La botonera decide cómo se percibe todo el edificio
La botonera es uno de los elementos del ascensor con los que el usuario interactúa directamente y que más condiciona su percepción del equipo y del edificio. En este análisis, Schaefer aborda su evolución, al tiempo que analiza el papel de las pantallas TFT como parte de la interfaz y la comunicación con el pasajero.
El sector habla de lo que mueve la cabina: la máquina, los cables, la maniobra. El pasajero no ve nada de eso. Para él, el ascensor es una habitación, y la botonera es la única parte de todo el sistema que llega a tocar. La botonera de cabina y las botoneras de llamada deciden si un viaje se percibe como actual y bien mantenido, o si el edificio aparenta su edad.
Un edificio se juzga en los segundos que se pasan esperando la cabina y viajando en ella. Es un momento breve, y la botonera se lleva la mayor parte de él.
La personalización de materiales y acabados permite integrar la botonera en diferentes propuestas de diseño interior.
Material y luz
El acero inoxidable sigue haciendo la mayor parte del trabajo, y lo hace bien. Pero los arquitectos piden hoy placas frontales que pertenezcan al edificio: vidrio, aluminio anodizado en negro, latón fundido, madera, granito, chapas especiales. Schaefer las fabrica en casa, y esa es la razón práctica por la que estas peticiones pueden atenderse.
El latón fundido es el ejemplo más claro de por qué esta elección importa. En un gran hotel o en un edificio de oficinas histórico, una modernización sustituye todo lo que el pasajero reconoce. Una botonera de latón conserva el carácter que el edificio ha tenido durante un siglo y esconde tras ella una maniobra actual. En un edificio nuevo hace una declaración deliberada sobre cómo se ve a sí mismo el edificio, en un lugar donde todos los visitantes acabarán deteniéndose en algún momento.
La luz es la herramienta más discreta del interiorista y la que más transforma una estancia. Un marco luminoso estrecho alrededor de una botonera hace por el rellano de los ascensores lo que una luz de cornisa hace por un pasillo: despega el panel de la pared, suaviza el borde de la superficie y aporta una luz baja e indirecta a un espacio que, por lo demás, solo se ilumina desde el techo. El panel deja de leerse como un equipo montado sobre la pared y pasa a leerse como parte de ella.
Las botoneras de vidrio van más lejos, porque pueden iluminarse zonas de la propia placa frontal. Una numeración de plantas, un logotipo o un elemento gráfico brillan sobre una lámina de vidrio por lo demás oscura, mientras el resto de la superficie permanece en calma. Los diseñadores emplean este efecto igual que un panel retroiluminado en un mostrador de recepción: como un único punto cálido en una arquitectura hecha sobre todo de superficies duras.
El color convierte esa luz en información. Más allá del color de confirmación de los pulsadores, la botonera en su conjunto puede cambiar de color para mostrar el estado del ascensor: disponible, ocupado, fuera de servicio. El pasajero lo entiende desde el otro extremo del vestíbulo, sin buscar una pantalla.
Esa misma iluminación aporta a la accesibilidad algo que nada tiene que ver con el diseño. Una botonera de llamada que brilla es una botonera que se encuentra. En un pasillo largo, o en un vestíbulo con poca luz ambiente, esa es a menudo la diferencia entre que un pasajero con visión reducida localice el ascensor de inmediato o vaya palpando la pared para buscarlo.
Dos normas hacen la mayor parte del trabajo
La EN 81-70 define qué significa la accesibilidad en la práctica en la botonera: altura y contraste de los caracteres en los indicadores, marcas táctiles en los pulsadores, confirmación acústica, alturas de montaje alcanzables. Es la norma que decide si un panel puede usarlo todo el mundo o solo la mayoría.
La EN 81-71 cubre el otro extremo. Las botoneras resistentes al vandalismo se piden en vivienda social, colegios, edificios de transporte y aparcamientos públicos. La resistencia es una cuestión de construcción, no de aspecto: espesor del material, cómo se fija la placa frontal, cómo se alojan los componentes tras ella, si una pantalla va protegida por cristal de seguridad laminado.
Schaefer abarca desde propuestas tipo ‘commodity’, guiadas por el coste, hasta instalaciones muy individualizadas, orientadas al diseño y técnicamente exigentes.
