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Chicas del Radio: in memoriam

Paula Llull07/03/2014


La incorporación de la mujer al mundo laboral puede considerarse una conquista que deja tras de sí muchas bajas. Incluido por derecho propio en los anales de la historia queda ya el caso de las Chicas del Radio (Radium Girls), que lo que encontraron en su ‘atractivo’ trabajo no fue un modo de ganarse la vida, sino una trampa para perderla.

El 27 de octubre de 2013 se cumplían 8 décadas de la muerte de Grace Fryer, una de las ‘Chicas del Radio’ (‘Radium Girls’) que pleiteó contra US Radium, la empresa que, con conocimiento de causa, permitió que sus trabajadoras enfermasen manejando una sustancia radiactiva.

La Jornada del 8 de marzo (Día Internacional de la mujer trabajadora) debe instarnos a honrar la memoria de estas mujeres y todos los trabajadores que mueren anónimamente por la ambición, carente de escrúpulos, de quienes debieran velar por su seguridad y salud.


Los primeros relojes con esfera iluminada

Grace Fryer trabajó en una fábrica que hizo los primeros relojes con esferas iluminadas. Estos relojes se pintaban con pintura radiactiva que utilizaba personal exclusivamente femenino. Para mantener tersa la punta de sus pinceles, las chicas pasaban las cerdas por sus labios. Grace y muchas de sus compañeras de trabajo tienen el triste mérito de haber pasado a formar parte de los primeros registros estadounidenses de intoxicación industrial. El material radiactivo se almacenó en los cuerpos de las mujeres y casi todas murieron. Se dice que aún es posible obtener elevados registros de radiación en las inmediaciones de la tumba de esta infortunada trabajadora.


Las chicas del radio
Las chicas del radio

Un salario mortal

Las chicas ganaban entre 20 y 24 dólares por semana, cuando el salario medio de las mujeres de Nueva Jersey en ese momento era de unos 15 dólares.

Aunque el trabajo parecía agradable, las mujeres estaban expuestas diariamente a altos niveles de radiación nociva. Los estudios de pintura estaban tan llenos de polvo y residuos procedentes de la pintura con radio que la piel y el cabello de las mujeres brillaban cuando salían del trabajo.

Además, con el fin de proporcionar más precisión a su pintura, se les instruyó para que mantuvieran tersas las puntas de sus pinceles de dibujo pasándolos entre los labios.

Las Chicas del Radio mezclaban pegamento, agua y el polvo de radio para hacer la pintura fluorescente. Utilizaban cepillos de pelo de camello para aplicar la pintura brillante en los diales.


Negligencia, omisión, desprecio, dolo…

La actitud de los responsables es acreedora a muchos epítetos peyorativos. Se da la circunstancia de que los propietarios y científicos de la firma, familiarizados con los efectos nocivos del radio, evitaban escrupulosamente toda exposición a la sustancia. Los químicos de la planta usaban pantallas de plomo, máscaras y pinzas. Flagrante es la paradoja de que incluso US Radium había distribuido entre la comunidad médica literatura ‘ad hoc’ en la que se describían los efectos lesivos del radio.

Los pinceles se deformaban por la punta a las pocas pasadas de pintura, por lo que los supervisores de US Radium recomendaban a las operarias que les devolviesen la forma puntiaguda óptima para pintar pasándolos por los labios o usando la lengua. Por diversión, las chicas radiactivas también pintaron sus uñas, los dientes o la cara con la pintura letal producida en la fábrica, para refulgir en la oscuridad cuando se apagaba la luz. Muchas de las trabajadoras del radio enfermaron, sin que haya sido posible establecer cuántas murieron por su inopinada exposición a la radiación.