El sector de la elevación analiza en Sevilla sus retos tecnológicos, industriales y de productividad
La segunda edición del Simposio Internacional de Elevación y Movilidad en Edificios (Sieme) volvió a reunir a representantes de distintos ámbitos del sector para abordar algunos de los principales desafíos que afronta la actividad de la elevación. Organizado por Aecae, el encuentro celebrado en Sevilla los días 22 y 23 de octubre combinó comunicaciones técnicas y mesas redondas en torno a cuatro grandes áreas –componentes, digitalización, energía e industria–, con un planteamiento orientado al intercambio de experiencias y al análisis de cuestiones que afectan al conjunto de la cadena de valor.
"No están todos los que fueron..." , pero todos los que aparecen contribuyeron a hacer posible el encuentro. Foto de familia de la segunda jornada del II Sieme.
La apertura del simposio corrió a cargo de Patricia de Anta, que dio la bienvenida a los asistentes con un mensaje que resumía el espíritu de esta segunda convocatoria: “Prometimos volver, y aquí estamos”. A continuación, José María Compagni, director del Sieme, contextualizó la iniciativa dentro del panorama internacional de encuentros técnicos y reflexionó sobre la importancia de preservar la diversidad del tejido industrial de la elevación.
Compagni puso el foco en la cadena de valor que conforma el sector, integrada por fabricantes de componentes y de ascensores, junto con empresas de instalación y mantenimiento. “Se trata de una estructura en la que cada eslabón depende de los demás y cuya fortaleza repercute directamente en la calidad del servicio que recibe el usuario final”, aseguró en su intervención.
Aunque reconoció el creciente peso de las grandes corporaciones internacionales, defendió la importancia de mantener una base industrial diversificada, con empresas especializadas capaces de aportar conocimiento, innovación y proximidad al mercado. “España constituye uno de los ejemplos europeos de esta realidad, con una industria de componentes consolidada y una importante proyección exterior”, afirmó.
En este sentido, recordó que Aecae, constituida en 1993, reúne actualmente a 54 empresas, mayoritariamente pequeñas y medianas compañías especializadas en determinados componentes, como puertas, maniobras o máquinas. También destacó la posición internacional de la industria española, que ocupa el tercer puesto mundial en exportación de componentes para ascensores, por detrás de China e Italia.
Patricia de Anta fue la encargada de dar la bienvenida a los asistentes y conducir el evento a lo largo de las dos jornadas.
La colaboración entre asociaciones y empresas fue otro de los aspectos señalados como condición para fortalecer esta estructura industrial y reducir su dependencia de decisiones tomadas fuera de su entorno productivo. El Sieme se presentó precisamente como una de las iniciativas para favorecer ese intercambio y promover proyectos de colaboración.
Por su parte, Eugenio Barroso, presidente de Aecae, defendió la necesidad de recuperar el peso industrial de Europa y reivindicó el papel de la industria como elemento que trasciende su dimensión económica. “La industria no es solo una capacidad económica, sino colectiva”, fue una de las ideas centrales de su intervención. Una reflexión que conectó con el planteamiento de Compagni sobre la necesidad de preservar las capacidades productivas y tecnológicas del continente.
La apertura institucional contó también con la participación de Fernando Vázquez Marín, gerente de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla, quien destacó el reto de mejorar la accesibilidad en los edificios residenciales sin ascensor y las medidas municipales para facilitar su instalación, señalando las oportunidades que la actividad constructiva prevista en la ciudad puede generar para el sector de la elevación.
Eugenio Barroso, presidente de Aecae, durante un momento de su intervención durante la bienvenida institucional.
Seguridad, industria y digitalización
La primera jornada comenzó con un bloque de comunicaciones que abordó dos cuestiones complementarias: la evolución de la cultura preventiva y el papel de los sistemas de elevación en el funcionamiento de la sociedad.
Manuel Jesús Martínez, responsable de Seguridad de MP Ascensores, presentó el trabajo ‘Del cumplimiento a la cultura preventiva: un nuevo modelo de seguridad en el sector del ascensor’, en el que planteaba la necesidad de avanzar desde una prevención centrada principalmente en el cumplimiento normativo hacia una cultura en la que el liderazgo, la participación y los comportamientos seguros formen parte de la actividad cotidiana.
