Jornada técnica online ‘Seguridad y salud en el trabajo en el sector de elevación: retos, normativa y futuro’
Coincidiendo con el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, la Federación Empresarial Española de Ascensores (Feeda) reunió a los principales actores del sector para analizar, desde una perspectiva técnica y transversal, los desafíos actuales en materia de seguridad. Desde el mantenimiento y la normativa hasta la digitalización, la formación o la inspección, las distintas intervenciones pusieron de manifiesto una idea común: la seguridad no solo es un requisito regulatorio, sino el eje estratégico que articula el presente y el futuro de la elevación.
Tras la inauguración a cargo de José Miguel Guerrero, presidente de Confemetal, quien situó la seguridad como un eje estratégico para la competitividad industrial, la jornada online organizada por Feeda abordó, en su primer bloque, uno de los pilares de la actividad del sector: la seguridad en el mantenimiento de ascensores. La intervención de Miguel Ángel Arcos, de la Comisión de Seguridad de Feeda, ofreció una aproximación que, más allá del enfoque normativo o teórico, puso el acento en el contexto real en el que operan los técnicos y en los factores que condicionan su exposición al riesgo.
Ese contexto sitúa a España en una posición singular, marcada por un amplio parque de ascensores, su antigüedad y, especialmente, la obligatoriedad de mantenimiento mensual. “Nosotros tenemos que actuar doce veces al año sobre los equipos, mientras que en otros países no ocurre”, subrayó, destacando cómo esta frecuencia incrementa la exposición al riesgo. A ello se suman factores como la falta de técnicos cualificados, la rotación y la creciente polivalencia, que, en palabras del ponente, “tiene cierto peligro para la cultura preventiva”.
En este escenario, los riesgos no son nuevos, pero sí requieren una lectura ajustada a la realidad operativa. El control de energías, tanto eléctricas como mecánicas, sigue siendo clave, junto a otros como los trabajos en altura o la manipulación de cargas. Además, Arcos advirtió sobre los riesgos derivados del entorno, especialmente en obra: “Se generan situaciones de riesgo alrededor del ascensor que nada tienen que ver con nosotros”.
Pese a todo, el sector mantiene niveles de siniestralidad contenidos, apoyados en una creciente especialización y en el avance de la cultura preventiva. En esta línea, el trabajo de la Comisión de Seguridad de Feeda está impulsando herramientas prácticas como instrucciones de seguridad y materiales formativos.
Miguel Ángel Arcos destacó que el trabajo de la Comisión de Seguridad de Feeda está impulsando herramientas prácticas como instrucciones de seguridad y materiales formativos.
Nueva ITC y siniestralidad: la normativa como respuesta a los riesgos del sector
El segundo bloque de la jornada puso el foco en el impacto de la nueva ITC desde una perspectiva clara: su relación directa con la siniestralidad. José María Obis, presidente de la Comisión de normativa y Legislación de Feeda, estructuró su intervención a partir del análisis de accidentes, tanto de usuarios como de trabajadores, para evidenciar cómo la evolución normativa responde, en gran medida, a la necesidad de corregir riesgos reales.
En el ámbito de los usuarios, los datos procedentes de la Asociación Europea del Ascensor (ELA) reflejan la magnitud del problema. “Desde el año 2020 ha habido 459 accidentes, de ellos 11 mortales”, señaló, antes de detallar una casuística que resulta bien conocida en el sector: atrapamientos, golpes con puertas o paradas incontroladas. Para el ponente, no se trata de hechos aislados, sino de situaciones que han impulsado cambios técnicos concretos, en referencia a medidas como la mejora en la precisión de parada o la incorporación de cortinas ópticas en sustitución de sistemas anteriores. En su opinión, estas exigencias normativas no son arbitrarias, sino la consecuencia directa de la experiencia acumulada en accidentes.
La misma lógica se aplica al ámbito laboral. Obis recordó que, solo en 2022, más de 700 trabajadores del sector sufrieron accidentes en Europa, con una tendencia relativamente estable en la última década.
El análisis de las causas muestra patrones recurrentes, tanto en montaje como en mantenimiento, donde se repiten situaciones como atrapamientos, caídas en altura o el uso inadecuado de herramientas. En este sentido, el presidente de la comisión insistió en que, aunque la legislación es amplia y está en constante evolución, su eficacia depende en última instancia del comportamiento individual. “La normativa está muy bien, pero el cambio es una actitud nuestra”, afirmó, apelando a la responsabilidad compartida dentro de las empresas.
