En el futuro crecerá la convivencia entre céspedes naturales y artificiales

Césped: hacia un nuevo concepto de jardinería

Mónica Daluz25/05/2009

25 de mayo de 2009

Conocimiento, tecnología y sentido común constituyen elementos fundamentales a la hora de abordar los cambios que necesariamente ha de plantearse la jardinería ante la actual escasez de recursos hídricos. Nace una nueva jardinería de bajo consumo de agua, que gestiona con coherencia el uso de las distintas especies y tiene en cuenta todo el proceso del jardín, desde su diseño hasta su mantenimiento. La implantación de este concepto de jardín debería descartar la necesidad de prohibir el riego en tiempos de sequía, medida que tanto ha perjudicado al sector. Sobre el debate entre césped natural y césped artificial parece haber consenso en que ambos pueden coexistir e incluso complementarse. Entre las tendencias en césped natural destacan la utilización de especies con menores requerimientos hídricos, sustratos procedentes de material reciclado, sistemas de riego más eficientes y nuevos usos en arquitectura: las cubiertas verdes y los muros vegetales tienen largo recorrido. En césped artificial: realismo, colorido, nuevas texturas y productos reciclables. Por separado o combinados, los céspedes, junto con otras especies vegetales y con sustratos de variada naturaleza y aspecto, van a traer propuestas, tanto en jardín público como en privado, personalizadas y de mayor variedad estética.
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Vista exterior del Museo Marítimo de Barcelona, durante la 5ª Bienal Europea de Paisaje, con un pavimento sintético de color naranja. Es de Verdalia.
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Revestimiento formado por un manto de césped sintético perforado para encajar en una estructura de piedra modular.
El agua, el quid de la cuestión

El agua destinada al riego de zonas verdes ha venido aumentando en los últimos años de manera notable debido al incremento de las mismas, tanto de jardines públicos como privados; algunas cifras sitúan en el 50% el agua destinada a riego, del total del agua urbana utilizada. Esta circunstancia plantea la necesidad de hacer un uso más racional del agua en jardinería y de establecer una nueva cultura del agua, que evite el despilfarro y aumente la eficiencia en los usos de este bien escaso. Los sectores de la jardinería y el paisajismo han tomado la iniciativa en la promoción de nuevas técnicas para el ahorro del agua, que van desde la utilización de especies adecuadas hasta nuevas tecnologías o prácticas agronómicas adecuadas al manejo de un jardín de bajo consumo de agua.

Jardinería de césped

Las moda de las grandes superficies de césped, el llamando “jardín inglés”, se ha manifestado irracional y ya se atisba un cambio de modelo. Los detractores de las praderas de césped inglés aluden a la dependencia de los productos químicos que implica conseguir una plantación sana; en operaciones de abonado y tratamientos de choque ante enfermedades o plagas, incorporan residuos al suelo, que con el riego terminarán pasando a las aguas subterráneas. Otros argumentos se refieren a que el desarrollo de la jardinería de césped está difundiendo un prototipo de jardinería residencial ajeno a nuestra cultura y a los conocimientos ancestrales de la población, y a la falta de respeto que se tiene, en general, hacia estas zonas verdes, cuando son públicas, que sufren un deterioro continuo por el mal trato de que recibe, así como por la acción de los animales de compañía.

¿Qué es la xerojardinería?

La xerojardinería aporta el uso de la tecnología al jardín, a través de la realización de técnicas agrológicas que permiten obtener un jardín de calidad con un bajo consumo de agua, respetuoso con el medio ambiente y con un bajo coste de mantenimiento. El concepto nació en EE.UU. (xeriscape) y fue introducido en España con el nombre de Xerojardineria por Silvia Burés. En 1986 se creó el National Xeriscape Council con la finalidad de fomentar la creación de xerojardines. Este organismo recogió las técnicas de la xerojardinería en siete principios. Veámoslos.

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La fibra de coco constituye una alternativa ecológica a la turba.
- Planificar, programar y diseñar los jardines según las necesidades reales a satisfacer, agrupando las plantas según sus necesidades de riego, con el objetivo de no sobrerregar las que no necesiten tanta agua ni dejar sin riego las que necesiten más.

