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El sector de los componentes refuerza su estrategia frente a la incertidumbre

Geopolítica, regulación e innovación colaborativa centran la VIII Jornada del Observatorio de Anticipación Industrial

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La Escuela de Organización Industrial (EOI), en la Isla de la Cartuja, volvió a acoger la VIII Jornada del Observatorio de Anticipación Industrial (OAI), impulsado por Aecae el pasado 18 de febrero. Bajo el lema ‘Políticas industriales: amenazas y oportunidades geopolíticas’, la convocatoria reunió a directivos y representantes institucionales en una sesión que, desde su inicio, subrayó la necesidad de anticipación estratégica en un entorno global marcado por la incertidumbre. Y es que, el objetivo del Observatorio no es otro que “dotar a las empresas industriales —y, en particular, a las del sector de componentes para ascensores— de herramientas de análisis que permitan traducir tendencias globales en decisiones empresariales concretas”, como explican desde la propia organización.
La VIII edición del Observatorio de Anticipación Industrial se celebró en las instalaciones de la sede de sevilla de la Escuela de Organización...

La VIII edición del Observatorio de Anticipación Industrial se celebró en las instalaciones de la sede de sevilla de la Escuela de Organización Industrial.

En la apertura institucional, el presidente de Aecae, Eugenio Barroso, reivindicó el papel del sector como actividad de “enormes responsabilidades”, recordando que el ascensor forma parte esencial del sistema de movilidad y presta un servicio crítico para la sociedad.

Barroso defendió que, aunque no se trate de un sector con crecimientos desorbitados, sí cuenta con una base instalada sólida y una elevada capacidad de arrastre sobre servicios asociados, lo que lo convierte en un ámbito estratégico que —a su juicio— merece mayor atención dentro de las políticas industriales nacionales y europeas.

En su intervención, alertó además sobre el riesgo de que la industria europea derive hacia un papel residual si la política comunitaria no logra equilibrar regulación y competitividad. En ese contexto, justificó la razón de ser del Observatorio como un instrumento capaz de “traducir el ruido del entorno en decisiones concretas” para las empresas asociadas.

Barroso situó esta edición del OAI en un escenario global caracterizado por fragmentación geopolítica, tensiones energéticas, reconfiguración de cadenas de suministro y tendencias proteccionistas. Factores todos ellos que inciden directamente en la cuenta de resultados y en la planificación estratégica de las 52 empresas que integran la asociación.

Y, en el marco de la apertura, anunció además la próxima celebración del primer Día Nacional de la Seguridad del Ascensor, el próximo 28 de abril, una iniciativa con la que el sector de los ascensores busca reforzar la cultura preventiva y la concienciación en torno a un elemento clave de la movilidad cotidiana, trasladando un mensaje directo a todas las empresas asociadas para que se sumen activamente a esta jornada, con acciones de divulgación y compromiso que pongan en valor la seguridad como eje central del sector.

Eugenio Barroso, presidente de Aecae, en un momento de la bienvenida a los asistentes

Eugenio Barroso, presidente de Aecae, en un momento de la bienvenida a los asistentes.

Anticipación frente a incertidumbre

Bajo esta idea-fuerza se alinearon también las intervenciones institucionales de apertura, que reforzaron el enfoque estratégico del Observatorio desde la formación y la política industrial.

Por un lado, el director general de la Escuela de Organización Industrial, Francisco Velasco, reivindicó el papel histórico de la institución como “escuela de anticipación industrial”. Recordó su carácter pionero en ámbitos como medio ambiente, energías renovables, digitalización e inteligencia artificial, siempre con foco en la empresa industrial. Destacó las actuales líneas de actividad —innovación en gestión, sostenibilidad, liderazgo e inteligencia artificial— y anunció nuevos programas vinculados a geopolítica e industria de defensa, en coherencia con el eje temático de la jornada. Asimismo, puso en valor el trabajo del Centro de Estrategia y Prospectiva Industrial (CEPI), como herramienta complementaria de análisis y vigilancia tecnológica al servicio de la industria.