Manuel Jesús Martínez, responsable de Seguridad de MP Ascensores y Jaime McLaren, director de Ingeniería de Hidral, en sendos momentos de sus intervenciones.
La experiencia de MP Ascensores, articulada mediante iniciativas como el proyecto Prevent y el MP Safety Day, sirvió para ilustrar este planteamiento. Entre las ideas destacadas figuró también la incorporación de la perspectiva Safety-II, que propone aprender no solo de los incidentes, sino también de las condiciones y decisiones que permiten desarrollar el trabajo de forma segura.
A continuación, Jaime McLaren, director de Ingeniería de Hidral, amplió la perspectiva sobre el sector con su comunicación ‘La elevación como infraestructura crítica: ingeniería, industria y desarrollo en el corazón de la sociedad moderna’. Su planteamiento invitó a mirar más allá del ascensor convencional y reconocer la presencia de los sistemas de elevación en ámbitos industriales, logísticos, científicos y de servicios, donde resultan determinantes para la continuidad de numerosos procesos.
El segundo bloque de la mañana reunió tres aproximaciones a la transformación tecnológica y organizativa de las empresas. Ignacio Joaniquet, de Nidec Drives, abordó la calidad de la energía y la compatibilidad electromagnética, dos aspectos estrechamente relacionados con el diseño de los cuadros de maniobra y el funcionamiento de las instalaciones que incorporan variadores de frecuencia.
Juan Garay, de Hidral, presentó las posibilidades de la inteligencia artificial aplicada a la gestión del conocimiento, la asistencia posventa y la especificación de producto. Su propuesta se basa en agentes de inteligencia artificial capaces de utilizar documentación técnica, reglas de configuración y conocimiento acumulado en las interacciones entre clientes y especialistas. El objetivo no es únicamente agilizar las consultas, sino liberar capacidad de los profesionales más especializados para que puedan centrarse en tareas de mayor valor añadido.
Por su parte, José María Compagni, desde Docensas, planteó una reflexión sobre qué diseñan y fabrican realmente las empresas industriales. Más allá del producto físico, señaló la importancia de gestionar la experiencia que se genera en cada interacción con el cliente, desde la recepción de un pedido hasta la atención técnica o la resolución de una incidencia. La innovación y la sostenibilidad se abordaron así desde una perspectiva de gestión empresarial y de construcción de propuestas de valor.
Las ponencias de Ignacio Joaniquet, de Nidec Drives, Juan Garay, de Hidral, y José María Compagni, de Docensas, completaron el bloque de comunicaciones técnicas de la primera mañana
Todas estas ponencias, así como las que se sucedieron a continuación, se analizarán en mayor profundidad en sucesivos artículos.
El mantenimiento ante la transformación tecnológica
Uno de los principales espacios de debate de la primera jornada fue la mesa redonda dedicada al futuro de la actividad de mantenimiento, moderada por José María Compagni. Participaron Bernardo Calleja, ex CEO de Otis para la región EMEA y actualmente consultor sénior; Ana Martínez, presidenta de Fepyma y CEO de Magaiz; José Carlos Frechilla, director general de Feeda; y Francisco Javier García Carbonell, director de Desarrollo de Servicio de MP Ascensores.
La conversación partió de una cuestión central: cómo puede la tecnología modificar la organización del mantenimiento y qué valor aporta realmente a las empresas y a sus clientes. Los participantes coincidieron en que la monitorización, el análisis de datos y la conectividad permiten avanzar hacia intervenciones más eficientes, pero insistieron en que su utilidad debe medirse por los resultados que generan en el servicio.
Entre las aplicaciones citadas figuraron la resolución remota de determinadas incidencias, la detección de falsas alarmas, los reinicios a distancia y el diagnóstico previo a la movilización de un técnico. La posibilidad de conocer el estado del equipo y analizar sus parámetros también permite priorizar las intervenciones, preparar los materiales necesarios y adaptar las tareas preventivas a las características y al uso de cada instalación. Se expuso, asimismo, el potencial de las inspecciones automáticas realizadas en determinados periodos, por ejemplo, durante la noche, para detectar anomalías antes de que se traduzcan en una avería.
