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El Lighting Designer en nuevos procesos de diseño

Paolo Portaluri01/01/2013

En ámbito urbano y arquitectónico son cada vez más frecuentes las prácticas de diseño que se suelen denominar bottom-­up: sus características son el acercamiento al proyecto global de la ciudad empezando por sus detalles, en la pequeña escala, intentando tener en cuenta una multitud de variables y actores.

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Autor: FOTO: http://guerrillalighting.net/

A veces se habla de “diseño participado” porque se desarrollan formatos para involucrar las múltiples miradas (ciudadanos, pero también varios especialistas) que determinan el contexto local específico en que se va a intervenir.

Desde prácticas demostrativas experimentales (los “temporary use projects” en ciudades como Berlín o Londres, y las varias “guerrillas” y “masas críticas” urbanas) dirigidas a la re-utilización de áreas abandonadas
o ineficientes (desde el punto de vista social, funcional, económico), han llegado a entrar en la práctica común
de las administraciones a la hora de hacer programas urbanos, o a ser el método predilecto por algunos estudios de arquitectura.

El interés que el bottom-­up está generando es testimoniado por muchos de los últimos festivales y premios de
arquitectura: desde los que están especialmente enfocados a “intervenciones de cirugía urbana que pretenden
mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos” (eme3, Public Space) hasta la Bienal de Venecia que este
año ha otorgado el Leone d'oro a los arquitectos y “los ciudadanos de Caracas” que han transformado Torre
David, dando también un premio especial a las Spontaneous Interventions del pabellón norteamericano.

A la aproximación bottom-up se puede relacionar también el trabajo de colectivo de diseñadores de iluminación,
como por ejemplo, Tanteidan Transnacional Lighting Detectives, Guerrilla Lighting, Social Light Movement, Concepteurs Lumière Sans Frontières, Collettivo Azione Luce.

Diferentes entre ellos, estos colectivos tienen en común la visión de crear una plataforma abierta donde se
encuentren la sociedad con los profesionales, para compartir inspiraciones y conocimientos, dando valor a
las identidades culturales relacionadas a la luz o que la luz pueda promover.

Quieren llamar la atención para sensibilizar y educar administraciones y ciudadanos sobre los beneficios de una
buena luz, tanto en aspectos técnicos (consumo, niveles, etc.) como más intangibles relacionados con ergonomía o psicología.

Están intencionados en practicar acciones sociales o humanitarias para promover la figura del diseñador de
iluminación en un ámbito de desarrollo sostenible.

Espontaneidad, identidad, comunidad, irregularidad, mirada múltiple son las palabras recurrentes.

¿A qué se debe tanto interés en tales prácticas? ¿Se ha acabado verdaderamente la temporada de la arquitectura elitista y espectacular? ¿O se trata, con palabras de Manuel Ocaña, de complacencia social?

Más específicamente ¿cómo afecta esta turbulencia la profesión del Lighting Designer?
Los problemas que nos encontramos a la hora de enfrentarnos a diseños de iluminación urbana son principalmente de carácter “estratégico”, de equilibrios entre los actores que participen a la toma de decisiones.
Simplificando, la situación actual ve las administraciones tomar decisiones bajo la presión del sector empresarial
(iluminotécnico y energético), con los ciudadanos normalmente ignaros o, en los mejores de los casos, involucrados para un consenso pasivo.
Los diseñadores de iluminación tienen que luchar con administradores y empresas para encontrar reconocimiento y un rol marginal.

La metodología bottom-­‐up quiere alterar estos equilibrios. En definitiva, el reto que nos pone se puede resumir
en tres preguntas:

1. ¿Cuál es la función de los Planes Directores de Alumbrado público?
2. ¿Tiene sentido involucrar a la ciudadanía y en qué manera?
3. ¿Cuál es el rol del diseñador de iluminación?

