“Los parques infantiles deben cuidar especialmente los valores de integración, salud y pedagogía”

Entrevista a Manuel Iglesias, presidente de Grupo Cetus

Javier García31/10/2014

Ahora mismo, en las instalaciones de Grupo Cetus, en Cerceda (A Coruña), puede verse una embarcación tradicional que formará parte de un parque en Rusia, modelos de juego específicos para Tahití, Singapur o Arabia Saudí e, incluso, la maqueta de un dinosaurio hiperrealista. “Quienes nos visitan encuentran una mezcla de laboratorio de I+D con la magia de un parque temático”, explica Manuel Iglesias, presidente de Grupo Cetus, que integra la marca Galopín, especializada en el diseño y fabricación de parques, juegos y espacios infantiles.

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Manuel Iglesias, presidente de Grupo Cetus.

¿Cómo debe ser un espacio público?

Consideramos que un espacio público de calidad debe respetar los valores y la cultura de su entorno. Debe fomentar el sentimiento de pertenencia, de orgullo colectivo. Además, debe ser integrador, fomentando el contacto intergeneracional, multicultural, de personas con diversidad funcional. Y por supuesto debe ser saludable, porque el juego es fuente de salud. Debe de analizarse desde el punto de vista de la psicología ambiental, la biofilia, la etología y la pedagogía.

El nombre de la empresa ya sugiere una relación con el mundo infantil… Háblenos de ella.

Está situada en Cerceda, Galicia, desde hace catorce años en una ubicación en donde ponemos en práctica lo que postulamos. Contamos con casi cinco hectáreas de terreno a las que sumamos otras treinta de nuestra fundación, que nos sirve para aprender a hacer mejor nuestro trabajo a través de la colaboración con colectivos interesados en las terapias en la naturaleza. En plena fábrica tenemos miles de metros dedicados a jardines, a espacios amables para la reflexión y la convivencia con estanques, zonas de reunión y paseo, tenemos frutales y flora autóctona y muchas caducifolias.

¿Y qué tipo de trabajos realizan en este entorno que describe?

En la empresa conviven todo tipo de profesionales y saberes. Hacemos escultura en polímeros, madera o piedra, tenemos ebanistas, carpinteros, torneros, matriceros, soldadores homologados para materiales técnicos, expertos en electrónica, ingenieros de ramas variadas de la tecnología y la organización, arquitectos, incluso varios investigadores con el grado de doctor. Quienes nos visitan encuentran una mezcla de laboratorio de I+D con la magia de un parque temático.

Dicen que están “especializados en la conceptualización de espacios únicos de juego”. Explíquelo, por favor.

Para nosotros el fin último no es el juego o el producto que aparece en el catálogo, sino el espacio de valor que estos ayudan a crear, todo ello al servicio de un objetivo, que es dar un valor diferencial al entorno. Yo mismo he tenido la oportunidad de comprobar en una experiencia personal hace más de treinta años, el efecto que tiene en la inteligencia social de una comunidad un espacio público de valor y como, al contrario, si no se maneja adecuadamente, un espacio público deteriorado llega a fomentar la pequeña delincuencia.

Parece muy gratificante que el fruto de su trabajo y esfuerzo lo disfruten los niños…

Los niños y toda la comunidad. El espacio público debe ser integrador. El juego debe de servir al niño para tomar contacto con la realidad y socializarse. Es éste el objetivo de la educación, y el espacio público nos brinda una oportunidad que complementa ese proceso que se da también en la familia y la escuela. Nosotros ideamos espacios en los que conviven niños de diferentes edades, con sus padres y sus abuelos. Queremos que el espacio ofrezca atractivos diferenciados para todos los colectivos sociales.

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Avión diseñado por Galopín para el centro comercial Espacio en Torrelodones.

Parques seguros y emocionantes

Para Manuel Iglesias, el reto consiste en hacer parques seguros y al mismo tiempo emocionantes. Esta aparente contradicción tiene que ver con enseñar a los niños a gestionar el riesgo, todo dentro de unos parámetros controlados por una norma que ya lleva más de treinta años de aplicación con una estadística demostrada de reducción de accidentes.

“En estos momentos estamos volcados en elementos que permitan a los niños alcanzar grandes alturas dentro de estructuras de las que no se puedan caer. También queremos perseverar en el concepto de juego escultura, como hicimos con nuestra línea Prometeo, por encarnar esa idea de integración de todas las edades y de puesta en valor del entorno. También estamos trabajando en nuevos materiales que nos permitan la tematización para componer escenarios inspiradores para la imaginación y la interacción entre los niños”, apunta el presidente de Grupo Cetus.