Bernardo Calleja aportó la perspectiva de la implantación tecnológica a gran escala y la experiencia acumulada en sistemas de monitorización y análisis de datos. La evolución hacia modelos más preventivos, apoyados en la información que proporcionan los equipos, puede contribuir a reducir las incidencias y a optimizar los recursos. No obstante, la extensión de estas soluciones está condicionada por la composición del parque instalado. La antigüedad de una parte importante de los ascensores españoles obliga a plantear una incorporación progresiva de sensores y conectividad, en muchos casos ligada a los procesos de modernización.
Un momento de la mesa redonda sobre mantenimiento, que suscitó un animado debate.
Ana Martínez advirtió, por su parte, de que la tecnología no debe presentarse como una solución automática a todos los problemas del sector. Las empresas necesitan valorar las inversiones, preparar sus estructuras y demostrar al cliente qué beneficios concretos obtiene. Para las comunidades de propietarios, el servicio y la disponibilidad del ascensor siguen siendo los aspectos fundamentales; la tecnología, por sí misma, no constituye necesariamente un argumento de compra.
Esta reflexión llevó el debate hacia la relación con el usuario. Y es que, una intervención resuelta a distancia puede mejorar notablemente el servicio, pero si el cliente no conoce lo que se ha hecho, difícilmente percibirá esa mejora. La comunicación y la capacidad de explicar el valor del mantenimiento adquieren, de este modo, una importancia creciente ya que, tal y como se aseguró en la mesa, “la digitalización debe acercar a las empresas a sus clientes, no sustituir esa relación”.
También se abordó cómo cambiará el trabajo de los técnicos. En un escenario de mayor digitalización, la planificación de rutas, la preparación de materiales y el acceso a información técnica permitirían dedicar más tiempo a intervenciones de valor añadido. La inteligencia artificial podría facilitar, además, que el conocimiento acumulado por profesionales experimentados se convierta en conocimiento compartido por toda la organización. No obstante, a nadie se le escapa que, para ello, será necesario acompañar la incorporación tecnológica de formación y cambios en los procesos de trabajo.
La interoperabilidad y la ciberseguridad completaron el debate. Tema recurrente en el sector, la proliferación de plataformas y aplicaciones que no intercambian información, suele generar duplicidades y dificultar el trabajo diario. A ello se suma la necesidad de proteger los sistemas conectados frente a posibles amenazas y de definir criterios para el acceso y el intercambio de datos entre fabricantes y empresas mantenedoras. Por todo ello, se planteó la conveniencia de avanzar hacia protocolos sectoriales que faciliten el acceso a la información necesaria para prestar el servicio, sin menoscabar la propiedad intelectual ni el conocimiento propio de cada fabricante.
En esta misma línea, la mesa también abordó el futuro del mantenimiento multimarca. Aunque no hubo una conclusión cerrada, sí se apuntó que la tecnología puede facilitar el acceso al conocimiento y a herramientas que antes estaban más vinculadas a grandes estructuras, al tiempo que la especialización y la flexibilidad pueden seguir siendo ventajas competitivas para las empresas independientes. La transformación, en cualquier caso, no será exclusivamente tecnológica: también exigirá atraer talento, mejorar la formación y prestar atención a la experiencia de los profesionales.
Las intervenciones de Eduardo Escobar, de MP Ascensores, David Sánchez, de Ingeniería Samat, Alfredo Gómez, del ITA, y Vanessa Martínez, de Nayar, completaron el programa técnico de la primera jornada.
De la verificación de los equipos al modelo digital del edificio
Tras el debate sobre mantenimiento, las comunicaciones técnicas de la tarde se centraron en aspectos de diseño, control y digitalización.
Eduardo Escobar, de MP Ascensores, presentó ‘Sistemas de verificación del control de ascensores’, un trabajo desarrollado conjuntamente con el Instituto Tecnológico de Aragón (ITA). La propuesta utiliza tecnología ‘hardware-in-the-loop’ para ensayar los armarios de maniobra en un entorno que combina componentes reales y elementos virtuales, permitiendo reproducir diferentes escenarios de funcionamiento e introducir fallos de manera controlada. El trabajo incorpora, además, técnicas de inteligencia artificial para facilitar la generación de programas de ensayo.