En la misma línea, Cristóbal Sánchez, viceconsejero de Industria, Energía y Minas de la Junta de Andalucía, subrayó que la anticipación debe traducirse en políticas concretas y operativas. Vinculó el espíritu del Observatorio con la estrategia andaluza Crece Industria, articulada en torno a planes sectoriales desarrollados en colaboración con los propios sectores productivos. Frente al contexto europeo de menor dinamismo, destacó los indicadores de crecimiento industrial en Andalucía y defendió la necesidad de generar confianza, simplificar marcos administrativos y acompañar la inversión industrial como palancas de competitividad.

Ambas intervenciones coincidieron en una idea central: la anticipación no es un ejercicio teórico, sino una herramienta de gestión imprescindible en un sector sometido a fuertes condicionantes regulatorios, tecnológicos y geopolíticos.

La intervención de Ricardo Santamaría, director de Riesgo País de Cesce, fue una de las más aplaudidas del evento...

La intervención de Ricardo Santamaría, director de Riesgo País de Cesce, fue una de las más aplaudidas del evento, al realizar una radiografía del entorno geopolítico en el que se mueve el sector.

Políticas industriales: amenazas y oportunidades geopolíticas

Tras la apertura institucional, la jornada entró de lleno en el análisis geopolítico con la intervención de Ricardo Santamaría, director de Riesgo País de Cesce, quien ofreció una radiografía detallada de las transformaciones estructurales que, a su juicio, están redefiniendo el entorno competitivo de la industria europea.

Santamaría estructuró su exposición en torno a cinco grandes vectores de cambio que explican la complejidad creciente del escenario internacional y que, lejos de ser coyunturales, presentan —según subrayó— vocación de permanencia.

El primero de ellos es la “desoccidentalización” del mundo, no ya en términos demográficos, sino económicos y comerciales. Asia ha superado en peso económico agregado a Europa y Estados Unidos en paridad de poder adquisitivo, y China se ha consolidado como principal socio comercial de la mayoría de economías del planeta. El desplazamiento del centro de gravedad económico del Atlántico al Indo-Pacífico no es solo simbólico: condiciona cadenas de suministro, inversiones y alianzas estratégicas.

El segundo vector es la rivalidad estructural entre Estados Unidos y China, que ha evolucionado de la contención a la confrontación abierta, especialmente en el terreno tecnológico y comercial. Las restricciones a la exportación de semiconductores avanzados, las tensiones en torno a las tierras raras o las medidas arancelarias recíprocas forman parte de una dinámica de acción–reacción que, en palabras del ponente, “es motor permanente de incertidumbre”.

El tercer elemento es el incremento de la conflictividad global. Más allá del número de conflictos, lo relevante es su capacidad de convertirse en riesgos sistémicos cuando las grandes potencias respaldan a alguno de los contendientes. La guerra de Ucrania fue presentada como ejemplo paradigmático de conflicto prolongado gracias al apoyo externo, con impacto directo en energía, inflación y estabilidad financiera.

En cuarto lugar, Santamaría habló del “derrumbe de la arquitectura institucional y sus reglas”: el progresivo debilitamiento del orden institucional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Las potencias emergentes han cuestionado la gobernanza de organismos como el FMI o el Banco Mundial, creando estructuras alternativas. Paralelamente, Estados Unidos ha abandonado numerosos acuerdos e instituciones multilaterales, acelerando la erosión del sistema.

El quinto vector —el que más directamente afecta a la empresa industrial— es el cambio en la gobernanza del comercio internacional. La eficiencia económica ha sido sustituida por la seguridad económica como principio rector. La interdependencia ya no se percibe únicamente como oportunidad, sino también como vulnerabilidad. La pandemia y la crisis energética derivada de la guerra evidenciaron dependencias críticas en suministros estratégicos.

