Los viajes de la impresión

Mike Horsten, director de Marketing de Mimaki Europa03/01/2013
Por mi trabajo, viajo mucho en avión. Y cuando uno vuela mucho, espera mucho, ya sea en salas del aeropuerto, en la cola del control de accesos, en la puerta de embarque o en la cola para revisar los pasaportes. En uno de estos viajes, mientras paseaba por uno de los mayores aeropuertos de Europa, no pude evitar fijarme en la cantidad de cosas que se imprimen digitalmente (es lo que ocurre cuando has trabajado tanto tiempo en el sector de las artes gráficas).
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Mike Horsten, director de Marketing de Mimaki Europa.
De hecho, incluso antes de llegar al aeropuerto, se ven decenas de señales de tráfico que indican a dónde ir, dónde aparcar o dónde recoger a las personas, y la mayoría de ellas están hechas con vinilo (con una Mimaki, claro). Luego están los rótulos llamativos de los mostradores de facturación, que anuncian su presencia desde lejos, por lo que parecen más una publicidad de la compañía aérea que el lugar en el que le entregan a uno la tarjeta de embarque.

Para mí, el infranqueable control de accesos es siempre una parte divertida de viajar en avión. Aunque me quite los zapatos, el cinturón y el reloj, las barreras acusatorias siempre me pitan. Y si no suenan, no sé cómo pero siempre parece que me elijan a mí para uno de esos cacheos aleatorios e integrales. ¿Aquí también hay impresión digital? Pues se sorprenderían. Si uno mira con atención el escáner de rayos X, las señales del suelo y los carteles de aviso, se da cuenta de que todos se han impreso y cortado con un dispositivo digital.

Cuando a continuación sigo hacia la zona de tiendas libres de impuestos, me dan la bienvenida un montón de expositores de PLV, pancartas, rótulos retroiluminados y luces de neón. Más que un viajero, me siento un consumidor. Todo me exhorta para que me detenga y compre algo; lo que sea. Luego están todas esas bolsas, embalajes y etiquetas que llaman nuestra atención, impresas con diseños atrayentes para que llevemos los mensajes de las marcas por todo el mundo. Aunque no compre nada –una verdadera hazaña en los aeropuertos actuales–, toda esta comunicación impresa permanece en mi mente mientras saco mi tarjeta de embarque impresa digitalmente. En ella veo a qué puerta de embarque debo dirigirme y constato que tengo que darme prisa.

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Al llegar a la puerta, veo el avión, grande y reluciente, por la ventana (que está parcialmente tapada por una publicidad impresa). ¿Y el propio avión? Cubierto por una impresión en vinilo del logotipo de la aerolínea y un mensaje ingenioso. Impreso y cortado por medios digitales; ¿cómo si no?

Por fin embarco, guardo el equipaje de mano y me siento. Supongo que ahora me darán un respiro… Entonces levanto la vista y veo una impresión serigráfica que reza: “Chaleco salvavidas debajo de su asiento”.

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