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Descarbonización del transporte marítimo

Energía nuclear y el futuro del transporte marítimo

Virginia Crosbie, directora general de la Organización Marítima de Energía Nuclear (NEMO)

04/06/2026

El sector marítimo siempre se ha caracterizado por su capacidad de innovación.
Del velero al vapor, del carbón al petróleo y, ahora, en la transición hacia combustibles de bajas y cero emisiones, el transporte marítimo ha sabido adaptarse de forma continuada a las necesidades cambiantes del comercio global. Hoy, la industria afronta otro desafío transformador: descarbonizar el transporte marítimo internacional manteniendo, al mismo tiempo, la fiabilidad, la escala y la competitividad económica de la que depende el comercio mundial.

Virginia Crosbie, directora general de la Organización Marítima de Energía Nuclear (NEMO)
Virginia Crosbie, directora general de la Organización Marítima de Energía Nuclear (NEMO).

Cada vez resulta más evidente que no existe una única solución.

Los combustibles alternativos como el metanol, el amoníaco o el hidrógeno tendrán un papel relevante. Sin embargo, a medida que avanzan los debates en el sector marítimo, la energía nuclear vuelve a emerger como una opción seria, que merece ser considerada.

Para muchas personas, la idea de buques mercantes propulsados por energía nuclear puede parecer futurista. En realidad, no lo es, ni es teórica.

La propulsión nuclear ha operado de forma segura en el mar durante más de setenta años.

Más de 700 reactores han sido instalados a bordo de buques militares en todo el mundo, acumulando millones de millas náuticas de experiencia operativa. Rusia ha operado rompehielos nucleares de forma continuada durante décadas, demostrando la capacidad de este tipo de buques para funcionar con seguridad en algunos de los entornos marítimos más hostiles del planeta.

Quizá el ejemplo civil más conocido sea el ‘NS Savannah’.

Botado en 1959 dentro del programa ‘Átomos para la Paz’ del presidente Eisenhower, el ‘NS Savannah’ fue diseñado para demostrar el uso pacífico de la tecnología nuclear. Aunque finalmente no resultó competitivo frente al transporte marítimo convencional de la época, demostró que un buque mercante civil de propulsión nuclear podía operar de forma segura y exitosa. Más importante aún, evidenció que las principales barreras no eran tecnológicas, sino económicas, regulatorias y políticas.

Hoy, las circunstancias son muy distintas.

La industria naviera mundial afronta una presión creciente para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. La Organización Marítima Internacional (OMI) ha adoptado objetivos ambiciosos de descarbonización, mientras que clientes, inversores y gobiernos exigen reducciones significativas en la intensidad de carbono.

Este reto es especialmente complejo en el caso del transporte de larga distancia.

Los grandes portacontenedores, graneleros, cruceros y plataformas offshore requieren enormes cantidades de energía continua. Aunque las baterías pueden ser útiles en aplicaciones de corta distancia y los combustibles alternativos ofrecen vías prometedoras, muchos operadores reconocen las dificultades prácticas asociadas al almacenamiento de combustible, la densidad energética, la infraestructura de repostaje y las emisiones a lo largo del ciclo de vida.

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Aquí es donde la energía nuclear ofrece ventajas singulares.

Un buque propulsado por energía nuclear puede operar durante muchos años sin necesidad de repostar combustible. Las tecnologías avanzadas de reactores pueden proporcionar energía de base fiable independientemente de las condiciones meteorológicas o de la disponibilidad de combustible. La propulsión nuclear no genera emisiones de gases de efecto invernadero durante su operación y requiere un volumen de combustible muy inferior al de las alternativas convencionales.

Para los armadores, esto puede traducirse en mayor flexibilidad operativa, mayor capacidad de carga y una menor exposición a la volatilidad de los precios del combustible.

Para los gobiernos, supone una oportunidad para reforzar la seguridad energética y la competitividad industrial.

Para los puertos y las comunidades costeras, abre una vía hacia operaciones marítimas más limpias sin comprometer la actividad económica.

Es importante señalar que el debate ya no se limita únicamente a la propulsión.

El desarrollo de pequeños reactores modulares avanzados (SMR) y microreactores está generando nuevas oportunidades en el conjunto del sector marítimo. Las centrales nucleares flotantes podrían suministrar electricidad limpia a puertos, regiones costeras remotas, islas e instalaciones industriales offshore. Asimismo, los hubs energéticos marítimos impulsados por energía nuclear podrían apoyar la producción de hidrógeno, la desalación y la descarbonización industrial.

En muchos sentidos, la energía nuclear marítima forma parte de una conversación más amplia sobre el futuro de los sistemas energéticos globales.

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Por supuesto, siguen existiendo desafíos significativos.