- Conocer las propiedades del suelo con la finalidad de utilizar las especies que se adapten (al pH, a la salinidad, a la profundidad del suelo, a la posibilidad de encharcamiento, etc.) y utilizar la reserva de agua del suelo para programar el riego, favoreciendo que las raíces profundicen y aprovechen el agua de un volumen de suelo más grande.

- Seleccionar plantas que se adapten bien a la zona donde se ha de establecer el jardín, conocer el clima y los microclimas para poder situar las plantas adecuadas a cada lugar.

- Hacer un uso eficiente del césped, y evitar ubicarlo en zonas donde no tiene ninguna utilidad, como márgenes y pendientes, y utilizar especies y variedades de céspedes seleccionadas que sean más eficientes en el uso de agua.

- Utilizar diferentes sistemas de riego según las distintas especies y zonas a regar, utilizar sistemas más eficientes en el aprovechamiento del agua, como el goteo.

- Utilizar técnicas como las cubiertas de suelo o mulching, para disminuir las pérdidas por evaporación y cubrir zonas marginales que dificulten el establecimiento de plantas.

- Hacer un mantenimiento del jardín que contribuya a que las plantas aprovechen mejor el agua (mediante podas, siegas, estado fitosanitario y abonado); mantenimiento que ha de ir en el sentido de favorecer el desarrollo de las raíces y a dar mayor resistencia de las plantas a la sequía.

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Muestras de sustratos diversos (fibra de coco, arena de río, cerámica troceada, mantillo, etc.) en el laboratorio de Burés.
Jardinería tecnológica

La xerojardinería, no por el hecho de buscar la sostenibilidad renuncia a la tecnología, sino todo lo contrario. Como ejemplo de la aplicación de la tecnología en xerojardinería vemos que esta disciplina propone el empleo de polímeros absorbentes hidrorretenedores o hidrogeles que son sustancias capaces de retener hasta 400 veces su volumen en agua y que la retienen con una fuerza menor que la que puede realizar la raíz de la planta para obtenerla. Ello traerá como consecuencia una mayor actividad biológica del suelo y reducir la erosión del mismo.

El debate de los céspedes

Los defensores del césped natural afirman que el bombardeo informativo sobre el cambio climático ha situado al césped en el punto de mira de la opinión pública, que ve este elemento vegetal como el devorador de un recurso insustituible, el agua. Esto ha llevado a un consumo creciente de césped artificial. Desde estas posiciones se argumenta que mientras el césped natural consume CO2 y produce oxígeno, el artificial exige en su producción el consumo de hidrocarburos fósiles, con la consecuente emisión de CO2, además, exponen desde Zulueta Corportación, “al final de su ciclo de vida se convierte en un residuo de problemática eliminación”.

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En la calle. Verdalia Checker Block es una aplicación de césped artificial para zonas de gran desgaste por presión y suciedad. Esta combinación de hierba sintética y piedra modular es ideal para aparcamientos y zonas de paso intensivo donde los vehículos, la grasa y las pisadas ponen a prueba cualquier superficie.
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A todo color. La variedad de colores que ofrecen los nuevos pavimentos sintéticos dan mucho juego tanto a paisajistas como a interioristas... En la ilustración, detalle del Bermuda Urban, de Verdalia; esta colección se compone de una gama de 20 colores.
Por lo que respecta al mantenimiento, los argumentos apuntan a que el césped artificial requiere una limpieza cuidadosa y la reparación de zonas dañadas, mientras el natural se regenera mediante la propia capacidad de reproducción vegetativa de las plantas o, a lo sumo, una resiembra o tepeado anual. Otro asunto es el de la temperatura con la exposición solar, que en el caso del producto artificial puede alcanzar hasta 60 °C, mientras que el césped natural no llega a superar los 26 °C. También se alude a las posibles reacciones alérgicas en la piel humana, en el caso del producto sintético, y del placer que, por el contrario, aporta el hecho de estar en contacto con la naturaleza.

