Marcas, identidad, comunicación, formación: Gestión integral de la comunicación y el conocimiento

Diseño como valor añadido de la economía andaluza

Rafael Iglesias, diseñador gráfico y editor10/05/2011
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10 de mayo de 2011

Que el diseño empieza a tomar fuerza, consolidarse y ocupar un espacio importante dentro del mundo laboral, cultural y comunicativo en Andalucía, es algo que se encuentra ya fuera de toda duda. Podría extenderme profusamente sobre vericuetos y argumentaciones relacionados con el diseño, con su vínculo con la creatividad, la comunicación, el estado de bienestar y otras muchas facetas que inciden en hacer de nuestra profesión una de las más atractivas y gratificantes, aventura edificante a nivel de ámbito personal y social, como afirma Manuel Estrada en su libro ‘El diseño no es una guinda’.

No es un mero adorno o artificio. Cada vez se tiene más constancia de que el buen diseño nos afecta e interacciona a nuestro alrededor, influyendo de una manera decisiva, fundamental y contundente en resultados de rentabilidad, no sólo económica, también humana, organizativa, pedagógica, política y en un sinfín más de entornos físicos y abstractos. Un buen diseño incide en nuestra vida desde ejemplos obvios como la funcionalidad y trascendente correcta transmisión de información de las señales de tráfico, la buena confección de herramientas mecánicas, la repercusión en ventas y el éxito de un producto comercial o incluso un “producto” político, como puede ser un candidato a unas elecciones. Aunque el momento no es malo, sobre todo ateniéndonos a un “pasado imperfecto” no demasiado lejano, a los pertenecientes al gremio del diseño en nuestra comunidad nos queda aún un camino largo, no carente de obstáculos.

El hecho de que la revolución industrial no nos alcanzara a comienzos del siglo XX, la carencia de un capitalismo autóctono y de una inexistente burguesía proveniente de la riqueza aportada por un tejido industrial y comercial propio, mientras nuestros recursos todavía estaban suministrados mayoritariamente por una agricultura anclada humana y tecnológicamente en el más recóndito pasado, cuyos réditos son gestionados pésimamente por beneficiarios que componen una élite cuasi feudal, terratenientes y aristócratas, poco dados a compartir o promover ni riqueza ni cultura sino para ellos mismos, instigadores de un sangriento conflicto que ancla a todo el país, pero especialmente a nuestra amada Andalucía, en décadas de gris y sórdido inmovilismo, son argumentos de peso e incuestionables que dibujan la diferencia de realidades respecto al diseño andaluz con otras comunidades autónomas, que sí entendieron que progreso, gestión de riqueza y comunicación y cultura, como es el caso del diseño en general, no sólo el gráfico, son asociaciones relacionadas de manera inequívoca.

El negocio y la cultura, la industria y la comunicación están hermanadas estrechamente. Diseñar es comunicar, y en eso se basa la efectividad y utilidad práctica del diseño, pues éste es pura utilidad y lenguaje, que a veces utiliza el arte y la belleza como una especie enriquecedora, pero no como ingrediente principal.

En nuestra actual coyuntura, con un entorno aunque muy mejorado aún adverso, con una tierra tan rica y estéril a la par por su legado, tan poco preparada a recibir determinadas semillas de progreso, sólo los que apuestan con toda su alma que su proyecto se haga realidad son capaces de invertir, endeudarse, jugársela, aprender de los errores propios del emprendedor autodidacta y crecer mejorando. Todos los días, en toda Andalucía, miles de profesionales, pocos reconocidos y muchísimos anónimos, depositan su esperanza, su ilusión, su anhelo y talento en el acto de constituir un proyecto empresarial con un propósito: generar prosperidad, generar riqueza y no exclusivamente para sí. Sea ésta traducible a activos económicos o culturales.

En nuestra región son cada vez más los y las profesionales que inician un viaje de riesgo, incertidumbre y coraje que les llevará sin duda alguna por un durísimo camino de aprendizaje autogestionado, de experiencia personal, de desarrollo profesional y quizá la consolidación de un proyecto que se convierta en realización, en crecimiento y expansión del esfuerzo invertido en un sueño, reconocido por parte de la opinión pública y del tejido económico, empresarial y de mercado. Por eso el diseñador, como empresario y emprendedor, como profesional gestor y productor de créditos, no sólo materiales, también culturales y educacionales, debería contar con el apoyo inequívoco, tangible y reiterado no sólo de las instituciones públicas. Como vasos comunicantes, también de otros agentes económicos, como la empresa privada. Esa confianza depositada se traducirá sin duda en beneficios, e insisto que no sólo económicos.

Pero aunque para nosotros Andalucía no es fácil, tampoco es mala plaza. La simiente ya ha fructificado gracias a muchos pioneros pasados y contemporáneos. Gracias a estos autores, entre otros que sin duda surgirán en un plazo no demasiado lejano gracias a nuestra cambiante coyuntura, podremos hablar de diseño andaluz en términos cercanos a como podemos hacerlo hoy del ‘disseny català’, inmejorable referente a cualquier nivel.

Comentarios al artículo/noticia

#1 - Economista
09/06/2011 17:53:33
hola me ha parecido muy interesante su articulo, me ha servido de gran ayuda! :)

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