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Energía que se imprime

14/05/2012

14 de mayo de 2012

Durante los últimos siglos el crecimiento económico mundial ha dependido de energías tradicionales como el petróleo, el carbón y el gas natural que, además de constituir una fuente de recursos limitada, contaminan al emitir gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global del planeta.

Lo cierto es que, para abastecer las necesidades energéticas de la humanidad, es necesario sustituir gradualmente los combustibles fósiles por las energías renovables. El principal inconveniente es que la electricidad generada a partir de la energía solar fotovoltaica es todavía muy cara con respecto a la convencional. El reto está, por lo tanto, en desarrollar nuevos métodos de producción a escala industrial que abaraten el coste de la célula solar y disminuya el precio de este tipo de electricidad.

Con esta filosofía, el Instituto Tecnológico Aido, en colaboración con Crespo Ballester, Kerajet y la Universitat Jaume I (UJI), participa en la iniciativa Solflex, coordinada por Siliken, que plantea una alternativa a las células fotovaltaicas compuestas por silicio, el material semiconductor más utilizado en la producción comercial de las células solares. El principal escollo que presenta este tipo de dispositivos son los costes asociados a la obtención de la materia prima (la purificación del silicio de grado solar y crecimiento de cristales).

Solflex gira en torno al diseño de una célula flexible de polímero mediante la aplicación de tecnologías de impresión de serigrafía industrial y tecnología inkjet que permite trabajar la deposición de materiales conductores y semiconductores para las distintas capas que componen el dispositivo.

Esta iniciativa, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Economía y Competitividad, plantea el diseño de un prototipo de célula fotovoltaica a escala industrial que abarate el coste de la electricidad e incremente tanto su eficiencia como su vida útil, adaptándolo a distintas aplicaciones. Por ejemplo, como fuente de energía para dispositivos móviles (ordenadores portátiles, PDA, teléfonos móviles, cámaras digitales, sistemas GPS, etc.), así como para el abastecimiento de las necesidades energéticas de los edificios (empleando células fotovoltaicas flexibles en ventanas, claraboyas, fachadas, azulejos, paredes, techos, etc.).

El mercado de la energía fotovoltaica es uno de los más dinámicos a nivel global, con tasas de crecimiento anual del 45%. Además, la Plataforma Fotovoltaica Europea predice que, de aumentar las inversiones en I+D, la energía solar fotovoltaica puede ser competitiva en el sur de Europa para el año 2015 y en el resto de Europa, en el 2020.

En ese sentido, España encabeza en la actualidad el ranking de producción de energía solar termoeléctrica y es el tercer país en potencia fotovoltaica instalada después de Alemania y Estados Unidos.

Iniciativas como Solflex permitirán el liderazgo español en el ámbito de la energía solar fotovoltaica, investigando y desarrollando aplicaciones para comercializar nuevos productos que podrían estar disponibles en el mercado aproximadamente dentro de cinco años.