La intervención incorporó también una llamada de atención sobre las escaleras mecánicas, un ámbito con una siniestralidad significativa, especialmente entre usuarios. Resbalones, pérdidas de equilibrio o usos indebidos —como el transporte de carros o juegos infantiles— siguen generando accidentes, mientras que, en el plano laboral, las condiciones de trabajo en espacios reducidos añaden complejidad a las tareas de mantenimiento.
José María Obis puso el foco en el impacto de la nueva ITC en relación directa con la siniestralidad, tras analizar los datos de siniestralidad a nivel europeo, facilitados por ELA.
Ciberseguridad y ascensores conectados: cuando la seguridad física se amplía al entorno digital
La digitalización fue la protagonista del tercer bloque del evento, de la mano de Pedro Piñero, presidente de la Comisión de Digitalización de Feeda, quien abordó un ámbito cada vez más determinante para el sector: la ciberseguridad aplicada a los ascensores conectados. Su intervención partió de una idea clara: la transformación digital no solo aporta ventajas, sino que introduce nuevos riesgos que deben ser comprendidos y gestionados.
Lejos de plantearlo como una hipótesis, el ponente fue contundente: “No es ninguna broma, existen ataques constantes de organizaciones criminales que escanean la red en busca de vulnerabilidades”. En el caso de los ascensores, estas amenazas pueden traducirse en consecuencias directas sobre la seguridad física. Desde manipulaciones remotas que provoquen “movimientos inesperados de cabina o aperturas de puertas” hasta sabotajes que generen averías falsas o bloqueos de sistemas, el impacto alcanza tanto a usuarios como a técnicos.
En este contexto, Piñero subrayó el papel del nuevo marco regulatorio europeo en ciberseguridad, que introduce obligaciones a lo largo de todo el ciclo de vida de los productos digitales. Más allá de su dimensión normativa, defendió que estas exigencias suponen “una mejora real de la seguridad laboral de los técnicos”, al incorporar medidas como el control de accesos, la trazabilidad de operaciones o la gestión activa de vulnerabilidades.
A ello se suma la complejidad de un ecosistema en el que intervienen múltiples actores —fabricantes, mantenedores, operadores y proveedores tecnológicos—, lo que refuerza la necesidad de una responsabilidad compartida. A la capacitación tradicional en riesgos mecánicos o eléctricos debe sumarse una cultura de ciberseguridad aplicada al día a día. “El técnico es la última defensa del ascensor conectado”, afirmó.
La intervención de Pedro Piñero, presidente de la Comisión de Digitalización de Feeda, partió de la idea de que la transformación digital no solo aporta ventajas, sino que introduce nuevos riesgos que deben ser comprendidos y gestionados
Formación en PRL: entre el cuestionamiento del modelo y la defensa de la cultura preventiva
El bloque dedicado a la formación introdujo uno de los discursos más críticos del día. Fidel Romero, docente de Fempa, planteó una reflexión abierta sobre el papel real de los cursos de prevención en el sector, alejándose deliberadamente de planteamientos complacientes.
Su intervención partió de una tesis clara: la formación, entendida como cursos, no es el elemento clave en la prevención de riesgos laborales. “Puede complementar, pero no sustituye”, resumió mediante una analogía provocadora, insistiendo en que el verdadero aprendizaje se construye en el entorno de trabajo. “Lo que realmente es formativo no es el curso, es la cultura global de la empresa”, afirmó, subrayando que la prevención depende de factores más amplios como la organización, los procedimientos o la gestión de los equipos.
Desde esta perspectiva, cuestionó el modelo actual de formación, especialmente en el marco del convenio del metal, al considerar que está mal planteado en su base. “Ni funciona ni funcionará”, sostuvo, apuntando a una carencia de enfoque pedagógico. A su juicio, la definición de los contenidos formativos responde más a dinámicas de negociación que a criterios técnicos: “Aquí hay de todo menos didáctica y pedagogía”. Esta situación se traduce, según explicó, en programas centrados en la acumulación de contenidos, pero sin objetivos claros, sin evaluación de competencias y sin un análisis real de las necesidades del sector.
El resultado, en palabras del ponente, es un sistema donde la proliferación de cursos no se traduce necesariamente en una mejora efectiva de la seguridad. A ello se suma una estructura compleja y poco operativa, con convalidaciones difíciles de interpretar y escasa adaptación a la realidad de las empresas, especialmente las más pequeñas.
Romero puso además el foco en una de las principales carencias del sistema: la falta de formación práctica. “Al final el técnico lo único que puede hacer es mirar durante un mes lo que hace otra persona, y esto no es aprender”, lamentó, advirtiendo de las limitaciones que imponen los actuales requisitos formales para el acceso a la formación en entornos reales de trabajo.
