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El año de la pandemia

Beatriz Lacañina Pedrosa, presidenta de APES Sevilla

18/03/2021
Si hace un año me hubieran pedido que sacara la bola de cristal e imaginara cual sería el futuro cercano de nuestro sector, hubiera podido hablar del coche eléctrico, del impuesto al diésel, de los posibles cambios en la adaptación a la ITC-IP04 y muchas cosas más, pero nunca se me habría ocurrido hablar de pandemia, de cierres parciales o totales de estaciones, de bajada de ventas interminables, de trifulcas con la administración para sobrevivir y un largo etcétera que ha venido después. Todos los miembros de esta sociedad han sufrido en mayor o menor medida los estragos de la pandemia de la COVID-19; en primer lugar, nuestros sanitarios, que han estado en primera línea de batalla asumiendo sus miedos y afrontando cada día una realidad monstruosa. Pero poco se ha hablado de nuestro sector, que ha sido esencial en estos meses y que, en muchos casos, ha sobrevivido por y para la sociedad.

Nuestra batalla personal comenzó hace ahora un año, el 14 de marzo de 2020, con el confinamiento domiciliario, que para muchos de nosotros no supuso dejar de trabajar, pero sí dejar de tener clientes. La población fue privada de uno de los derechos fundamentales en pro de la salud, y nos quitaron la libertad de movimiento. Para otros sectores la movilidad solo supone un factor más, para nosotros los gasolineros, supone el fin mismo de nuestra existencia: si no hay movilidad no hay necesidad de consumir combustible, de lavar el coche o de comprarle consumibles y, en consecuencia, se elimina el motivo de la compra de nuestros clientes.

En ese momento nuestras ventas de desploman inevitablemente llegando a alcanzar una caída del 90% de nuestro volumen habitual y nuestras almas caen al suelo de la misma manera. A partir de entonces mi teléfono no para de sonar a todas horas, no solo con misivas de mis propios negocios, sino con voces truncadas y desesperadas de todos mis queridos gasolineros de la asociación. Me pasaba, literalmente, todo el día informando acerca de la situación, en base a la información que nos llegaba desde la Confederación Nacional o el Ministerio de Industria, calmando nervios de personas que no podían aguantar la situación económica y no sabían cómo actuar, elaborando estrategias conjuntas con otros empresarios para intentar capear el temporal, iniciando ERTEs y buscando ayuda especializada para solventar todos los problemas burocráticos que llegaban a cada hora, sobre todo los domingos por la noche a partir de las once, la maldita hora a la que nuestro Gobierno sacaba los cambios legislativos para que fueran de aplicación el lunes a las ocho de la mañana.

Personalmente me sentí desbordada por la situación porque mi propio negocio me necesitaba más que nunca, pero mis asociados también, y no quería dejar de “estar ahí” para ninguno de ellos. Si a eso sumamos las responsabilidades familiares que durante el confinamiento se multiplicaron por mil al tener hijos muy pequeños en casa intentando trabajar conmigo, el cóctel molotov era muy peligroso y la tensión se mascaba a mi alrededor. En muchos momentos me juraba a mí misma que lo dejaba, que tiraba la toalla, pero al día siguiente volvía a salir el sol y volvía a la lucha desde la pantalla del ordenador y el teléfono.

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Si me preguntan cómo viví esos meses, puedo responder que fueron un calvario, meses negros en el calendario que mejor olvidar. Pero precisamente esos son los momentos que nunca olvidaremos, así que decidí que era mejor aprender de ellos y recordar todo lo que nos ha enseñado esta pandemia. Se aprende poco de los momentos de bonanza, pero mucho de las crisis, y aunque pueda parecer un tópico, mejor no olvidar y aprender de los errores ya cometidos para no volver a tropezar en la misma piedra.

Esta crisis sanitaria y económica nos ha enseñado muchas cosas, y bajo mi humilde punto de vista, nos ha demostrado, una vez más, que lo más importante es ser conscientes de que los negocios vienen y van, el dinero se acaba y lo que queda es la familia y la salud. En estos meses de conversaciones con todos los actores del sector, nuestras primeras palabras eran referentes a la salud y la familia y una vez que ambos temas estaban tratados, hablábamos de los litros, los servicios mínimos y la guardia civil que había visitado nuestras instalaciones. Por primera vez en nuestras vidas, poníamos la familia y la salud por delante de nuestros negocios, y esa es una lección que ha sentado muy bien en nuestro sector.