Los defensores del césped artificial, por su parte, arguyen que éste es más sencillo de mantener y más económico que el natural. En este sentido, desde Verdalia nos dan sus argumentos a favor del producto sintético: “no necesita grandes cantidades de agua en comparación con el césped natural. Si plantáramos césped en una zona con la pluviometría media de España, éste no subsistiría sin nuestra ayuda. El consumo de agua se estima en 1.780 litros por metro cuadrado de césped natural cada año”. También se alude a los recursos y energía necesarios para mantener el césped natural en condiciones, como por ejemplo las emisiones y consumo de petróleo de las máquinas segadoras y de jardinería. Los residuos generados por la siega y el uso de pesticidas y abonos en la tierra son otro argumento en contra del césped natural.

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Máximo realismo. La particularidad de este césped sintético, el Verdalia Bermuda, es el diseño de su fibra con sección cóncava y nervio central, que le permiten reaccionar como una superficie viva, recuperando su posición natural tras ser pisada y canalizando la suciedad hacia el suelo.
Lo cierto es que las tendencias apuntan hacia una convivencia de ambos y hacia una diversificación de usos: el césped artificial será la opción más idónea en según qué aplicaciones, y el natural de bajo consumo de agua en otras. Tal como nos explica Silvia Burés “han de coexistir; el césped artificial es una solución para hacer una jardinería sin consumo de agua, y en césped natural hay semillas que necesitan menos agua. Pero no hace falta pasar de un extremo al otro; se debe buscar para cada situación una solución diferente. En una rotonda, por ejemplo, puede colocarse césped artificial, mientras en un jardín para pisar y disfrutarlo, es mejor el natural. Se trata, en definitiva, de aprovechar lo bueno de cada opción e ir creando un nuevo concepto de jardinería”.
Hacia el jardín sostenible

Un jardín sostenible es aquel donde las plantas autóctonas e introducidas se adaptan a la luz existente, humedad, condiciones de suelo, y requieren poca mano de obra y pocos fertilizantes, herbicidas, insecticidas y fungicidas para su desarrollo, al tiempo que conserva y protege el equilibrio de la naturaleza y provee de un placer estético.

Eco-oportunidad...

El creciente interés por la sostenibilidad y la ecología constituye una interesante oportunidad para el sector. La integración de elementos naturales en los edificios y en las construcciones es una de las novedades más significativas y de mayor recorrido. La arquitectura vegetal, orientada a mejorar la calidad de vida en las ciudades, se materializa, básicamente, en cubiertas ajardinadas y muros vegetales. Algunos de los principales beneficios ecológicos que aportan estas soluciones arquitectónicas son: la capacidad de retención de agua y ahorro de material del sistema de evacuación; reducción del calentamiento y aumento de la humedad del aire; reducción de la contaminación atmosférica, ya que la vegetación genera un efecto de filtro; y la creación de superficies de compensación de otras impermeabilizadas. Otros beneficios, en este caso económicos, de lo que ha venido a llamarse, la naturalización, son la mejora del aislamiento térmico y acústico del edificio, el aumento de la superficie útil, para parques infantiles o zonas deportivas, y el aumento del valor del edificio por su singularidad.

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Distintas posibilidades para cubiertas ecológicas.
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Prototipo de árbol de acero en el que se integran plantas de cultivo hidropónico; será un aviario para el futuro zoológico de Barcelona.
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Tubo Naturaleza es un jardín aéreo suspendido, de vegetación hidropónica. Los tres proyectos son de Burés.
Otra interesante tendencia ligada a la arquitectura vegetal es la hidroponía o cultivo sin suelo, que es el método utilizado para cultivar plantas usando soluciones minerales en vez de suelo: las raíces reciben una solución nutritiva equilibrada disuelta en agua con todos los elementos químicos esenciales para el desarrollo de la planta, que puede crecer en una solución mineral únicamente o bien en un medio inerte como arena lavada, grava o perlita.
La casa vegetal

La Asociación Nacional de Arquitectura Sostenible (ANAS), junto con la Asociación Nacional para la Vivienda del Futuro (ANAVIF) y el Directorio Nacional de Empresas para la Arquitectura Sostenible (DINAS), presentaron el pasado día 20 de abril en la última edición de Construmat, esta especial vivienda diseñada por el arquitecto Luis de Garrido, la Green Box. El elemento más singular de este proyecto es su cubierta ajardinada inclinada y el jardín vertical. Ambos jardines han sido compuestos a base de especies vegetales autóctonas del mediterráneo, lo que asegura que apenas necesiten agua (sólo de lluvia) y su belleza permanente todos los días del año. Tampoco necesitan mantenimiento. La cubierta-jardín inclinada se establece como prolongación del suelo circundante.