En este contexto, Santamaría recordó el llamado “trilema” del comercio: no es posible mantener simultáneamente hiperglobalización, autonomía estratégica y preservación plena de modelos regulatorios y democráticos. La conclusión fue clara: la desglobalización “ha llegado para quedarse”.

Estados Unidos vs Unión Europea: vulnerabilidad y oportunidad

Una parte sustancial de la intervención se centró en la evolución de la política estadounidense bajo el actual liderazgo, caracterizada —según el análisis expuesto— por un enfoque nacionalista, transaccional y orientado a la primacía de los intereses internos por encima del consenso multilateral.

El ponente apuntó que esta orientación se traduce en proteccionismo comercial, mayor intervencionismo y una redefinición del liderazgo internacional tradicionalmente basado en alianzas estables. El resultado es una mayor volatilidad regulatoria y comercial, con efectos directos sobre flujos de inversión y cadenas de valor.

Frente a este escenario, la Unión Europea aparece como un bloque con debilidades —crecimiento moderado, dependencia energética y tecnológica, fragmentación política— pero también con capacidad de reacción. Santamaría defendió la necesidad de reforzar el mercado interior, consolidar capacidades industriales propias y avanzar hacia una autonomía estratégica “abierta”, basada en acuerdos con países que compartan estándares regulatorios y medioambientales.

En ese sentido, subrayó la relevancia de los acuerdos comerciales con economías afines y el potencial de nuevas alianzas para diversificar mercados en un entorno de bloques.

Impacto comercial: aranceles y desvío de exportaciones

Uno de los puntos de mayor interés para el auditorio fue el análisis del efecto de los aranceles estadounidenses. Aunque las exportaciones españolas a Estados Unidos han sufrido retrocesos, el conjunto de las exportaciones al resto del mundo ha crecido, lo que indica capacidad de adaptación y búsqueda de mercados alternativos.

Sin embargo, la desvinculación entre Washington y Pekín está generando un efecto indirecto: el redireccionamiento de exportaciones chinas hacia terceros mercados, incluida la Unión Europea. La sobrecapacidad industrial china, unida a su necesidad de sostener el crecimiento vía sector exterior ante la debilidad del consumo interno, incrementa la presión competitiva en Europa.

Riesgos a corto y medio plazo

Santamaría advirtió de que el entorno inmediato seguirá marcado por la persistencia de tensiones geopolíticas, especialmente en escenarios como Ucrania u Oriente Próximo, con potencial impacto directo sobre los precios energéticos y, por extensión, sobre los costes industriales. A ello se suma una creciente volatilidad financiera, tanto en los mercados de renta fija como en los de renta variable, junto a posibles tensiones en la política monetaria y episodios de debilitamiento del dólar que pueden introducir inestabilidad adicional en los flujos comerciales y en la financiación empresarial. También subrayó la vulnerabilidad derivada de dependencias críticas en determinados componentes estratégicos y la consolidación de una fragmentación comercial estructural que redefine cadenas de suministro y relaciones económicas internacionales.

Pese a este escenario exigente, las previsiones macroeconómicas apuntan a un crecimiento global moderado y asimétrico, con mayor dinamismo en Asia y Oriente Medio, oportunidades emergentes en África y un ritmo más contenido en América Latina.

Implicaciones para el sector de componentes de elevación

En el tramo final de su intervención, el director de Riesgo País de Cesce trasladó el análisis macroeconómico al terreno concreto del sector de componentes para aparatos elevadores. Señaló que la presión competitiva de fabricantes chinos se ha intensificado en un contexto marcado por diferencias regulatorias, costes energéticos elevados y el riesgo creciente de que determinados productos entren en dinámicas de mera competencia por precio, erosionando márgenes y posicionamiento tecnológico.