A continuación, David Sánchez, de Ingeniería Samat, abordó el cálculo estructural de chasis mediante el método de los elementos finitos. Su comunicación defendió la importancia de construir modelos de cálculo que representen adecuadamente la geometría, las uniones, las cargas y las condiciones de apoyo, con el objetivo de garantizar la seguridad sin recurrir a sobredimensionamientos innecesarios.
El último bloque de la jornada volvió a poner el foco en la inteligencia artificial y la digitalización. Alfredo Gómez, del ITA, analizó el impacto y las aplicaciones de la inteligencia artificial en fabricación, repasando sus posibilidades en ámbitos como la inspección de calidad, el mantenimiento de activos, la optimización de procesos y la planificación industrial. También señaló algunos de los principales obstáculos para su implantación, entre ellos la disponibilidad y calidad de los datos, la integración tecnológica y la capacitación de los equipos.
Para finalizar, Vanessa Martínez, de Nayar, cerró las comunicaciones del jueves con una propuesta para abordar ‘La digitalización escalable del parque de ascensores existente’. La estrategia presentada combina un gateway IoT específico para el sector y una placa de lectura de señales que permiten incorporar conectividad a maniobras convencionales sin necesidad de sustituirlas. El planteamiento responde a uno de los grandes desafíos de la transformación digital del sector: extender sus ventajas a instalaciones de distintas generaciones y fabricantes, con soluciones que puedan implantarse de forma económicamente viable.
Ana Belén Piazuelo repasó los cambios legislativos y normativos que afectan a los ascensores.
La evolución normativa y la sostenibilidad, protagonistas de la segunda jornada
La segunda jornada comenzó con la revisión del marco normativo del sector, a cargo de Ana Belén Piazuelo, de Aecae. Su presentación repasó los cambios legislativos y normativos que afectan a los ascensores, con especial atención a la ciberseguridad y a la transición hacia las nuevas normas EN ISO 8100-1 y EN ISO 8100-2, que sustituyen a las referencias EN 81-20 y EN 81-50 en el proceso de convergencia entre la normalización europea e internacional.
El análisis puso de manifiesto que las empresas deberán gestionar requisitos procedentes de distintos instrumentos, entre ellos el Reglamento de Máquinas, el Reglamento de Ciberresiliencia y la normativa sobre equipos radioeléctricos. La ciberseguridad deja de ser una cuestión circunscrita a los sistemas informáticos para incorporarse también a la seguridad y fiabilidad de los equipos conectados. La ponencia también repasó las principales novedades de EN ISO 8100-1/2:2026 respecto a EN 81-20/50, entre ellas cambios en los requisitos de puertas, accesos al foso y zonas de trabajo, modos de funcionamiento, frenado y seguridad funcional.
La presentación permitió constatar que las novedades no se producirán de forma aislada: los distintos textos tienen alcances, obligaciones y periodos de transición propios, por lo que uno de los principales retos para las empresas será comprender cómo se relacionan y qué implicaciones tienen para sus productos y procesos.
Jaime McLaren, de Hidral, intervino de nuevo a continuación con la comunicación ‘Innovar escuchando: ingeniería aplicada y colaboración para crear soluciones de valor en el entorno real’, centrada en la importancia de la colaboración y del conocimiento de las necesidades reales para orientar el desarrollo de soluciones técnicas.
La siguiente intervención, a cargo de Miguel Ángel Castillo, de Carlos Silva, abordó la evolución de la conectividad en el mantenimiento. Bajo el título ‘Más allá del mantenimiento predictivo: el impacto real de la conectividad’, el trabajo planteó que el valor de los ascensores conectados no reside únicamente en la monitorización y el diagnóstico de incidencias. La integración de los datos que generan las instalaciones con los sistemas de gestión de las empresas mantenedoras permite avanzar hacia la automatización de tareas, la mejora de los procesos operativos y una toma de decisiones más eficiente.