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Green Box, proyecto del arquitecto Luis de Garrido.
Jornadas de la Sociedad Europea del Césped, en Valencia

Durante los pasados días 21 y 22 de abril la Universidad Politécnica de Valencia acogió las primeras Jornadas de la Sociedad Europea del Césped, que se centraron fundamentalmente en la calidad del agua de riego y el estrés por sequía y su influencia en el comportamiento de las cespitosas (especies de semillas para césped). Según señala Diego Gómez de Barreda, profesor del Departamento de Producción Vegetal de la Universidad Politécnica de Valencia y coordinador de este evento, “la Comunidad Valenciana, al igual que la mayor parte de España, está influenciada por el clima mediterráneo, caracterizado por inviernos suaves y veranos secos y muy cálidos. Debido a esto, las especies cespitosas tienen grandes dificultades para desarrollarse adecuadamente durante todo el año, siendo el riego uno de los puntos críticos más importantes del manejo de cualquier superficie cespitosa, bien sea deportiva, ornamental o de entretenimiento”.

Las jornadas, que se desarrollaron en el Paraninfo de la UPV, nacen con el objetivo de convertirse en un foro de intercambio de experiencias entre expertos en la materia procedentes del ámbito universitario, organismos oficiales y empresas.

Entre las conferencias que tuvieron lugar, destacó la del propio profesor Gómez de Barreda, quién habló del comportamiento de variedades comerciales cespitosas de ray-grass inglés. Gómez de Barreda nos explicó que “en la Universidad Politécnica de Valencia se realizan diferentes ensayos sobre especies cespitosas y existe una colección de más de 50 variedades comerciales de especies de clima templado (C3) en parcelas rectangulares de 2 m2, de los géneros Agrostis, Lolium, Festuca y Poa. Con esta colección se pretende hacer un seguimiento de su comportamiento en el clima de la ciudad de Valencia (clima mediterráneo), pues aunque son variedades de gran calidad, que las casas de semillas importan de EE.UU., es preciso ver cómo se adaptan a la climatología particular de España, en este caso a la valenciana”. Como conclusiones del estudio presentado, el profesor Gómez señaló que “existe una variedad que destaca globalmente sobre las demás, Paragon GLR, variedad mejorada de Paragon por su resistencia al ‘Grey Leaf Spot’ (enfermedad causada por Pyricularia grisea). Las demás variedades se comportan, en general, de forma más o menos similar, menos las variedades Belida y Calibra que no se recomiendan para su siembra en campos de golf”.

Times Square, del parque temático a la revolución verde

Nuevos aires soplan en el consistorio newyorkino. Si Giuliani logró hacer un NY más seguro, “limpiando” la ciudad hasta el punto casi de esterilizarla cambiando el lumpen de Times Square por riadas de turistas hipnotizados por los neones, el actual alcalde Michael Bloomberg ha iniciado una revolución verde en sintonía con la nueva ecosensibilidad que también se está observando en el resto del país. El llamado PlanNYC 2030 detalla las acciones a seguir para lograr una reducción del 30% de las emisiones de gases contaminantes, y entre ellas la recién experiencia piloto de cerrar al tráfico parte de la emblemática avenida Times Square y convertirla en zona peatonal. Además, para esa fecha, la ciudad se propone aumentar su zona verde nada menos que en 16.187.425 m2. Y es que, a pesar de la situación económica, parece que la “agenda verde” sigue adelante.

He aquí algunos datos para la reflexión: Nueva York tiene seis metros cuadrados de zona verde por habitante y el 20% de su población vive a menos de diez minutos de algún parque. La superficie total de zona verde en la Gran Manzana es de 117.350.000 m2.

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Césped en Nueva York. En la Gran Manzana tocan a seis metros cuadrados de zona verde por ciudadano. A la izquierda, flora y fauna… en Battery Park. A la derecha, un atardecer en el mítico Central Park.

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