Frente a este escenario, defendió la necesidad de convertir el marco regulatorio europeo en una ventaja competitiva, apostando por la calidad, la innovación y el mantenimiento preventivo apoyado en tecnología como elementos diferenciales. Subrayó también la importancia de avanzar en electrificación y eficiencia energética, reforzar el mercado interior europeo y mantener una estrategia activa de internacionalización hacia mercados con marcos estables y previsibles.

El bloque destinado al análisis geopolítico se cerró con una interesante mesa redonda

El bloque destinado al análisis geopolítico se cerró con una interesante mesa redonda.

Competitividad, talento y política industrial en un entorno de presión exterior

La mesa redonda posterior, moderada por el presidente de Asociación de Empresas de Componentes para Aparatos Elevadores, Eugenio Barroso, trasladó el análisis geopolítico al terreno práctico de la empresa. La cuestión de partida fue directa: “¿el riesgo viene de fuera —China, Estados Unidos…— o lo tenemos dentro?”.

José Ignacio Mora, director general de Sercobe (asociación nacional de fabricantes de bienes de equipo), respondió con una síntesis que marcó el tono del debate: el estímulo para el cambio llega del exterior, pero el riesgo real se gestiona —o se sufre— en el interior de Europa. Desde la óptica de los bienes de equipo, sector que representa más de 55.000 millones de euros en exportaciones y una clara vocación internacional, la clave no es replegarse, sino reforzar la competitividad estructural.

Mora defendió la necesidad de homologar las condiciones de las empresas españolas a las que ya disfrutan sus competidores europeos. El plan de bienes de equipo que impulsa la asociación busca precisamente eso: instrumentos fiscales y financieros compatibles con la normativa comunitaria que permitan competir en igualdad de condiciones. “No se trata”, subrayó, “de reclamar privilegios, sino de activar mecanismos que otros países ya aplican y que refuerzan la capacidad exportadora”. El objetivo último es evitar que empresas altamente competitivas pierdan posiciones por falta de apoyo estructural.

Desde la experiencia empresarial directa, Miguel Ángel Corrales, director comercial de Wittur para el sur de Europa, confirmó que la presión competitiva es tangible y creciente. No solo desde China, sino también desde Turquía e India. Sin embargo, introdujo un matiz relevante: la vulnerabilidad se concentra especialmente en el terreno del producto estandarizado. En cambio, la capacidad de personalización, adaptación y servicio sigue siendo una fortaleza diferencial de la industria española y europea.

La deslocalización, en su opinión, solo tiene sentido cuando acompaña una estrategia de crecimiento en mercados emergentes. “Producir fuera exclusivamente por coste supone entrar en el mismo terreno que los competidores de bajo precio sin aportar valor adicional”, aseguró. Y recordó que existen empresas que fabrican íntegramente en España y mantienen posiciones de liderazgo internacional.

El debate se adentró también en un terreno más complejo: la inversión extranjera, particularmente la de origen chino. Ricardo Santamaría, director de Riesgo País de Cesce, aportó una visión matizada. La inversión que genera capacidades productivas y empleo no es, en sí misma, negativa. El problema surge cuando la adquisición responde únicamente a una estrategia de captación de tecnología o talento sin integración real en el tejido industrial local. En sectores considerados estratégicos existen mecanismos de control, pero fuera de ese ámbito la regulación es más limitada, lo que obliga a reflexionar con cautela sobre el equilibrio entre apertura y protección.

Y, por su parte, Vanessa Jaklitsch, directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Escuela de Organización Industrial, introdujo una dimensión complementaria: el talento como variable crítica. “Si la geopolítica define el tablero y la industria mueve las piezas”, sostuvo, “son las personas quienes deciden la partida”. Para añadir que “la soberanía ya no se mide únicamente en recursos o capacidad productiva, sino en la capacidad de atraer, formar y retener talento”, lo que desde la EOI pasa por anticipar las necesidades formativas en ámbitos como geopolítica, seguridad, defensa o tecnologías duales.

