Alsico, reconocida en los Changemakers Awards por llevar la circularidad al terreno real del vestuario laboral
En el vestuario laboral, la sostenibilidad se mide de una forma muy concreta. No basta con que una prenda tenga una buena historia detrás. Tiene que funcionar. Tiene que resistir jornadas largas, lavados, movimiento, exigencias de seguridad, comodidad y uso continuado. Si no supera esa prueba, la sostenibilidad se queda en una etiqueta. Por eso el reconocimiento recibido por Alsico en la tercera edición de los Changemakers Awards tiene una lectura que va más allá del premio. La compañía ha sido distinguida con el Premio del Público y se ha situado entre las tres mejores empresas consolidadas de esta edición, organizada por los diarios belgas De Tijd y L’Echo.
Y ahí está la parte importante.
Durante años, buena parte de la conversación sobre materiales reciclados en el textil ha girado alrededor de flujos externos, como el plástico procedente de botellas PET. Ese camino ha ayudado a abrir mercado y a demostrar que el reciclaje podía entrar en la industria. Pero el gran reto del textil está dentro del propio textil: qué ocurre con las prendas cuando llegan al final de su vida útil y cómo evitar que ese residuo termine fuera del ciclo productivo.
Este punto es clave porque el workwear no funciona con las mismas reglas que la moda convencional. Una prenda de trabajo no se elige solo por su aspecto ni por su composición. Se elige porque debe acompañar a profesionales en entornos reales: fábricas, laboratorios, hospitales, servicios, industria, logística o instalaciones técnicas. Tiene que responder ante quien compra, ante quien la lava, ante quien la gestiona y, sobre todo, ante quien la lleva puesta.
Por eso, cuando una compañía como Alsico avanza hacia prendas circulares, el reto no es únicamente ambiental. También es industrial. Significa preguntarse cómo diseñar mejor, cómo aprovechar mejor los recursos, cómo reducir residuos y cómo mantener el nivel de exigencia que requiere una prenda profesional.
Con casi 100 años de trayectoria, Alsico parte de una posición poco habitual: conoce el producto, conoce los entornos de uso y conoce las exigencias de los clientes profesionales. Esa experiencia permite que la sostenibilidad no se plantee como una capa añadida, sino como parte de la evolución natural del vestuario laboral.
Alsico recibió el Premio del Público y se sitúa entre las tres mejores empresas consolidadas en la tercera edición de los Changemakers Awards, impulsados por De Tijd y L’Echo.
Alsico no plantea la circularidad como una promesa lejana. La está aterrizando en una categoría donde los cambios tienen que ser viables, medibles y útiles. Esa es, probablemente, la parte más relevante del proyecto: demostrar que el vestuario laboral puede evolucionar sin perder su función principal.
Vincent Siau, responsable de la Alsico Academy, resume el reconocimiento como un impulso para los equipos y como una confirmación de que la compañía avanza en la dirección correcta: ayudar a que profesionales de todo el mundo puedan trabajar protegidos y cómodos, reduciendo al mismo tiempo el impacto sobre el planeta.
Ahí es donde Alsico está construyendo una posición diferencial. No únicamente como fabricante de vestuario profesional, sino como una compañía que entiende que el futuro del sector pasa por cerrar mejor el ciclo de vida de las prendas.
El Premio del Público en los Changemakers Awards refuerza esa dirección. Reconoce un trabajo concreto, pero también señala algo más amplio: la circularidad en el vestuario laboral ya no pertenece solo al terreno de la aspiración. Empieza a convertirse en una respuesta industrial. Y Alsico quiere estar entre las empresas que la hagan posible.











