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¿Cómo ha sido 2010 para el sector gráfico español?

Manuel Gómez. Procograf12/01/2011
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12 de enero de 2011

Ése debe ser, nada más y nada menos, el título de este resumen. Y todo ello, en un país y en un sector en el que las estadísticas no se puede decir que sean muy actuales. Será, por tanto, un ejercicio basado más en vivencias –suma de las propias y de aquellas ajenas que nos merecen confianza, aunque sólo sea porque no buscan llamar la atención con actitudes demasiado optimistas o pesimistas, tanto da– que en las frías cifras.

Pero, a pesar de todo y como todos los años, sí que hay algunos números que nos ayudan a valorar la evolución del sector gráfico en nuestro entorno: los informes de entregas de papel estucado pasta química de la Cepi (Confederation of European Paper Industries). Si consultamos las hojas entregadas hasta noviembre de 2010, podemos apreciar que la cantidad se ha movido entre un crecimiento del 7%, caso de Alemania, y un decrecimiento del 10%, en el caso de Portugal. España se ha mantenido en las mismas cifras del año anterior. En bobinas, no puede decirse que haya cambios significativos con respecto a las hojas, más allá del cambio de Portugal por Irlanda. En resumen, las entregas se han mantenido en un nivel muy similar al de 2009, en lo que llamábamos Europa Occidental.

En la llamada Europa del Este, el panorama ha sido otro, con crecimientos globales ya muy notables, del 17% en hojas y del 24% en bobinas. Y algo que todos nos tememos: en China, las entregas han crecido más de un 70% en hojas y en torno a un 25% en bobinas, mientras que en Brasil ambas han crecido en torno al 45%.

Como apunte final en cuanto a cifras, en Estados Unidos las ventas en los tres primeros trimestres de 2010 han sido similares a las de 2009 (muy malas), pero se empiezan a notar beneficios en las empresas. Como podemos imaginarnos, estos no vienen de mejores mercados o precios más altos sino de un ajuste muy severo de estructuras y gastos.

Por supuesto, podríamos comentar aquí las ya reconocidas bajadas en la contratación de publicidad o en las tiradas de revistas y periódicos, pero no creemos que merezca la pena. Dato más o menos, todos sufrimos en nuestras carnes las consecuencias de una situación económica muy dura y de unos cambios (más o menos inmediatos) en tecnologías y mercados, lo que está poniendo a prueba nuestra capacidad para salir lo mejor parados posible e imaginar nuestra empresa en unos años.

Las crisis no son eternas y, aunque resulte duro, estos tiempos también se pueden aprovechar para hacer las cosas bien

Porque de eso se trata: de capear el temporal, aceptando realidades y dejando atrás nostalgias que en nada ayudan, y de ir pensando en nuestro modelo de empresa a corto, medio y largo plazo. Las crisis no son eternas y, aunque resulte duro, estos tiempos también se pueden aprovechar para hacer las cosas bien.

Hemos podido ver un mercado que no crece, con unos precios que tampoco lo hacen (en el mejor de los casos; en otros, siguen bajando) y con unos clientes más exigentes que nunca, amén de unas condiciones de pago poco serias (si acaban pagando) plazos de 120, 150 ó 180 días no tienen comparación en nuestro entorno socioeconómico y significan un enorme esfuerzo (y riesgo) para las empresas pequeñas y medianas.

Por supuesto, todo esto ha hecho que haya no pocas empresas muy ‘tocadas’, otras en concursos de acreedores, otras hayan cerrado... pero la inmensa mayoría siguen, y esa puede ser la buena noticia, con las excepciones que tanto daño hacen (empresas que no pagan bien, que venden por debajo de sus costes, otras que desaparecen aquí y aparecen allá...). Pero hemos de insistir en lo bueno: la mayoría estamos aún aquí.

Y la mayor diferencia entre todas esas empresas que siguen, creo, ha sido su capacidad para decidir, por sí mismos, su presente y su futuro. Una parte importante ya no tiene capacidad de maniobra, y está obligada a dejarse llevar por la corriente. Está siendo muy duro para esas personas, empresarios y trabajadores, que viven en un día a día sin muchas esperanzas pero con una gran necesidad de creer que el milagro es posible, que todo puede acabar bien; ojalá que sea así.

Hay otra parte de imprentas que aún ha podido conducir el timón de su destino. Y sólo podemos manifestar nuestro respeto ante lo impresionante que resulta el esfuerzo que hacen, asumiendo inversiones o desembolsos importantes para rentabilizar las que ya tienen, en una pelea encomiable por el futuro. Y todo ello, incluso, ‘poniendo de su bolsillo’ las no pocas veces importantes pérdidas.

Pero, y creemos que es de justicia destacarlo, ha habido algo que hemos empezado a notar con más fuerza que antes: el creciente malestar entre un conjunto de trabajadores que siempre se había distinguido por su entrega y dedicación al oficio. No olvidamos que, efectivamente, aún quedan sueldos altos, reminiscencia de tiempos infinitamente mejores; pero ya no es lo normal, ni mucho menos. Y esta situación que vivimos, en la que el punto culminante ha sido esta crisis, está llevando a la desesperanza y la falta de confianza en el futuro, a una mano de obra que, a pesar de todos los cambios tecnológicos, ha de ser muy cualificada. En las empresas que mantienen su nivel de facturación (las hay, de verdad) puede decirse que, en general, no acaban de entender por qué si cada día se trabaja y se produce más, sus condiciones de trabajo no mejoran. O empeoran, que viene siendo bastante frecuente. Puede que se haya echado a faltar una mayor comunicación entre la empresa y los trabajadores, de forma que todos entendamos que el deterioro del mercado es el que se está llevando por delante ese mayor esfuerzo.

Y hasta aquí este resumen, mezcla de objetividad y subjetividad, que no pretende otra cosa que poner de manifiesto lo que ya todos sabemos. Aún en el peor de los escenarios, hay esperanza; lo que ocurre es que, cuando se habla de temas profesionales, hacer las cosas con ‘oficio’ suele ayudar.