La conversación giró entonces hacia la estrategia empresarial en un escenario donde el diferencial de precio frente a competidores asiáticos puede alcanzar cifras incluso superiores al 20%. Barroso planteó el riesgo de quedar en un “punto muerto” competitivo si no se toman decisiones valientes. La regulación, la carga estructural y la mochila de costes pesan, pero también existen activos diferenciales: conocimiento, calidad, relaciones de largo plazo y capacidad de mantenimiento y modernización de sistemas complejos.

En este sentido, se puso sobre la mesa que vender componentes o sistemas de elevación no es simplemente comercializar un producto, sino ofrecer soluciones integradas que requieren continuidad, servicio y confianza. Esa dimensión relacional, basada en el largo plazo, podría explicar por qué determinadas inversiones extranjeras no han logrado replicar plenamente el modelo europeo en este sector.

El cierre de la mesa dejó un mensaje de confianza: las previsiones macroeconómicas apuntan a crecimiento y el sector de la elevación mantiene fundamentos sólidos. Más de la mitad de los ascensores que se instalan en Europa se fabrican en el continente, lo que demuestra la fortaleza productiva existente. España cuenta con empresas altamente especializadas, muchas de ellas auténticas “joyas industriales”, con capacidad tecnológica y experiencia internacional contrastada.

La conclusión compartida fue clara: el capital está invertido en un buen sector, pero no basta con mantener posiciones. La inversión en activos tangibles es necesaria, pero también lo es el refuerzo de activos intangibles como talento, innovación y estrategia internacional. Reducir costes y ganar productividad es imprescindible, aunque insuficiente si no se acompaña de una visión geográfica amplia y de decisiones coherentes con el nuevo entorno global.

Jorge Riobó, experto en inteligencia competitiva del Instituto Tecnológico de Aragón (ITA)...

Jorge Riobó, experto en inteligencia competitiva del Instituto Tecnológico de Aragón (ITA), llevó a cabo una interesante sesión sobre vigilancia de mercado.

Vigilancia tecnológica: la innovación como termómetro geopolítico

El siguiente bloque de la jornada introdujo una dimensión complementaria al análisis estratégico previo: la vigilancia tecnológica como herramienta para anticipar movimientos del mercado y detectar cambios estructurales en el sector. Jorge Riobó, experto en inteligencia competitiva del Instituto Tecnológico de Aragón (ITA), planteó una pregunta de fondo que conectaba directamente con el debate anterior: ¿es la tecnología un espejo de lo que está ocurriendo en el tablero geopolítico?

Su intervención –que abordaremos en profundidad en un próximo artículo– se apoyó en el análisis de datos de propiedad industrial, fundamentalmente patentes, no tanto para extraer conclusiones cerradas como para identificar tendencias e indicios. Como recordó, la información tecnológica siempre es parcial y debe interpretarse en contexto, pero permite trazar curvas de evolución y detectar dinámicas de crecimiento o retroceso.

Uno de los aspectos más reveladores fue la comparación entre los grandes actores internacionales. Las compañías asiáticas, especialmente japonesas, tienden a concentrar la protección de sus desarrollos en entornos geográficos próximos, mientras que las empresas europeas y estadounidenses suelen extender sus patentes a un mayor número de jurisdicciones, evidenciando una estrategia más orientada a la expansión global. Este patrón no es menor: refleja modelos de internacionalización distintos y anticipa posibles zonas de fricción competitiva.

Especial atención mereció el análisis de la inteligencia artificial aplicada al sector. Entre 2012 y 2026 se han identificado más de mil patentes relacionadas con este ámbito, con una curva claramente ascendente. Los desarrollos se concentran en mantenimiento predictivo, monitorización en tiempo real, diagnóstico avanzado, gestión inteligente de tráfico y control de grupos de ascensores en grandes edificios, así como en sistemas de visión artificial para seguridad operativa y en soluciones orientadas a mejorar la accesibilidad.