1. ¿CUÁL ES LA FUNCIÓN DE LOS PLANES DIRECTORES DE ALUMBRADO PÚBLICO?
Si encontramos más eficaces y eficientes los métodos de diseño urbano que empiezan con el diseño de las
partes individuales y con acciones a corto plazo, ¿podemos considerar un Plan Director cómo una herramienta
que guíe el diseño de la ciudad?

Sí, si tratará no tanto de contenidos sino de formatos y estrategias. Y si estos formatos y estrategias están
abiertos a trabajar en la pequeña escala, a promover identidades locales y a crear plataformas donde se
encuentren todos los actores interesados (especialistas y no) y donde todos los partners que participan al
proyecto tengan la misma fuerza y un acceso igualitario a la información.

Los que ahora se consideran “irregularidades” y tienen carácter de guerrilla pueden llegar a ser una práctica
común compartida por ciudadanos, administraciones y profesionales.

2. ¿TIENE SENTIDO INVOLUCRAR A LA CIUDADANÍA Y EN QUÉ MANERA?
Sí, si tenemos en cuenta dos ulteriores beneficios que se podrían conseguir en el sector iluminotécnico.
El primero es la sensibilización de la ciudadanía al tema del alumbrado público. Este paso es fundamental.
Porque los políticos están dispuestos a invertir si tienen un retorno electoral y, como explica José Cardona
“a la masa social le importa menos la cuestión del alumbrado que otras necesidades básicas como son el
empleo o la asistencia sanitaria”.
Sensibilizar a la ciudadanía sobre la importancia de una buena luz querrá decir entonces que también las
administraciones estarán más interesadas en invertir en obras de alumbrado urbano.

El segundo beneficio es una redefinición de la estrategia y equilibrios entre los actores que participan o tendrían
que participar al diseño de la ciudad. Sensibilizados y educados los ciudadanos, serán éstos los que se transformarán en promotores activos de intervenciones, quienes soliciten y hagan propuestas para una iluminación más eficiente y más vivible, quienes presionen las administraciones, replanteando el sistema de
diseño urbano y los mecanismos de participación pasiva que se suelen poner en práctica.

3. ¿CUÁL ES EL ROL DEL DISEÑADOR DE ILUMINACIÓN?
En el nuevo sistema de relaciones y equilibrios entre los actores que tomen parte al diseño, ¿qué rol asume
el diseñador de iluminación?
Las administraciones puede convertirse desde financiadores o decisores a facilitadores; podrán así beneficiarse
(especialmente en un momento donde no hay presupuestos para obras públicas) en conceder espacios a colectivos o privados para que se encarguen ellos de rehabilitar zonas necesitadas, con la guía de expertos y
especialistas (los diseñadores de iluminación, pero también otras figuras profesionales). Las empresas colaborarán para llevar a cabo el proyecto, beneficiándose igualmente del retorno económico.

El diseñador tendrá que ser un técnico con una sensibilidad especial, capaz de asesorar con un punto de vista
profesional y especialista sobre los aspectos relacionados con la luz.
Le harán falta capacidades de mediación, para vehicular la transferencia de know-­how entre expertos y sin
experiencia, en un equipo mixto y multidisciplinar.

Pero lo que creo que tenemos que promover principalmente es su función como educador.
No sólo para formar otros Lighting Designers, sino para enseñar con ejemplos la buena iluminación a todos los
sectores sociales, y dar a los ciudadanos las herramientas culturales para poder exigir mejoras efectivas para
que sean los reales beneficiarios de la iluminación urbana.

Unos agradecimientos van a las personas con quien se han compartido experiencias y puntos de vista sobre
el tema tratado, especialmente a:
Jose Cardona (APDI, E1d Design Light Studio)
Daniel Schertel (Technische Universität Berlin, “¿Diseñar la ciudad con métodos de guerrilla?”)

Este artículo es un extracto de la ponencia presentada en la mesa redonda “El factor humano de la luz” durante
el EILD 2012.

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Autor: FOTO: http://www.spontaneousinterventions.org/
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