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La casa y la luz (3)

Gustavo Avilés01/01/2013

La casa y la luz


En su texto, Identidad y Domicilio, el arquitecto Finlandés Juhani Pallasmaa se pregunta, ¿puede un hogar ser una expresión arquitectónica?

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En su intento por responder a esta pregunta, Pallasmaa, señala como los arquitectos, los diseñadores y los interioristas del espacio habitable, diseñan viviendas como manifestaciones de espacio, estructura y orden, pero son incapaces de abordar los aspectos más sutiles y difusos de las dimensiones sensoriales, sentimentales y emocionales ligados al concepto del hogar.

En el ejercicio de excesiva especialización, el arquitecto y el interiorista siguen un concepto de arquitectura que se basa en la idea del objeto arquitectónico perfectamente trazado y articulado, pero este a la vez, reduce el espectro de posibilidades de la vida cotidiana.
La obra arquitectónica, en el que vemos la representación arquetípica de la casa, se ve dislocada, reubicada, seccionada, perforada, de-construida, justificada, como parte de un ejercicio formal en la búsqueda personal del arquitecto y del interiorista, que rara vez comprende las expectativas que tiene el habitante de su morada.

Esta visión convierte la idea de la casa en contenedor, en artefacto que no necesariamente busca la calidad de la vida humana, y más bien, se centra en la efectividad de esta como instrumento, negando la afectividad de esta como envolvente de lo físico, mental y emocional.

Estas tendencias, modas y estilos instrumentales, a la vez, vuelven a la vivienda vulnerable a la especulación del mercado inmobiliario que la moldea, modela, dimensiona y la oferta según las condiciones económicas de cada nivel social existente.

En esta dimensión, no afecta si eres rico o pobre, culto o ignorante, suave o duro.
Los modelos imperan sobre las razones.

Ligada nuestra casa a la iluminación, la luz es nuestra memoria diaria de cada día.
Experiencias sensoriales ligadas a la percepción de la luz y su influencia en lo cotidiano habitable, posiblemente sean de las más ignoradas y pasando al territorio de lo posible - positivo, seguramente sean las más necesarias y vitales.

Habiendo cambiado la casa por la cosa, si lo material nos parece imperceptible, la luz en la iluminación, lo es más.

La casa, en su poder ontológico como origen y núcleo, se convierte en el mediador entre nuestra intimidad y la vida pública. Como extensión de nuestro propio ser, que expresa nuestra personalidad, microcosmos desde el cual damos luz al mundo exterior.
Y en ello, la iluminación del hogar es recobrar ese sentido de hoguera, que huele a brasa encendida e ilumina no sólo el espacio físico, sino el espacio interior de quien la habita.

Lamentablemente y especialmente en la iluminación, la arquitectura moderna ha eliminado esa imagen onírica y se ha desarticulado de los aspectos humanistas de la calidad espacial.
Ante el panorama del mercado inmobiliario actual, la casa se apega más al concepto de inversión privada. Lejos estamos del concepto islámico de la vivienda que rodea un patio interior matizada por los recortes visuales de la celosías en la representación terrenal del paraíso, o la intimidad de la vivienda japonesa, marcada por los diferentes planos y filtros, el matiz, claroscuro, umbra, penumbra, sombra, oscuridad, en la ceremonia del abrir y cerrar goshis deslizantes que buscan el balance entre el mundo exterior y el exterior, o el calor y calidez entre la luz y la sombra de las casas y casonas mexicanas en el trabajo diario con aroma a masa y chocolate.

La luz en el espacio habitable transforma efectos y eventos en imágenes que se vuelven nuestra experiencia visual, y en lo diario cotidiano, la iluminación es el medio de comunicación entre las cosas y lo sucesos de nuestro entorno, y la percepción de nuestras diarias experiencias.
En mi práctica profesional, he tenido la oportunidad de iluminar grandes y pequeños espacios, privados y urbanos públicos, originales y ordinarios, costosos y austeros, sencillos o complejos y en ninguno de ellos he tenido tan importantes y únicas experiencias como cuando he trabajado la iluminación en el espacio privado residencial de la casa.

He procurado atender más que las cosas, los casos, vigilando con mayor cuidado los aspectos de la casa más que de la cosa. encontrando la mayor oportunidad de experimentación y creatividad al freno e impulso cotidiano de la vida en el hogar.

En iluminación, por ejemplo, considero la cocina como el laboratorio mágico de la transformación de la materia en el sentido de sobrevivencia en los ciclos biológicos de la alimentación, íntimamente ligados a los procesos de ajuste circadianos (circa- aproximado / diano-día), donde la iluminación debe ser cálida, pero limpia y con alta reproducción en la fidelidad del color, con niveles o valores de luminosidad altos.

Las áreas de lavado y planchado representan en el hogar los espacios donde se procesa la renovación diaria de la ropa limpia y la camisa bien planchada, donde la iluminación debe ser
veloz y rápida, aséptica y escéptica, la luz higiénica de la recuperación de cada día, con temperatura de color fría, blanca y sin sombras. Luz de laboratorio en niveles aún más altos de iluminancia.

La iluminación en el ante-comedor, donde se desayuna y cena, como centro de comunicación y conciliación familiar cotidiana, deberá ser especialmente cálida y suave. Sin sombras duras que afeen aún más la señora con tubos o al señor con prisa y cansado, o a los niños haciendo ruido y el perro ladrando. He visto como ha afectado en la iluminación cotidiana, la absurda y maléfica campaña de cambiar lámparas incandescente por las ahorradoras de energía. Puedo asegurar que una lámpara ahorradora de energía en leds, ante la distorsión de forma y color que genera puede producir altos niveles de violencia intrafamiliar. De que energía estamos hablando, que queremos ahorrar?

Y en la recámara, espacio destinado a la intimidad y descanso, donde la luz deberá no estar exactamente arriba de las cabeceras de la cama y más bien provocando un modelo espacial de luz indirecta, cálida, horizontal, que permita y aliente el silencio, cariño y reposo , eliminado el defecto de la luz efectiva, estimulando el afecto de la luz afectiva.

Y así nos la podemos continuar, viendo como se venden y se compran en el mercado inmobiliario, incluso el de lujo y alto valor económico, los más erráticos ejemplos de ignorancia y especulación relativos a la iluminación del espacio privado, residencia, identidad y domicilio; la casa.
Necesitamos alentar la educación visual y perceptiva, poniendo freno a improvisaciones inexpertas y al frenesí industrial de tecnologías, que sin decir mentiras, no dicen toda la verdad.

Seguramente las aproximaciones de Pallasmaa nos ayuden a recuperar los valores de vida cotidiana, sustentados en un buen diseño de iluminación para nuestro propio hogar.

Gustavo Avilés.
Talina Aguila

1 PALLASMAA, Juhani “IDENTITY, INTIMACY AND DOMICILE
Notes on the phenomenology of home.” Simposio: The Concept of Home: An Interdiciplinary View en la Universidad de Trondheim, 21-23 Agosto 1992.