Riobó subrayó que la presencia de nuevos actores tecnológicos —empresas especializadas en inteligencia artificial nacidas en la última década— introduce un cambio relevante en el ecosistema. Ya no se trata únicamente de fabricantes tradicionales que integran mejoras incrementales, sino de compañías que aportan capacidades digitales avanzadas y que pueden convertirse en socios estratégicos o en objetivos de adquisición por parte de grandes grupos.

Ana Belén Piazuelo abordó el complejo proceso de armonización y adaptación regulatoria que vive actualmente la industria de la elevación...

Ana Belén Piazuelo abordó el complejo proceso de armonización y adaptación regulatoria que vive actualmente la industria de la elevación.

Normativa: convergencia internacional y nuevos retos regulatorios

El siguiente bloque técnico de la jornada estuvo dedicado a la evolución normativa, un ámbito que, lejos de ser accesorio, se perfila como uno de los grandes vectores de transformación del sector. Ana Belén Piazuelo, responsable de normativa, patentes y certificación en MP Ascensores y responsable internacional del Comité de Normativas de Asociación de Empresas de Componentes para Aparatos Elevadores, abordó el complejo proceso de armonización y adaptación regulatoria que vive actualmente la industria de la elevación.

El punto de partida es la creciente convergencia entre el ámbito europeo y el internacional. La idea de fondo es avanzar hacia un reconocimiento recíproco de normas, de modo que determinadas normas CEN puedan adoptarse como ISO y, a la inversa, que normas ISO sin equivalente europeo se integren en el marco normativo comunitario. En aquellos ámbitos donde aún no existe regulación específica, la estrategia pasa por desarrollar estándares conjuntos que eviten duplicidades y fragmentación técnica.

Este proceso no es menor si se tiene en cuenta la velocidad a la que evolucionan la digitalización y las nuevas tecnologías. Sistemas conectados, inteligencia artificial, gestión de datos o ciberseguridad requieren una cobertura normativa que hasta hace pocos años apenas existía o era muy básica. A ello se suma la necesidad de alinear el cuerpo normativo del sector con nuevas regulaciones europeas como el AI Act, el Data Act o el reglamento de ciberresiliencia, que terminan impactando en los ascensores cuando estos incorporan componentes digitales y conectividad.

Sin duda, uno de los hitos más relevantes es la próxima publicación de la ISO 8100-1 y 2, evolución de la conocida EN 81-20 y 50. Aunque el planteamiento conceptual se mantiene, los cambios técnicos son significativos. El calendario previsto apunta a una publicación inminente y a su armonización en el Diario Oficial de la Unión Europea previsiblemente en septiembre, lo que abriría un periodo de convivencia hasta marzo de 2029, momento en que la EN 81-20 y 50 dejaría de otorgar presunción de conformidad con la Directiva de Ascensores.

Entre las novedades destacan ajustes en medios de suspensión, incorporación de cables de menor diámetro, requisitos adicionales en frenos, nuevas opciones de carga nominal, mejoras en seguridad de puertas, cambios en requisitos de acceso y trabajo en foso, así como la introducción más explícita de la seguridad eléctrica funcional. Pero el elemento más disruptivo es, sin duda, la ciberseguridad.

Y es que, la nueva ISO 8100 integra requisitos alineados con el Reglamento de Máquinas y con la futura ISO 8102-20, que desarrolla métodos de ensayo y criterios de verificación en materia digital. La protección frente a accesos no autorizados, la integridad del software y la prevención de interferencias externas pasan a formar parte del marco técnico obligatorio. En un sector donde los equipos están cada vez más conectados, la ciberseguridad deja de ser una cuestión opcional para convertirse en requisito esencial de seguridad.

