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El IBFV producirá biocarburantes a través de cultivos de microalgas

09/05/2011

9 de mayo de 2011

En el mundo existen unas 40.000 especies de microalgas que subsisten en el planeta desde hace 4.500 millones de años, y que son seres vivos que proporcionan oxígeno y que constituyen el primer eslabón de la cadena alimentaria en el agua. Además, contienen ácidos grasos a partir de los que es posible generar biomasa, de la que se obtienen biocombustibles de segunda generación capaces de proporcionar energía limpia. También estos organismos acuáticos eliminan el CO2 que se acumula en la atmósfera, del que se alimenta para su desarrollo y crecimiento, de tal forma que por cada kilo de biomasa que genera, elimina un kilo de dióxido de carbono. Para ello, estos organismos dan lugar, primero, a biomasa, a partir de la que se obtienen multitud de productos alimentarios y farmacéuticos, además de energía.
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Cultivo de la microalga espirulina. Foto: Science Pics.
Por ello, el Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis (IBFV) de Sevilla, centro mixto de la Universidad de Sevilla y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desarrolla una serie de investigaciones para producir biocarburantes a partir de cultivos de microalgas alimentadas por CO2 y aguas residuales que transforman en fuente de energía. A través de los estudios de estos científicos andaluces, un consorcio empresarial formado por la empresa AlgaEnergy, Aena e Iberia, en colaboración con el CSIC y el Ministerio de Fomento, pondrá en marcha, a partir de junio, una plataforma tecnológica de experimentación de microalgas en la T4 del aeropuerto de Barajas-Madrid para producir estos carburantes sostenibles. La colaboración entre AlgaEnergy y el IBFV ya ha dado como resultado la obtención de algas que sextuplican la producción de lípidos, primordiales para la obtención de combustibles naturales, que actualmente se logra con los cultivos mas eficientes utilizados para este fin, como son el maíz, la soja o el aceite de palma, entre otros. Además de la mayor eficiencia energética, las microalgas no desvían a la producción de biocarburantes cultivos destinados a la alimentación humana, usan una menor superficie agrícola y no dependen de las condiciones meteorológicas, razones por las que esos biocombustibles de primera generación han sido criticados.