Una sola gama, del proyecto de coste ajustado a la pieza única
Todos los mercados contienen el abanico completo de proyectos, desde el trabajo de tipo ‘commodity’, guiado por el coste, hasta instalaciones muy individualizadas, orientadas al diseño y técnicamente exigentes. Una modernización residencial y el vestíbulo representativo de una sede no son el mismo encargo, y tratarlos como si lo fueran no beneficia a ninguno de los dos.
Lo que cambia a lo largo de ese abanico es la especificación, no el cuidado. Los componentes se eligen para el entorno en el que van a vivir. Donde el edificio exige más, entran el B 45, el B 50 y el VB 42, en Class 2 o en la Class 3+ propia de Schaefer, que va más allá de lo que exige la EN 81-71 Class 2. Aportan carcasas metálicas, resistencia al impacto y a las salpicaduras de agua verificadas mediante ensayo, y un comportamiento frente al fuego comprobado con llama.
La modernización es una cuestión de geometría
La obra nueva permite medidas estándar. Los edificios existentes, no. Los huecos en la pared son irregulares, las cajas de empotrar son menos profundas que cualquier producto de catálogo actual y el proveedor anterior a menudo ya no existe. Un producto estándar rara vez encaja en un hueco de treinta años.
La respuesta es una botonera diseñada a la medida del hueco por fuera y equipada con tecnología actual por dentro. Unas dimensiones de placa frontal a medida cubren la huella existente, mientras que los componentes estándar y el precableado que van detrás reducen la instalación a una conexión enchufable. La empresa de ascensores puede ocuparse del ascensor en lugar de la albañilería.
Control de acceso y manejo desde el smartphone
El control de acceso se ha trasladado a la propia botonera. Las tarjetas o los llaveros de proximidad liberan únicamente las plantas para las que el usuario está autorizado, algo que los edificios de uso mixto y residenciales ya dan por supuesto en lugar de pedirlo como opción.
El manejo desde el smartphone va más lejos. Con LiftBoy de Schaefer, unos módulos instalados detrás de las botoneras existentes permiten a los pasajeros llamar y manejar el ascensor por Bluetooth. El sistema funciona con independencia de la maniobra, no necesita conexión a internet en el punto de uso y puede instalarse durante una modernización sin alterar el comportamiento del ascensor. Para los usuarios en silla de ruedas la función más valiosa no es la llamada en sí, sino la prolongación del tiempo de puerta abierta que puede activarse desde la aplicación: las puertas permanecen abiertas el tiempo suficiente para entrar y salir de la cabina sin prisa, siempre, y sin necesidad de mantener accionado ningún pulsador.
LiftBoy de Schaefer permitee a los pasajeros llamar y manejar el ascensor por Bluetooth.
Pantallas: la segunda superficie que lee el pasajero
En algún lugar de todo edificio bien cuidado hay un ascensor con una hoja de papel pegada con cinta en el interior de la cabina: un ascensor fuera de servicio, un cambio de horario o un aviso de la administración deshacen buena parte de lo que había conseguido el interiorista.
Una pantalla TFT resuelve eso, y además sigue dando juego: directorios de inquilinos en un edificio de oficinas, el menú del día en un hotel, información de obras en un bloque de viviendas… Todo ello se cambia desde un portátil en lugar de con un rollo de cinta.
Elegir la pantalla según su función
La gama TFT de Schaefer va de 2,4 a 38 pulgadas, y es así de amplia porque las funciones son realmente distintas.
Las pantallas de 2,4 y 2,8 pulgadas son indicadores de posición compactos para botoneras de llamada y botoneras de señalización, conectadas por CANopen o en paralelo. Los tamaños de 3,5, 5 y 7 pulgadas son el centro de trabajo de la gama y cada uno está disponible en versión paralela, serie y CANopen, de modo que la pantalla se adapta a la maniobra que ya hay en el edificio y no al revés. Junto a ellas está la pantalla de 4,3 pulgadas, una unidad solo en paralelo desarrollada específicamente para botoneras de señalización y botoneras de cabina, y situada como la opción económica de la gama.