El problema, como apuntó la experta, surge durante el periodo transitorio. Las EN 81-20 y 50 fueron elaboradadas bajo un marco regulatorio anterior y no contemplan de forma explícita los nuevos requisitos de ciberseguridad. Ello puede generar una brecha de cumplimiento una vez entre plenamente en vigor la nueva fase del Reglamento de Máquinas, prevista para enero del próximo año en lo relativo a requisitos esenciales de seguridad y salud. Aunque la norma antigua seguirá vigente durante el periodo de transición, las empresas deberán justificar adecuadamente que se cubren los riesgos digitales exigidos por la normativa más reciente.

Y añadidó que “el propio grupo de trabajo europeo estudia soluciones para evitar esa brecha, incluyendo la posibilidad de aplicar determinados apartados de la ISO 8100 a instalaciones que aún se diseñen conforme a la EN 81-20 y 50. Sin embargo, el proceso requiere armonización formal y no está completamente cerrado, lo que añade incertidumbre a corto plazo”.

Junto a este eje central, Piazuelo repasó otras normas recientemente publicadas, como la EN 81-76 sobre evacuación de personas con discapacidad o la EN 81-82 y 83, vinculadas a accesibilidad y modernización. También mencionó la nueva generación de normas para plataformas elevadoras, así como desarrollos en compatibilidad electromagnética, eficiencia energética y cálculo de clasificación energética. En el horizonte aparece incluso la posibilidad de una norma específica sobre huella de carbono en ascensores, en línea con las crecientes exigencias de sostenibilidad.

El mensaje final fue claro: el sector afronta una etapa de intensa actividad normativa, marcada por la digitalización, la sostenibilidad y la convergencia internacional. En un entorno donde la tecnología avanza con rapidez y la regulación se adapta para acompañarla, anticiparse a los cambios normativos resulta tan estratégico como anticipar los movimientos geopolíticos o tecnológicos.

Anticipación frente a incertidumbre

El cierre de la jornada incorporó una dimensión práctica a la reflexión estratégica con la presentación del proyecto Horizon Lab, una iniciativa orientada a estructurar la innovación colaborativa dentro del sector en colaboración con la agencia xqno.tech, en la que ya están trabajando distintas empresas de Aecae. Bajo el lema ‘colaborar para innovar’, la propuesta parte de una premisa clara: en un entorno cada vez más complejo, marcado por tensiones geopolíticas, disrupciones tecnológicas y presión competitiva global, la innovación aislada resulta insuficiente. La complejidad exige enfoques multidisciplinares y dinámicas de cooperación estructuradas.

El proyecto nace de un trabajo previo realizado con la propia asociación y sus socios, que permitió identificar tendencias y barreras estratégicas con mayor impacto para el sector. A partir de ese análisis se definieron dos grandes ejes de trabajo. El primero, Horizon Lab Co-Crea, centrado en abordar de forma colaborativa retos vinculados a la digitalización integral, la mejora de la productividad y el mantenimiento predictivo, con el objetivo de desarrollar un primer producto mínimo viable conjunto. El segundo, Horizon Lab Investiga, orientado a profundizar en riesgos emergentes como la ciberseguridad y la protección de datos, explorando posibles modelos de negocio colaborativos que permitan anticipar y mitigar amenazas.

La metodología propuesta, tal como explicó Luz López, socia y lead instructor de xqno.tech, combina sesiones mensuales facilitadas, trabajo intermedio autogestionado y una duración estimada de seis meses, con un número reducido de empresas por grupo para garantizar la efectividad del proceso. Más que un proyecto cerrado, se plantea como un punto de arranque para consolidar dinámicas estables de cooperación empresarial.

Tras la clausura del Observatorio de Anticipación Industrial y un período de networking durante el almuerzo, la jornada se completó con la celebración por la tarde de la Asamblea Ordinaria de Aecae, reservada exclusivamente a las empresas asociadas y en la que, entre otras cuestiones, abordó el seguimiento del plan estratégico 2025-2028, eje vertebrador de la hoja de ruta de la asociación en los próximos años.

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