Pese a este diagnóstico, el ponente reconoció los avances impulsados desde el propio sector, como el desarrollo de protocolos, materiales audiovisuales o iniciativas formativas promovidas por Feeda. Sin embargo, señaló que muchas de estas aportaciones encuentran dificultades para integrarse en el marco actual.
Fidel Romero, docente de Fempa, planteó una reflexión abierta sobre el papel real de los cursos de prevención en el sector, con uno de los discursos más críticos del día.
Visión europea: la seguridad como compromiso compartido
El siguiente bloque incorporó la perspectiva europea a través de un mensaje institucional remitido por la ELA, que no pudo participar en directo al coincidir la celebración simultánea de un evento a escala continental con motivo del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo.
En la nota, firmada por su presidente, Wim Koster, se destacó el carácter excepcional de la iniciativa impulsada este año por las principales asociaciones europeas del sector, orientada a implicar de forma coordinada a todos los actores vinculados a la seguridad. “Por primera vez, las asociaciones más representativas han decidido celebrar este evento involucrando a todas las asociaciones nacionales y a las empresas”, subrayó, poniendo en valor una acción conjunta que se desarrolla de manera simultánea en distintos países.
El mensaje incidió en la necesidad de abordar la seguridad desde una perspectiva global e integradora. “Nadie puede sentirse ajeno: la seguridad es responsabilidad, compromiso y un deber para todos”, afirmaba el comunicado, apelando tanto a trabajadores como a empresas, usuarios e instituciones. En este sentido, se destacó también el respaldo de organismos europeos, con la participación de representantes de la Comisión Europea, el Comité Económico y Social Europeo y la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo.
Imagen del cartel de las celebraciones a nivel europeo del Día Europeo de la Seguridad en Ascensores y Escaleras Mecánicas, organizado por Ela y Efesme.
Control e inspección: la seguridad verificada como garantía del sistema
El último bloque técnico de la jornada organizada por Feeda puso el foco en el papel de los organismos de control como garantes externos de la seguridad. Jordi Oliveira, director técnico de elevación de Tüv Süd, explicó cómo la inspección va más allá de la verificación normativa para convertirse en un elemento clave en la protección tanto de usuarios como de trabajadores.
Oliveira incidió en que la actividad inspectora no se limita a comprobar el cumplimiento reglamentario, sino que también contribuye a asegurar entornos de trabajo seguros. “Somos una parte de esta cadena que vigila que las condiciones de trabajo sean seguras”, afirmó, destacando el papel de las inspecciones en la mejora continua de la seguridad laboral. En este sentido, puso en valor la coordinación entre inspector y técnico de mantenimiento durante las revisiones, ya que “una mala comunicación puede ser motivo de accidente”.
A nivel práctico, detalló algunos de los aspectos críticos que se revisan en las instalaciones, desde las condiciones del hueco y la iluminación hasta los accesos al foso o las protecciones de elementos móviles. “La iluminación es esencial para evitar accidentes”, ejemplificó, aludiendo también a otros factores como la ventilación, las protecciones eléctricas o los recorridos de seguridad que evitan riesgos de atrapamiento. El techo de cabina, los cuartos de máquinas o los puntos de acceso se configuran, así, como zonas especialmente sensibles donde la inspección adquiere un valor determinante.
Un compromiso compartido por todo el sector
La jornada concluyó con un bloque institucional en el que se reforzó la idea transversal que había recorrido todas las ponencias: la seguridad como eje estratégico común. Ana Martínez, presidenta de Fepyma, puso el acento en el papel de las pymes, que constituyen la base del tejido empresarial del sector. “Si queremos un sector seguro, debemos conseguir pymes seguras”, afirmó, reivindicando la necesidad de que estas dispongan de recursos y herramientas para avanzar en prevención.
Desde una perspectiva industrial, Eugenio Barroso, presidente de Aecae, destacó que “la seguridad empieza en el diseño”, situando en la fase de concepción de los equipos el origen de gran parte de los riesgos. A su juicio, la tecnología debe orientarse a un objetivo claro: “reducir la exposición de las personas al riesgo”, integrando la prevención desde el propio desarrollo de los productos.
Por su parte, José Carlos Frechilla, director general de Feeda, cerró la jornada sintetizando las principales conclusiones. Subrayó que el sector se encuentra en un momento de transformación marcado por la evolución normativa y la digitalización, lo que exige una mayor capacidad de adaptación. “No entendemos el desarrollo ni la innovación si no se sustentan en entornos de trabajo seguros”, afirmó, insistiendo también en la necesidad de contar con profesionales cualificados y comprometidos.




























