La visita al Laberint d’Horta comienza alrededor de la casa, construida en 1850 y remodelada siguiendo un estilo neoárabe. En uno de los lados encontramos la puerta china, que en un principio daba paso al jardín oriental, hoy ya desaparecido. El camino lleva hasta la plaza de los leones o de las ocho columnas, punto de partida de los cinco caminos radiales que atraviesan el parque. Las estatuas de los leones fueron colocadas con motivo de una visita de los reyes Fernando VII y Maria Luisa.

Por la puerta de los leones se entra al ‘Jardí dels boixos’. El jardín se perlonga en una plantación de camelias, y en su exterior hay una muestra de arte topiario con una composición de mesas y sillas.

El primero de los recorridos alternativos atraviesa una pérgola de rosales con un lavadero. Se llega entonces a una zona sombría con un busto de Homero y una gruta artificial con la figura del Minotauro.

Por otro lado, el itinerario central lleva directamente al laberinto, que guarda en su interior una estatua de Eros. Antes de salir del propio laberinto nos encontramos con la gruta de Eco y Narciso. Allí nacen dos escalinatas que dan a la terraza principal, coronada por templetes clásicos. Desde aquí podemos ver todo el parque con la ciudad de fondo.

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El 'Jardí dels boixos' es uno de los elementos más bellos del parque.

El laberinto, la parte más preciada

El laberinto es sin ninguna duda la parte más buscada por todos aquellos que visitan el parque barcelonés. Todo el mundo quiere perderse en su interior, pero también todos tienen como reto salir. Por ello en la entrada figura la siguiente inscripción: “Entra: saldrás sin rodeo. El laberinto es sencillo. No es menester el ovillo que dio Ariadna a Teseo”.

Según explica la mitología, un total de siete doncellas y siete jóvenes eran entregados como tributo de derrota al rey de Creta. El rey los recluía en el palacio de Cnossos, un suntuoso edificio construido por Dédalo con intrincadas galerías, estanques, patios y callejones, con tal de satisfacer el hambre de una criatura monstruosa, el Minotauro, mitad hombre y mitad toro, encerrado allí a perpetuidad. A todos estos jóvenes y doncellas no se les volvía a ver nunca más.

Al mismo tiempo, un día, Ariadna, la hija del rey y hermana del Minotauro, se enamoró de Teseo –héroe de Ática–, uno de los condenados a esta muerte segura. Para ayudar a su enamorado le entrega un ovillo de hilo que el joven fue desplegando por su paso inacabable por estancias y pasillos secretos. Teseo ganó al Minotauro y el hilo le permitió encontrar la salida del laberinto. El mensaje que se desprende es claro: la tenacidad y la destreza vence todos los obstáculos y lleva siempre hacia la tan deseada libertad.

Y allí plantada en el centro del laberinto se encuentra la estatua de Eros, dios del amor, en honor a Ariadna y Teseo.

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El laberinto es el elemento más visitado del parque. La figura de Eros preside el corazón del laberinto, desde donde parten múltiples caminos.

Siguiendo el itinerario, atravesamos un pequeño canal artificial, construido en 1853 por el arquitecto Elies Rogent. Un segundo recorrido alternativo permite seguir más adelante el curso del agua hasta el final, donde se accede a un pequeño islote –la isla del amor– accesible por un puente de hierro.

Finalmente el itinerario central continúa por el pabellón neoclásico, lugar de recreo en que se concentraban las actividades sociales del jardín. La fachada posterior del pabellón se refleja en un gran lavadero, elemento principal del sistema de riego del parque.

Algo más arriba, cierra el jardín neoclásico el último elemento simbólico: una gruta con la figura reclinada de la ninfa Egeria. Las aguas que la activan bajan de la ‘Fuente de la Marquesa’. La transición hacia el jardín romántico la marca una fuente que hace resbalar el agua sobre la pared de piedra. Este trozo de jardín, punteado por elementos simbólicos esparcidos por todos lados, recrea la naturaleza en plenitud. El agua es protagonista del jardín romántico, organizado longitudinalmente en una sucesión de parterres.

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El agua es parte fundamental de los entresijos del parque.

