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El conformismo europeo no mejorará la competitividad frente a EE UU según JGB

24/01/2014

24 de enero de 2014

Los objetivos para 2030 en materia de clima y energía que ha presentado la Comisión Europea buscan garantizar una seguridad normativa a los inversores y propiciar el desarrollo de nuevas tecnologías, ha indicado Javier García Breva, experto en políticas energéticas y presidente de N2E, quien desvela que la única preocupación que subyace en la propuesta de la Comisión Europea es el incremento de los precios de la energía en todos los Estados miembros de la UE desde 2008 frente a la bajada de los precios del gas en Estados Unidos.

“La nueva propuesta de la Comisión, que ahora deberá debatir el Parlamento Europeo, es el fiel reflejo de las contradicciones, presiones y divisiones nacionales que debilitan el proyecto europeo desde el inicio de la crisis”, asegura Javier García Breva. “Con los mismos errores con que se ha afrontado la crisis de la zona euro, se afronta ahora el grave problema de la dependencia energética de Europa y sus costes sin que exista una correspondencia entre las gravedad de las preocupaciones y los nuevos objetivos”.

La elevada dependencia energética, la necesidad de incrementar las fuentes autóctonas, el objetivo de emisiones de CO2 para 2050 y el mismo cumplimiento de las directivas vigentes de renovables y eficiencia energética exigen unos objetivos mucho más ambiciosos y más vinculados al desarrollo de la industria, la tecnología y el empleo en toda Europa. “El conformismo de los objetivos no supone una base firme de mejora competitiva frente a los Estados Unidos. La Comisión afirma que la mejora de la competencia y de la eficiencia energética puede compensar el desequilibrio frente a otros socios internacionales, sin embargo la Comisión deja estos temas para otra ocasión de manera sorprendente”, continua García Breva.

Por otra parte, conseguir una reducción del 80-95% de emisiones de CO2 en 2050 y el 40% en 2030 sólo será posible con más renovables y más eficiencia energética. La Comisión no aclara por qué rebaja ahora los objetivos intermedios de la hoja de ruta para 2050 aprobados hace dos años. “Se puede asegurar que el objetivo de CO2 no se puede cumplir con un objetivo tan bajo de renovables y la eliminación del de eficiencia. Este significativo retroceso abre el paso a un mix energético con más gas y más energía nuclear, es decir, con más importaciones energéticas, más inseguridad, más costes ambientales, más costes para el sistema eléctrico, menos competencia y enormes riesgos asociados que por inasumibles se trasladan a toda la sociedad” ha señalado Javier García Breva.

La propuesta de gobernanza a través de planes nacionales y objetivos vinculantes para garantizar la continuidad y la seguridad de las inversiones es positiva y representa una gran esperanza para el futuro. Sin embargo, al dar más flexibilidad a los Estados miembros, eliminando objetivos nacionales de renovables, el carácter vinculante se diluye en puro voluntarismo y hace más fácil su incumplimiento.

La conclusión resulta evidente. El debate no ha terminado, acaba de empezar. Es el momento de las instituciones europeas y, en primer lugar, del Parlamento Europeo. “Se trata de mejorar no solo la competitividad de Europa sino también la vida de los ciudadanos y la energía puede ser la mejor política anticíclica para la recuperación económica y el empleo. Los tres objetivos de renovables, eficiencia y CO2 son complementarios y se necesitan entre sí. La propuesta de la Comisión, al separarlos, es incoherente y no servirá para reducir la dependencia energética ni los precios de la energía” finaliza García Breva.

Las claves de la nueva propuesta de la Comisión Europea son un objetivo vinculante de reducción del 40% de las emisiones de CO2 y un objetivo vinculante y mínimo del 27% de energías renovables en la UE, sin objetivos nacionales.

La eficiencia energética se sigue considerando imprescindible para alcanzar los objetivos de política energética y de competitividad pero sus objetivos quedan pendientes de la revisión de la directiva de eficiencia energética antes de que finalice 2014.

De esta forma se establece un sistema de indicadores para evaluar los avances y determinar las posibles respuestas políticas y la creación de un sistema de gobernanza basado en planes nacionales para dar seguridad a las inversiones, transparencia, ambición y coherencia que asegure el cumplimiento de los objetivos.