Alfredo Gómez, del ITA, completó el bloque con una comunicación sobre las Declaraciones Ambientales de Producto para ascensores. El trabajo presentó una metodología para evaluar y comunicar los impactos ambientales de estos equipos a lo largo de su ciclo de vida, teniendo en cuenta sus particularidades como sistemas configurables, su consumo energético durante la explotación y las operaciones de mantenimiento, modernización y fin de vida.
Pilar Molina y Luis Jiménez presentaron el trabajo ‘Normas y operativa de evacuación de pasajeros en ascensores’.
Evacuación, metodología BIM y colaboración tecnológica
El último bloque de comunicaciones del segundo día comenzó con Pilar Molina, de Epic Power, que presentó, junto con Luis Jiménez, en un formato de análisis a dos manos, el trabajo ‘Normas y operativa de evacuación de pasajeros en ascensores’. La comunicación analizó las implicaciones de las normas EN 81-76, relativa a los ascensores de evacuación, y EN 81-72, sobre ascensores contra incendios, con especial atención a las necesidades de alimentación eléctrica secundaria. El estudio puso de manifiesto la importancia de dimensionar estas soluciones atendiendo al perfil de funcionamiento específico del ascensor, sus picos de demanda y las posibilidades de regeneración energética.
Por su parte, David Sánchez, de Ingeniería Samat, abordó después la aplicación de la metodología BIM al ascensor. Su presentación explicó cómo trasladar la información de los modelos tridimensionales de producto al entorno digital del edificio, haciendo hincapié en la necesidad de gestionar correctamente los datos, definir qué información necesita cada agente y garantizar la interoperabilidad durante las distintas fases del ciclo de vida de la instalación.
Por último, Luz López, de PQNO, presentó mediante videoconferencia los resultados de los trabajos de colaboración Coinvestiga y Cocrea, relacionados, respectivamente, con el mantenimiento predictivo de ascensores y la ciberseguridad. Ambas iniciativas reflejan la importancia creciente de la investigación colaborativa para abordar retos que requieren la participación de distintas empresas y especialistas.
Un momento de la mesa redonda sobre productividad, con la que finalizó el encuentro.
Productividad industrial para cerrar el encuentro
La segunda mesa redonda, dedicada a la mejora de la productividad de los fabricantes de ascensores, puso el foco en una dimensión que, según sus participantes, no siempre recibe la atención que merece. Moderada por Eugenio Barroso, presidente de Aecae, contó con la participación de Florencio Chacartegui, CEO de Hidral; José Agustín Cruelles, experto en productividad; Alfredo Gómez, del Instituto Tecnológico de Aragón; y Alfonso Vargas, director de Operación Industrial de MP Ascensores.
El debate se articuló en torno a cuatro cuestiones: cómo industrializar la personalización, dónde se origina realmente la improductividad, qué palancas permiten mejorar los procesos y cómo valorar las inversiones tecnológicas.
La idea de partida fue que la productividad no depende únicamente de las operaciones que se realizan en fábrica, sino de toda la cadena de valor, desde la oferta comercial y la ingeniería hasta las compras, la planificación y la entrega.
La personalización ocupó buena parte de la primera parte del debate. Los participantes coincidieron en que puede constituir una ventaja estratégica, especialmente para empresas que no buscan competir exclusivamente en precio, pero requiere conocer los costes y las capacidades reales de la organización. Se expusieron experiencias de compañías que distinguen entre opciones especiales sobre productos estandarizados y desarrollos completamente nuevos, con criterios específicos para valorar las horas de ingeniería, preparación y fabricación que exige cada pedido.
La utilización de configuradores, sistemas de gestión del ciclo de vida del producto y modelos paramétricos permite controlar mejor esas variables y comparar los costes previstos con los reales. También se destacó la conveniencia de separar los flujos de producción estándar y especial, sin perder la flexibilidad necesaria para reasignar recursos cuando cambia la carga de trabajo. La cuestión no es aceptar cualquier solicitud del cliente, sino decidir qué personalización resulta rentable y qué impacto tendrá sobre los pedidos y proyectos ya comprometidos.
A partir de ahí, el debate se desplazó hacia el origen de las pérdidas de productividad. Una de las tesis defendidas fue que muchas interrupciones que se manifiestan en el puesto de trabajo tienen su origen en fases anteriores: falta de definición por parte del cliente, información incompleta, modificaciones tardías, materiales que no llegan a tiempo o una planificación que no contempla adecuadamente las capacidades de ingeniería y producción.
