Celebrando el Día Mundial de los Océanos
La primera vez que escuché la palabra ‘ánfora’ tenía cinco años. Estaba sentada sobre una alfombra de colores con mis compañeros de clase, mirando atentamente a la profesora mientras nos leía un cuento de aventuras sobre el mar, con sus consabidos piratas y galeones. En esos años, no se mencionaban los recursos limitados, no se hablaba acerca de la sobreexplotación pesquera, ni siquiera la contaminación de los océanos era motivo de conversación. Todo era perfecto o, por lo menos, así lo creíamos. En los años 90, mis compañeros y yo empezamos a cambiar de década y, el planeta, en su afán por seguir girando, nos conectó con otra realidad; una llena de mensajes alarmistas sobre la situación del medio ambiente y sobre los impactos negativos de la acción humana en la Tierra. Emergieron la incertidumbre y la inquietud. En los años 2000, tras muchos debates se llegó a la conclusión de que ésta no era la manera ‘correcta’ de comunicar y, en consecuencia, el mensaje se suavizó. Así llegamos hasta el día de hoy, 8 de junio, una fecha marcada en el calendario para señalar el Día Mundial de los Océanos, bien conocida por quienes vivimos apasionados por el mar.
Instaurado e institucionalizado por Naciones Unidas en el año 2008, este Día nos invita a reflexionar y a orientar nuestra mirada hacia cuestiones como el impacto ambiental en ecosistemas marinos y comunidades locales, la seguridad alimentaria, la salud y el bienestar o el empleo. Son 4,82 millones, los empleos azules activos en la Unión Europea, de los que cerca del millón se han creado en nuestro país. Concretamente, 928.300 personas trabajan directa o indirectamente ligadas al mar, en el marco de una Economía Azul que genera 22.000 millones de euros en España (fuente: EU Blue Economy Report 2025). No obstante, el océano sigue siendo una asignatura olvidada si la analizamos desde un punto de vista de dotación presupuestaria y si la comparamos con proyectos de exploración lunar y del espacio.
Mientras escribo esta tribuna me viene a la mente la célebre frase de Jacques Cousteau: “Nos urge utilizar la ciencia para civilizar la civilización”. Ciertamente, más allá de los datos oceánicos a los que recurrimos en los procesos de toma de decisiones, urge que el ser humano vuelva a ser civilizado, muestre respeto por el medio marino, retome la autocrítica y despierte de una vez para entender que hay mucho en juego. Ha llegado el momento – e incluso lo hemos sobrepasado -, de aplicar la máxima del oceanógrafo y explorador francés, de ‘proteger lo que se ama’. Y es que, este mes de junio lo merece. La celebración del año 2026 llegará marcada por el hito histórico de la firma del Tratado de Alta Mar, tras casi dos décadas de intensas negociaciones.
Azul es el color de la quinta economía mundial, un color que desafortunadamente está mudando de tono, como resultado de la contaminación y de los vertidos tóxicos. Por las aguas de mares y océanos navegan, de manera diaria, miles de toallitas de bebés, bastoncillos y envases plásticos, hasta llegar a su funesto destino: el bautizado como ‘Séptimo Continente’. Millones de toneladas de basura a la deriva van causando, en muchos casos lentamente, la muerte a cientos de especies marinas, al tiempo que impactan negativamente en la biodiversidad y en los ecosistemas azules.
Nuestra vida depende del mar más de lo que somos realmente capaces de reconocer. El fitoplancton contribuye, y mucho, liberando más del 50% del oxígeno que respiramos, el transporte marítimo sostiene el comercio mundial y las masas de agua salada son verdaderos laboratorios de soluciones para múltiples y variados sectores, como farma y cosmética, alimentación, náutica o Defensa.
El Día y el mes de los Océanos es una oportunidad para plantearse virar hacia la sostenibilidad azul. Es una llamada a la acción, a movilizar conciencias, a resolver retos y a buscar soluciones basadas en la naturaleza marina.
Cuidar y respetar el mar se ha convertido hoy, en una obligación ética, en una responsabilidad compartida de cara a crear oportunidades y abrir puertas a las generaciones más jóvenes. Si tenemos claro que proteger el océano no es una moda pasajera, ¿qué está faltando para que nos atrevamos a cambiar de mirada? ¡Feliz Día Mundial de los Océanos!





