El debate público sobre el transporte marítimo nuclear suele centrarse en la tecnología de los reactores. Sin embargo, los principales retos son institucionales más que técnicos.

Cuestiones como la regulación, la seguridad, la protección, la responsabilidad civil, los seguros, la formación de la mano de obra y el acceso a puertos deben resolverse antes de que pueda darse una implantación comercial a gran escala.

Afortunadamente, este trabajo ya está en marcha.

La Organización Marítima Internacional y el Organismo Internacional de Energía Atómica están analizando activamente el marco futuro necesario para las aplicaciones nucleares marítimas avanzadas.

Gran parte del marco internacional existente ya está disponible. El Capítulo VIII del Convenio SOLAS regula específicamente los buques nucleares, mientras que el Código de Seguridad para Buques Mercantes Nucleares de la OMI ofrece una base sobre la que construir futuras normativas. Sin embargo, estos marcos se elaboraron hace décadas y requieren una actualización para reflejar las tecnologías y condiciones operativas actuales.

Las sociedades de clasificación, como Lloyd’s Register, ABS, Bureau Veritas, ClassNK y RINA, están desempeñando un papel clave en el desarrollo de estándares, guías y marcos de certificación necesarios para su futura implantación.

En el conjunto del sector, gobiernos, reguladores, aseguradoras y desarrolladores tecnológicos están colaborando de forma creciente para abordar conjuntamente estos retos.

Este impulso ha llevado a la creación de NEMO (Nuclear Energy Maritime Organization), que reúne a actores del ámbito marítimo, nuclear, regulatorio, asegurador, de clasificación y portuario para apoyar el desarrollo seguro y responsable de las aplicaciones de energía nuclear en el mar. NEMO obtuvo estatus consultivo ante la OMI en 2025 y trabaja con actores de todo el mundo en el desarrollo de los marcos regulatorios y de políticas necesarios para su futura implementación.

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Europa ofrece una perspectiva especialmente relevante en este debate.

España cuenta con una amplia experiencia en energía nuclear civil y sigue dependiendo de esta tecnología para aproximadamente una quinta parte de su generación eléctrica. Al mismo tiempo, el país avanza hacia un calendario de cierre progresivo de su parque nuclear actual para 2035, lo que abre un debate nacional sobre seguridad energética, competitividad industrial y el papel de la energía firme de bajas emisiones en la transición energética.

Para una gran nación marítima con puertos, astilleros e infraestructuras logísticas de relevancia global, estas cuestiones se entrelazan cada vez más con el futuro del propio transporte marítimo.

Los astilleros españoles cuentan con una larga tradición de excelencia en ingeniería. Sus puertos conectan Europa, África y América, gestionando algunas de las principales rutas comerciales del mundo. A medida que la industria marítima explora futuras vías de combustibles, España se encuentra en una posición favorable para contribuir al debate sobre el papel que podrían desempeñar las tecnologías nucleares avanzadas en el futuro del transporte marítimo.

Lo mismo ocurre en el conjunto del Mediterráneo.

El transporte marítimo siempre ha sido clave para la prosperidad económica de la región. A medida que avanza la descarbonización, mantener la competitividad reduciendo al mismo tiempo las emisiones exigirá apertura a un abanico de soluciones tecnológicas.

La energía nuclear puede no ser la respuesta para todos los buques o rutas. Sin embargo, cada vez resulta más difícil sostener que no deba formar parte del debate.

La industria marítima ya ha afrontado transformaciones profundas en el pasado.

La diferencia hoy es que la tecnología avanza con rapidez, la presión climática se intensifica y la necesidad de energía limpia y fiable nunca ha sido mayor.

La cuestión ya no es si la energía nuclear puede operar de forma segura en el mar, porque la historia ya ha demostrado que puede hacerlo.

La verdadera pregunta es si la industria, los reguladores y los gobiernos serán capaces de trabajar con suficiente rapidez para establecer los marcos que permitan aprovechar su potencial.

Si lo logran, la energía nuclear podría convertirse en una de las herramientas más importantes para lograr un transporte marítimo global más limpio, seguro y resiliente.

Como en toda gran transición marítima anterior, el éxito dependerá no solo de la tecnología, sino de la cooperación internacional, una regulación bien diseñada y un compromiso compartido con la innovación. La oportunidad es significativa. El trabajo ya ha comenzado.

Virginia Crosbie es directora general de la Organización Marítima de Energía Nuclear (NEMO), una organización internacional de miembros que reúne a actores de los sectores marítimo y nuclear para impulsar la implantación segura de aplicaciones de energía nuclear en el ámbito marítimo. Fue diputada y actualmente forma parte del Consejo de Administración del Instituto Nuclear (Nuclear Institute).
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