A partir de 10 pulgadas el propósito vuelve a cambiar. La familia Media TFT flex va de 10,1 y 12,1 pulgadas hasta los formatos panorámicos de 29 y 38 pulgadas, integrados en la propia botonera, que en la cabina significa el COP. En tamaño panorámico eso consigue algo que un panel convencional no puede. La superficie de manejo se convierte en una sola pantalla que muestra a la vez cada planta como pulsador virtual, el indicador de posición, las flechas de dirección e información dependiente de la planta. Y como el formato es alto, cada elemento puede situarse donde le corresponde: los pulsadores dentro de la altura de manejo que exige la norma, y la indicación de posición y dirección a la altura de los ojos, que es donde la gente la busca.
Botonera de cabina con pantalla TFT e iluminación integrada, una solución que combina diseño, información y funcionalidad.
Programar a través de la red cómo quedará
Un Media TFT flex se configura desde un PC o un portátil a través de la red o de internet, ‘in situ’ o desde una oficina en otra ciudad. Eso importa más de lo que parece. El contenido de un ascensor cambia, y cambiarlo no debería exigir un técnico, un portátil en el hueco y una visita programada.
El editor es WYSIWYG: el diseño aparece exactamente como se verá después en la pantalla, de modo que no hay que imaginar nada para comprobarlo luego en obra. El contenido se compone con widgets, que cubren posición de planta, hora, meteorología, imágenes, vídeo, textos y señales de la maniobra o de sensores, como carga, posición del ascensor, velocidad o temperatura. El contenido puede programarse por horario o dispararse por un evento, y varias pantallas pueden conectarse en red para gestionar un edificio como un solo sistema.
El táctil y lo que hace con el panel
Un Media TFT flex puede suministrarse con pantalla táctil, y eso cambia lo que una botonera puede llegar a ser. La selección de planta y la consulta de información pasan a pulsadores virtuales integrados en el propio diseño de la pantalla, lo que permite darles formas, colores y animaciones imposibles en un pulsador físico. Una pulsación puede confirmarse con movimiento. Un destino puede confirmarse con un gráfico. El panel se convierte en una superficie diseñada en lugar de una rejilla de agujeros en una placa frontal.
Tres funciones siguen siendo físicas, y de forma deliberada: abrir puerta, cerrar puerta y el pulsador de alarma. Estas se ejecutan siempre como pulsadores reales.
El diseño de pantalla es la mitad del producto
Una pantalla TFT es un equipo que muestra lo que se le dé. Y lo que se le da decide lo que el pasajero experimenta realmente.
Los diseñadores de Schaefer crean diseños de pantalla a medida precisamente por eso. Saben qué tiene que cumplir la pantalla de un ascensor en materia de normativa, lo que descarta buena parte de lo que queda bien en la pantalla de una agencia. Aportan experiencia en diseño UX, que es lo que hace que una interfaz persona-máquina resulte intuitiva y no solo atractiva. Y trabajan conforme a la identidad corporativa del cliente final, produciendo los gráficos, las animaciones y los contenidos de vídeo que la acompañan.
El resultado es una botonera revalorizada por su pantalla, y no simplemente equipada con una.
Comunicación de emergencia para pasajeros que no pueden hacer una llamada de voz
Una llamada de emergencia da dos cosas por supuestas: que el pasajero puede oír al operador y que ambos hablan el mismo idioma. Para las personas sordas y para quien no habla el idioma del país, no se cumple ninguna de las dos.
El sistema 2SC Two Sense Communication conduce la llamada de forma visual. Las preguntas aparecen en la pantalla de la cabina, el pasajero responde eligiendo entre las opciones mostradas y puede cambiar de idioma en cualquier momento sin que la central de llamadas de emergencia tenga que hablarlo. Fuera de una emergencia, esa misma pantalla funciona como pantalla normal para la selección de planta y la información.
Cerca del mercado español
Schaefer está presente en España desde 2009 con instalaciones propias en Abrera, cerca de Barcelona, desde donde atiende España, Portugal y Sudamérica. Allí se fabrican botoneras, los proyectos y las ofertas se gestionan en español y el equipo comercial está en la calle, en el mercado al que vende.
El cliente trata con Schaefer España y lo recibe todo de una sola mano. Cuando un proyecto requiere un proceso que se realiza en otra sede, eso ocurre en segundo plano, y por eso la organización española puede ofrecer la gama completa, la misma variedad de materiales y la misma capacidad de ingeniería que el grupo en su conjunto, fabricando al mismo tiempo muchas botoneras localmente y con plazos de entrega cortos.


