Los empresarios de estaciones de servicio nos caracterizábamos por ser personas dedicadas a nuestros negocios en cuerpo y alma, por estar acostumbrados a salir al amanecer y no regresar a casa hasta la cena porque “la gasolinera nos absorbe”, incluso en fines de semana. Yo, como hija y nieta de gasolineros, estaba acostumbrada a no ver apenas a mi padre en casa y escuchar en la mesa los domingos que no podía venir a la playa con nosotros en verano porque no podía desatender el negocio. Esto seguía ocurriendo en cada rincón de este país, en gasolineras grandes y pequeñas, en pueblos y ciudades y por supuesto seguirá ocurriendo en muchos casos, pero espero que otros muchos hayan aprendido algo de esta pandemia y sepan equilibrar su forma de vida dando prioridad, cuando esta lo requiere, a la familia y a la salud.

“La digitalización que tanto bien nos ha hecho”

Hemos aprendido a teletrabajar, a delegar en otras personas de nuestros negocios (encargados, expendedores, proveedores, etc.), a saber esperar, a confiar… Y, sobre todo, le hemos tendido la mano a la digitalización que tanto bien nos ha hecho. Ahora, muchos de nosotros, tenemos información actualizada de nuestras estaciones en la palma de nuestra mano y con el móvil cambiamos precios, visualizamos las cámaras de seguridad, controlamos el estocaje de los tanques, vemos cómo funcionan los surtidores y manejamos la información de nuestras oficinas.

“El teletrabajo ha llegado para quedarse”. Esta frase la hemos escuchado miles de veces durante este año, y efectivamente es así, con lo bueno y lo malo que para nosotros conlleva. El teletrabajo supone una disminución de la movilidad de la población en general y esto deriva en una bajada de ventas en nuestras estaciones. No son buenas noticias para las gasolineras, pero confiemos en el carácter andaluz de nuestros clientes, en la idiosincrasia que nos caracteriza y nos empuja a las relaciones sociales, a realizar parte de las reuniones que pudieran ser digitales en formato presencial, a salir cada día a la calle para ir a trabajar o para, simplemente, llevarle un paquete a un cliente que podría haber mandado por mensajería. Andalucía es así, para lo bueno y para lo malo, y esperemos que este carácter callejero ayude a que el teletrabajo no nos afecte tanto como en otras zonas de España.

Y si queremos aplicar lo aprendido al futuro más cercano, tenemos que saber que esta bajada de litros que hemos sufrido no será algo temporal. La crisis sanitaria ha dado paso a la crisis económica que se mantendrá durante algunos años y cuando queramos darnos cuenta, la crisis desaparecerá, pero esos litros perdidos no volverán porque estará llegando con fuerza la entrada masiva de las nuevas energías y la nueva movilidad en nuestra sociedad.

Será entonces cuando, más que nunca, trataremos de ser estaciones de servicios con variedad de formas de suministrar energía para seguir siendo los garantes de la movilidad. Seremos gasolineras, electrolineras, gasineras, hidrogeneras y tendremos que dar servicio a todas las formas de movilidad que puedan aparecer como por ejemplo las ya existentes basadas en el ‘car sharing’, el vehículo autónomo, las bicicletas o patinetes eléctricos, lo drones y todas las que están por llegar.

Muy a menudo escucho voces que dicen “no te preocupes, para eso faltan muchos años”, y efectivamente es probable que todo esto no cambie de un día para otro, pero como ya he dicho, creo que debemos aprender de lo vivido en este 2020 y no olvidar que los ritmos de la evolución no los marcamos nosotros, así que debemos estar preparados para coger las oportunidades cuando estas surjan, ya sea dentro de tres años o de treinta y no quedarnos impasibles ante el avance de este nuestro sector, que tanto nos ha dado y al que tanto le debemos. No lo abandonemos, luchemos por seguir en él y para eso es más importante que nunca el asociacionismo. Juntos podemos alcanzar objetivos mucho más ambiciosos que por separado y, aunque seamos capaces de recorrer este camino en solitario, estoy segura de que compartir nuestros miedos e inquietudes nos hará disfrutar más el trayecto.

APES, más unidos que nunca para afrontar el mayor reto de nuestra historia: el cambio energético y digital de las estaciones de servicio. Espero que en el futuro podamos sentirnos orgullosos de haber liderado el cambio de modelo de nuestros negocios y ofrezcamos un sector fuerte, eficiente y rentable a nuestros hijos.

Con cariño,

Beatriz Lacañina Pedrosa, presidenta de la Asociación Provincial de Estaciones de Servicio de Sevilla. APES Sevilla.

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