Una historia que se remonta al siglo XVIII

La larga historia del Parc del Laberint d’Horta comienza en 1791 cuando Joan Antoni Desvalls, sexto marqués de Llupià, cuarto de Poal y marqués consorte de Alfarràs, propietario del terreno, decidió diseñar un jardín neoclásico con la colaboración del arquitecto italiano Domenico Bagutti. La ejecución del mismo corrió a cargo de los hermanos Jaume y Andreu Valls, y para las plantaciones se contó con la colaboración del jardinero francés Joseph Delvalet. Desvalls quiso plasmar en este jardín la vida y el amor, por ello todo el jardín está plagado de figuras mitológicas griegas que hacen referencia a estos dos aspectos.

Las obras comenzaron por el estanque superior, que por entonces era una ingente reserva de agua destinada al riego. Una discreta inscripción en la base de uno de los pilones –el que sostiene la figura del delfín– recuerda el hecho histórico: ‘Hoc terrae sitienti marchio deliciarum amator auxilium paravit.’ AD MDCCXCIV (El marqués, amante de las delicias del campo, preparó esta ayuda a la tierra sedienta. 1794).

El emplazamiento de la finca, con vistas de la ciudad y el mar, era la repetición del marco paisajístico de las tan admiradas villas italianas de la época. Poco a poco, la burguesía catalana comenzó a construir residencias de veraneo en las zonas altas de la ciudad de Barcelona. Los conreos que había en la zona de Horta fueron dejando paso a zonas urbanizadas. El Laberint superó todos estos inconvenientes.

Las complejas obras del jardín no se completaron hasta muchos años después. El marqués Joan Antoni Desvalls murió en 1820 y sus descendientes continuaron las obras del gran jardín, respetando las ideas originales, pero añadiendo espectaculares y nuevos elementos. La finca continuó en manos de la familia Desvalls hasta 1967, cuando, ante la imposibilidad de mantenerla, fue cedida al ayuntamiento. El parque, de 55 hectáreas, mayoritariamente bosque, de las cuales solo ocho eran ajardinadas, había sufrido un proceso de degradación muy importante.

Con su apertura al público en 1971, sin ningún tipo de restricción y con una gran afluencia de público, del todo incompatible con la fragilidad de su estructura, el Laberint se fue degradando hasta que en 1994, y tras una importante inyección económica de la UE para la recuperación de jardines históricos, el parque comenzó a resurgir de sus cenizas.

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Joan Antoni Desvalls, sexto marqués de Llupià, fue el promotor de uno de los parques más bellos de Barcelona.

El Laberint también es centro de formación

El Laberint d’Horta es a día de hoy no solo un bonito jardín, sino también un importante centro para la formación en jardinería. La escuela ofrece una formación continuada, tratando el mundo de la jardinería desde todas sus vertientes: herramientas, procedimientos, técnicas, etc.

Como afirma Maria Alba Fransí, directora del centro, “la oferta está abierta a todo el mundo, tanto aficionados como profesionales”. De hecho muchos jardineros del propio Ayuntamiento de Barcelona usan las instalaciones del Laberint d’Horta para perfeccionar su formación. También jóvenes que quieren dar el salto a la jardinería profesional o que quieren cambiar de profesión son habituales entre los integrantes de los cursos que imparte la escuela. Incluso muchos jardineros profesionales vienen al centro a completar su experiencia práctica con una base teórica en temas de botánica, periodos de floración, combinación de colores, etc.

Según la propia directora, el curso estrella es el de ‘Iniciación a la jardinería’, de 150 horas, que ofrece al alumno una visión general sobre el amplio abanico de posibilidades que ofrece la jardinería, a través de teoría, práctica, visitas y demostraciones. A partir de esta base se puede ir escogiendo la amplia oferta de cursos para especializarse en el mundo de la jardinería, que año a año, va variando. “Y es que si fuera por los alumnos, cada vez tendríamos que ampliar más y más la oferta”, afirma Maria Alba Fransí. “Conocemos a bastantes alumnos que han comenzado aquí y ahora son jardineros profesionales en sus empresas”, añade.

En el pasado curso, 2008-2009, se realizaron 32 cursos con más de 700 alumnos, entre aficionados y alumnos de formación continuada de jardinería. La oferta se completa con una biblioteca en el propio complejo, totalmente especializada en el mundo de la jardinería, con más de 3.000 títulos específicos.

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El Laberint d'Horta cuenta con un centro de formación que imparte más cursos teórico-prácticos a profesionales y aficionados de la jardinería.

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