OPINIÓN
Tribuna de opinión

Sobre liderazgo y otras cuitas

Juan Díaz Cano, presidente de la Real Liga Naval Española.

02/07/2026
Juan Díaz Cano, presidente de la Real Liga Naval Española
Juan Díaz Cano, presidente de la Real Liga Naval Española.

De siempre me he preguntado el motivo por el que España, desde el surgimiento de la revolución industrial, no ha sido nunca capaz de liderar un solo proyecto que haya cambiado el rumbo de la historia. Se me podrá decir que esta aseveración es excesiva pues España ha dado al mundo personajes como Juan de la Cierva, inventor del autogiro o Isaac Peral, inventor del submarino (dejemos de lado a los padres de inventos tan españoles como la fregona o el chupachups). Y es cierto, España en algún momento de su historia alumbró proyectos industriales novedosos que poco tardaron en ser aplastados por la acción de sus gobiernos. Fue la industria extranjera la que desarrolló y consolidó el submarino o el helicóptero ante la abúlica mirada al exterior de nuestros políticos, empresarios y burócratas.

No sé hasta qué punto la razón de todo ello tenga que ver con nuestra tradicional visión católica tan poco dada a la valoración del líder empresarial en comparación con visiones más materialistas como la luterana o el resto de las ramas protestantes. Algo me dice que ahondar en este razonamiento solo me va a conducir a meterme gratuitamente en un jardín, así que intentaré buscar otras explicaciones.

Tal vez la explicación a esta falta de ímpetu nacional sea mucho más sencilla: España ha carecido, y sigue haciéndolo, del número suficiente de líderes políticos y empresariales. Es esta ausencia de motor la que determina que seamos un país que va a remolque de la vanguardia y que lleguemos a ella siempre con una década de retraso.

Lo que diferencia al líder del directivo empresarial común y corriente es que el líder siempre ve lo que no es evidente. Visualiza el futuro y se adapta a esta visión. Lo que separa al líder del directivo es que el líder está dispuesto a arriesgarlo todo por el proyecto en el que cree. Lo que aleja al líder del directivo es que el líder no teme enfrentarse a los poderes públicos. Lo que distingue al líder del directivo es que el líder acepta el fracaso como una variable más de cada proyecto. Finalmente, lo que distingue al líder es su capacidad para levantarse tras la caída.

Esta generalización es de evidente aplicación al acomodaticio sector marítimo español en el que todo avance no deja de ser una adaptación o una copia al albur de los ciclos económicos alcistas o bajistas. Ello no quiere decir que no existan líderes, alguno conozco y me merece la admiración de quien va un paso por delante de los demás. A mediados del siglo XIX un publicista liberal llamado F. Bastiat hablaba, sin ser muy consciente de ello, de una idea de directa aplicación al concepto de liderazgo. Hablaba de lo que se ve en una economía y de lo que no se ve, pero incide en ella. Es solo el líder quien ve lo que no se ve.

Imagino que algún que otro lector pueda haberse sentido molesto con este artículo dada la predisposición de la mente humana a la comparación. Huyamos de eso, inspirémonos en la película Matrix e imitemos a Morfeo quien, después de llevar a Neo a la luz a través de la pastilla roja, no quiere saber si el oráculo ha confirmado si Neo es el elegido. Ser el elegido nunca es fácil. Es algo reservado a muy pocos.

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