Los representantes de las empresas describieron herramientas y procedimientos implantados para coordinar las decisiones comerciales, técnicas y de fábrica, planificar las cargas de trabajo y evitar que los pedidos lleguen a producción sin disponer de la información y los componentes necesarios. También señalaron que la gestión de las modificaciones y de las solicitudes de adelanto de plazos exige una comunicación fluida con el cliente y con los proveedores. En definitiva, todos coincidieron en que la flexibilidad para atender necesidades particulares no puede convertirse en una fuente permanente de interrupciones.
En el apartado de inversiones, los participantes defendieron que la tecnología debe responder a problemas previamente identificados. Los configuradores y asistentes de diseño pueden agilizar la ingeniería y reducir errores; los sistemas de planificación permiten ajustar los recursos y compromisos de entrega; y la inteligencia artificial puede ayudar a adaptar esos planes a las condiciones reales de producción. En fábrica, la automatización flexible, la identificación de piezas y la gestión de materiales pueden contribuir a reducir tiempos improductivos. También se mencionaron herramientas de mantenimiento predictivo para mejorar la disponibilidad de los equipos productivos.
Sin embargo, se insistió en que incorporar tecnología sin revisar antes los procesos puede limitar sus resultados. Una máquina más rápida no resolverá los problemas si los materiales no están disponibles o la información llega incompleta. Además del coste de adquisición, cada solución requiere datos fiables, integración con otros sistemas, personal formado y mantenimiento. La inversión debe liberar un cuello de botella o responder a una necesidad concreta, no añadir complejidad a la organización.
La participación de las personas fue otra de las ideas destacadas. Alfonso Vargas, por ejemplo, explicó la experiencia de MP Ascensores con grupos de trabajo orientados a simplificar procesos, reducir incidencias y trasladar capacidad de decisión a los equipos de planta. La mejora de la productividad no se planteó únicamente desde los indicadores y los sistemas de control, sino también desde la implicación de los trabajadores y la adaptación de la organización. La formación y la polivalencia, con las cualificaciones necesarias, permiten además gestionar mejor los cambios de carga entre distintas líneas de producción.
En el turno de preguntas surgieron dos cuestiones adicionales: la resiliencia de la cadena de suministro ante las tensiones internacionales y la gestión de pedidos urgentes o especialmente complejos. Entre las medidas mencionadas para afrontar problemas de suministro figuraron la homologación de proveedores alternativos, la doble fuente para componentes críticos y el mantenimiento de stocks de seguridad. Sobre los pedidos urgentes, se recordó que priorizar a un cliente puede obligar a desplazar otros trabajos y generar nuevas interrupciones, por lo que la decisión debe valorar el coste de oportunidad y el impacto sobre el conjunto de la planificación.
Un espacio para compartir experiencias
El cierre del simposio permitió hacer balance de esta segunda edición y apuntar algunas líneas de mejora para futuras convocatorias. José María Compagni agradeció el trabajo de los participantes y de quienes prepararon las comunicaciones técnicas, aunque no dejó de plantear varios retos pendientes: ampliar la participación de empresas de instalación y mantenimiento, favorecer que más compañías compartan experiencias y reforzar la presencia de todos los eslabones de la cadena de valor. También señaló la necesidad de lograr una mayor participación de empresas de Hispanoamérica, acorde con la vocación internacional del encuentro.
El Sieme ofreció un espacio para compartir experiencias e inquietudes entre los profesionales del sector.
Patricia de Anta, responsable de la conducción del evento, fue la encargada de cerrar las jornadas, destacando el valor del intercambio de conocimiento y de las nuevas preguntas surgidas durante los debates. “El verdadero valor de este simposio no es decirnos exactamente qué camino tenemos que tomar, sino ayudarnos a decidir a dónde queremos llegar”, señaló. Y concluyó con una idea que invitaba a mirar al futuro: “Lo que hoy parece imposible va a ser la ingeniería del mañana”.





































