Tres son los principales sistemas de desinfección: cloro, ozonización y electrólisis salina

Tratamientos para la desinfección del agua

Roberto Gómez07/06/2010
Llega el verano, y con él, la afluencia masiva a las piscinas. Existen numerosas infecciones y enfermedades asociadas al uso común de estos espacios públicos. Pero no hay que ser alarmista: existen numerosos medios de control y desinfección tanto de piscinas como spas que minimizan el riesgo de contagio de estas patologías. Conocer estos medios, y por supuesto, aplicarlos correctamente, librarán a los usuarios de esos incómodos síntomas de malestar general en ocasiones graves.
Las piscinas, tanto cubiertas como exteriores, y los centros de hidroterapia de uso colectivo, son instalaciones susceptibles de ser contaminadas por un considerable grupo de microorganismos o gérmenes. Algunos de estos agentes tienen importantes consecuencias que pueden derivar de su crecimiento y proliferación en dichas instalaciones. Éstas son, básicamente, la bajada de la calidad del agua de baño y los riesgos para la salud tanto para el usuario de las piscinas así como para los trabajadores que desarrollan en ellas su actividad profesional.Hay que considerar también los riesgos asociados a la utilización de productos químicos, especialmente en piscinas cubiertas y centros de hidroterapia climatizados. En ellos, usuarios y trabajadores se hallan en contacto con productos químicos empleados en la desinfección, mantenimiento y tratamiento del agua o sus derivados y que pueden representar un riesgo de exposición por inhalación o contacto con ellas.
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La legionelosis es una de las patologías que más ha aumentado exponencialmente en los últimos años en piscinas y spas públicos. Foto: John Nyberg.

Infecciones comunes

Son numerosos los microorganismos que encuentran en las piscinas públicas o spas su hábitat idóneo. Si al agua estancada sumamos los agentes transportados por los usuarios, una piscina o un centro de hidroterapia se pueden convertir, si no se tratan adecuadamente, en un caldo de cultivo perfecto para muchas infecciones.Las bacterias más comunes en las piscinas son la 'Escherichia Coli' o la' Shigella', que pueden producir diarreas, vómitos y fiebre. Otras, como la 'Staphylococcus Aureu's, son causantes de infecciones en la piel, en los ojos o en el oído. Los mismos usuarios de estos espacios públicos suelen ser los portadores de estas bacterias, pero también de algunos virus, como los causantes del papiloma.

En las zonas húmedas anexas al propio vaso de la piscina, así como en las duchas, es frecuente la aparición de hongos que provocan enfermedades como el pie de atleta o la candidiasis. Por su parte, un inadecuado tratamiento del agua puede propiciar la aparición de algas.

Una de las patologías asociadas al agua y que en los últimos años ha tenido una difusión mediática más importante ha sido la legionelosis
Una de las patologías asociadas al agua y que en los últimos años ha tenido una difusión mediática más importante, ha sido la legionelosis (enfermedad respiratoria producida por 'Legionella pneumophila'). Las piscinas de spa representan el tercer causante más habitual de esta enfermedad. A consecuencia de las altas temperaturas del agua –entre 30 y 40 °C–, a la disponibilidad de nutrientes y a su intrincado diseño, las piscinas de spa son particularmente susceptibles a la proliferación de microorganismos. Además, el alto nivel de contacto entre la piel del bañista y la superficie del spa, promueven una rápida formación de biofilm que obliga a una limpieza frecuente.

