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La privación de sueño, ‘bomba de relojería’

Manuel Domene22/02/2016
No estamos ante un tema baladí: el sueño es vida. Según el ciclo circadiano, los trabajadores privados de sueño –o simplemente fatigados- ponen en riesgo el nivel de la productividad y de la calidad del trabajo. Y lo que es más grave, se crea una situación potencialmente peligrosa en la que no hace falta especular sobre la posibilidad de accidente-incidente (esta contingencia está asegurada), sino en cuándo se producirá la desgracia y cuál será su magnitud. Nuestra sociedad no puede menospreciar la calidad-cantidad de sueño, por más que ésta no tenga consecuencias dramáticas inmediatas.

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Cuestión capital

El dormir bien no es un asunto de la esfera privada. Hace años, Francia, convirtió el tema en una ‘Cuestión de Estado’. Numerosos estudios apuntan que en España dormimos poco y, además, con poca calidad (descanso no reparador). Veamos algunos de los riesgos de la privación de sueño.

-Disminución del rendimiento. Esto conlleva un sobreesfuerzo para desarrollar las actividades laborales normales, disminución del nivel de alerta general y dilatación del tiempo de respuesta.

-Aumento del número de errores. El perjuicio cognitivo paralelo a la privación de sueño hace que cualquier actividad esté sujeta a numerosos errores (en la doble vertiente de comisión y omisión). Estos errores pueden causar auténticos estragos en actividades sometidas a un ritmo de trabajo, o que entrañen riesgo para la seguridad.

-Incapacidad para conducir. Es consecuencia del aumento de la posibilidad de error. En este apartado no solo se incluyen los vehículos, sino toda la maquinaria cuyo manejo entrañe riesgos para el usuario, o su entorno.

-Merma de la capacidad de asimilación y memoria. Una disminución de la memoria de trabajo (o memoria reciente) implica pérdida de capacidad para desarrollar o actualizar sobre la marcha estrategias basadas en información nueva, junto con la incapacidad para recordar una secuencia temporal de eventos recientes.

-Estado de ánimo inadecuado. Un mal estado de ánimo puede provocar estallidos emocionales como irritabilidad, impaciencia, comportamiento inmaduro, falta de respeto por las convenciones sociales, alteración de la relación con otras personas, etc.
Conviene que el mundo de la prevención sea consciente de la importancia que tiene el sueño, que ha sido declarado ‘Cuestión de Estado’ en países de nuestro entorno.

-Aumento de la temeridad. Los estudios de imágenes cerebrales muestran que la falta de sueño provoca una activación de regiones cerebrales responsables de la toma de decisiones arriesgadas, mientras que las regiones que regulan el control racional y lógico muestran una menor activación. En definitiva, se produce una desinhibición, en la que la percepción subjetiva de ‘ganancia’ supera a la de potencial ‘pérdida’.

-Incapacidad para reaccionar-rectificar. La falta de sueño actúa negativamente sobre el pensamiento flexible, la contención de pensamiento o acción, la actualización estratégica a partir de nueva información, la capacidad para introducir una divergencia de pensamiento, o la innovación sobre la marcha.

-Sumatorio de efectos negativos. Cuatro o más noches de privación parcial de sueño (menos de 7 horas de sueño/noche) pueden equiparse a una noche completa en blanco. Esta privación total de sueño puede afectar la funcionalidad de las personas durante un periodo de hasta 2 semanas. El cerebro es un buen contable y no lo podemos engañar.

Por todo ello, es fácil concluir que la mala calidad del sueño se perfila como un riesgo emergente en el ámbito preventivo laboral. El 19 de marzo ha quedado instituido como Día Mundial del Sueño (World Sleep Day).

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¡La vida es sueño!

Con un enfoque diferente al de Calderón de la Barca, podemos asumir la sentencia de que “la vida es sueño” o, precisando aún más, decir que la calidad de vida depende de la calidad del sueño. Y así podemos inferir otros razonamientos en el campo laboral: ¿Depende la seguridad de la calidad del sueño? Rotundamente, sí. De hecho, existe una relación inversamente proporcional. Es decir, a menor calidad del sueño, mayor probabilidad de que se produzcan accidentes. Así pues, conviene que el mundo de la prevención sea consciente de la importancia que tiene el sueño, que ha sido declarado ‘Asunto de Estado’ en países de nuestro entorno. Y es que la vida es sueño e, indiscutiblemente, ¡el sueño es vida!

Manuel Domene. Periodista