A la hora de planificar y diseñar un parque infantil, ¿qué aspectos deben tenerse en cuenta?

Los aspectos que debemos considerar son infinitos. Tanto que requiere una metodología a fin de no olvidarse ninguno. Durante el proceso, debemos asumir el compromiso. Algunas veces optamos por un elemento más icónico, perdiendo así jugabilidad, o buscamos un diseño más abstracto o figurativo dependiendo de la edad de los usuarios o de si se trata de un espacio público, un área de recreo asociada a un centro comercial, un patio escolar o un entorno urbano muy sensible. La seguridad se contempla siempre: todos nuestros espacios están certificados y la pedagogía es nuestro valor fundamental.

¿Deben adaptarse al entorno? ¿De qué forma?

A través de las gamas cromáticas o de los materiales empleados. Tenemos un configurador de entorno. Podemos usar los mismos árboles vivos de una zona natural. Usamos también la robinia certificada, una madera que no se pudre y no necesita ser impregnada con biocidas. También usamos mucho el metal, y paneles de todo tipo. El material que más nos gusta es la madera por su sostenibilidad y porque está más alineada con nuestra filosofía biofílica. El uso responsable de la madera es bueno para la naturaleza pues requiere muy pocos recursos en su transformación, valoriza el bosque y promueve su cuidado y, sobre todo, porque es un almacén de CO2 y se integra en todos los espacios.

Además del uso de la madera en su fabricación, ¿de qué forma los parques infantiles están en línea con la sostenibilidad?

Somos punteros en producción sostenible. Nuestros trabajos han sido publicados por organismos internacionales de producción limpia. Gracias al apoyo de la Fundación Torres Quevedo, hemos podido integrar a una doctora especialista en huella ambiental que está desarrollando una herramienta pionera de cálculo a través de la implementación de indicadores en el programa de diseño mecánico.

¿Los niños de qué países disfrutan de sus parques? ¿A dónde exportan?

Estamos trabajando de manera especial los mercados de Medio Oriente y África del Norte y Latinoamérica. Nuestros juegos pueden encontrarse en Singapur, Hong Kong, Polinesia, Rusia, Chipre, Marruecos, Angola y en la mayoría de los países de la Unión Europea.

¿Cuál es el proyecto más importante o especial que hayan desarrollado?

Es difícil citar uno solo porque realmente cada proyecto es único y supone un nuevo reto de diseño. Quizá el avión que desarrollamos para el centro comercial Espacio en Torrelodones o el proyecto de un parque ruso que juega como elemento guía con la tabla periódica de elementos de Mendeleiev. Y en Coruña tenemos el parque de Oza —con el balancín Prometeo, citado en foros internacionales y el más valorado por la ciudadanía— o el conjunto del Mandeo, que han colaborado en la consecución de un premio europeo y son elogiados en numerosos foros.

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Ustedes que conocen bien el sector en todo el mundo, ¿cuál es el parque infantil más impresionante del mundo?

Nuestro referente es Isamu Nuguchi, que en los años setenta abordaba el espacio con el lenguaje del Land Art y el tratamiento magistral de materiales nobles como la piedra basáltica, muy en su línea de dejar que el material inspirara la forma y la función. Creo que en la actualidad no se ha podido superar ese listón de exquisitez en un espacio de valor que perdura a lo largo de décadas no sólo no perdiendo valor, sino incrementándose como corresponde a un auténtico conjunto escultórico. Tiene varias obras en Estados Unidos y la pujante comunidad japonesa en Sao Paulo ha encargado alguna réplica.

¿Cómo cree será el parque infantil del futuro? ¿Qué podemos esperar o imaginar para nuestras próximas generaciones?

Creemos en lo que hacemos y por eso consideramos que el espacio público tendrá cada vez una planificación y unos materiales de mejor calidad. La idea del parque como almacén de cacharrería de mala calidad, de elementos inconexos instalados sin un plan conjunto, va a desaparecer en el futuro. La rentabilidad sociopolítica de la inversión en el espacio público es enorme, como demuestran los más recientes trabajos de los psicólogos ambientales. Por eso, se cuidarán especialmente los valores de integración, salud y pedagogía.

Un gran reto…

Sí, y el mayor de ellos es que el parque del futuro supla el déficit de contacto con la naturaleza que padecemos en las ciudades y que al mismo tiempo la seguridad de los equipos y los parques se amplíe hasta generar confianza para que los adultos dejen a los niños jugar solos. Así, podrán ensayar sus relaciones e interacciones para socializarse, aprender a compartir, sobrellevar la frustración y educarse para ser personas útiles para la sociedad.

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