Tratamiento convencional

Una buena prevención es fundamental para evitar riesgos en piscinas y spas. Para que la utilización de una piscina sea realmente satisfactoria y podamos disfrutar de ella con total tranquilidad, el agua que la llena ha de cumplir una serie de requisitos. Para empezar, la limpieza, que se refleja en el color y la claridad. Por otro lado, las cualidades organolépticas, como el olor y el gusto. Y por último, el confort, es decir, que no produzca irritaciones en la piel o en los ojos. Antes de cualquier tratamiento, el agua debe ser sometida a un filtrado para eliminar la contaminación macroscópica. La opción más común es la aplicación de químicos, en concreto, la incorporación de cloro en el agua. Este producto, aunque muy efectivo, presenta una serie de inconvenientes. Una hipercloración produce irritación en piel y ojos, a lo que hay que añadir el riesgo que produce su manipulado. Además, en aquellas aguas con una determinada contaminación, el cloro puede reaccionar con unos compuestos denominados 'precursores' (ácido fúlvico, húmico y tánico). Los productos de estas reacciones son los llamados 'Trihalometanos', de carácter fuertemente cancerígeno. Las desinfecciones químicas, el mantenimiento del sistema de filtrado y la limpieza del sistema de spa son protocolos de gestión esenciales para garantizar un funcionamiento seguro e higiénico de estos centros.

Alternativas al cloro: ozonización y electrólisis salina

Existen actualmente diferentes sistemas para garantizar los valores de limpieza, organoléptica y confort. A continuación se detallan dos de estos procesos de tratamiento de aguas estancadas.

La ozonización se está mostrando como un eficaz medio para combatir todo tipo de microorganismos. Se trata de un oxidante mucho más poderoso que cualquier otro. Su efectividad en la desinfección es extraordinaria, pues su capacidad bactericida, funguicida e incluso antivírica es la mayor conocida. Esta capacidad es independiente del pH del agua, lo que elimina la necesidad de un control exhaustivo. Dado su poder de oxidación, es capaz de oxidar los precursores de los halógenos, evitándose la formación posterior de 'Trihalometanos' y otros compuestos cancerígenos. El uso de cloro y sus derivados, deja en el agua una gran cantidad de cloritos, perjudiciales para la salud. El ozono reacciona con los cloritos para convertirlos en cloratos, que no son perjudiciales para la salud. El producto de descomposición del ozono es oxígeno; por tanto, el residuo presente en la piscina se irá reduciendo a burbujas de oxígeno. Estas burbujas ayudan a que las algas filamentosas y el polvo no se adhieran a las paredes de la piscina. Además, se produce en el mismo lugar de aplicación sin necesidad de manipulación. Por eso no hay que almacenar ni manipular sustancias peligrosas con el gran riesgo que esto conlleva para la salud.

Como en otros medios de desinfección, hay que añadir un floculante para lograr un agua más transparente así como un alguicida. Actualmente, la legislación obliga a la adición de otras sustancias desinfectantes con poder residual como el bromo en las piscinas públicas, debido a que el ozono no tiene gran permanencia en el vaso de la piscina.

Los sistemas de electrólisis mejora la calidad del agua, evitando la manipulación de productos químicos y simplificando las tareas de mantenimiento
Los sistemas de electrólisis salina aportan un nuevo concepto para el tratamiento de las piscinas. Mejora la calidad del agua, evitando la manipulación de productos químicos y simplificando en gran medida las tareas de mantenimiento. Los sistemas de electrólisis salina generan cloro a partir de la sal común disuelta en el agua. La sal necesaria para su funcionamiento debe ser añadida a la piscina en una concentración de 4-6 Kg./m3 (5-6 veces inferior a la del agua del mar). La sal se añade al agua y en el ánodo de la célula electrolítica se produce cloro mediante la siguiente reacción por electrólisis. Este cloro se disuelve en el agua formando ácido hipocloroso que oxida la bacteria. Después se genera otro producto como el oxígeno activo, que añade un poder desinfectante extra al proceso, esterilizando así el agua. Una vez desinfectada el agua, el ácido clorhídrico reacciona con la sosa cáustica en una reacción de neutralización, volviendo a dar sal y agua. El hidrógeno y el oxígeno reaccionan formando agua.El tratamiento del agua por electrólisis salina es un sistema cerrado en el que no hay consumo de sal. El cloro generado destruye la materia orgánica y patógenos presentes en el agua, transformándose de nuevo en cloruro sódico (sal común).
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La desinfección por cloro sigue siendo, hoy por hoy, el método más utilizado.