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Uno de los errores más comunes en el uso de mascarillas es la elección de modelos que no se ajustan bien a la fisonomía del trabajador

La importancia del ajuste en los EPI

José María Lagarón, investigador del CSIC, Consejo Superior de Investigaciones Científicas

16/11/2021
El uso de mascarillas a nivel particular ha supuesto una novedad y un reto para la gran mayoría de la población que, en el último año y medio, se ha visto obligada a enfrentarse a un accesorio hasta ahora desconocido. Sin embargo, a nivel profesional, son muchos los sectores de actividad que utilizan equipos de protección de manera regular para preservar su seguridad.
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Profesionales de sectores como alimentación, construcción, industria química, pinturas, laboratorios, etc. están familiarizados con las mascarillas y las utilizan de manera cotidiana desde mucho antes de que estallara la pandemia. Pese a esta generalización, el uso correcto de los equipos de protección es, desde hace tiempo, uno de los caballos de batalla de muchos departamentos de riesgos laborales, ya que los profesionales incurren en errores a la hora de utilizarlos.

Uno de los más comunes es la elección de mascarillas que no se ajustan bien a la fisonomía del trabajador. Esto, además de ser molesto cuando se manipulan determinadas sustancias, puede resultar muy peligroso, ya que un gran número de partículas en suspensión pueden colarse por los huecos que quedan entre el rostro y la mascarilla.

Los organismos notificados miden la fuga hacia al interior, por lo que siempre hay que elegir una mascarilla que permita el mayor ajuste posible a la cara. En este sentido, las mascarillas de nanofibras son muy buena opción ya que, según varios estudios termográficos realizados por el IBV (Instituto de Biomecánica de Valencia), el bajo espesor de su filtro hace que se peguen a la cara más que las tradicionales, así el aire pasa preferencialmente por el cuerpo de la mascarilla durante la inspiración, que es cuando se producen los contagios.

Para evitar riesgos y conseguir el mejor ajuste, es necesario seguir unas sencillas recomendaciones.

Hacer uso de las tallas

Antes de decidirse por una mascarilla, vale la pena dedicar unos minutos a identificar la talla correcta. De esta manera, el ajuste será mayor y la mascarilla permanecerá en su sitio, evitando que al hablar queden al descubierto la nariz o la barbilla. Algunos proveedores ponen a disposición de los usuarios guías de tallas.

Ajuste nasal y total apertura

Antes de ponerse la mascarilla es recomendable redondear el clip nasal utilizando el dedo de la mano más similar al ancho de la nariz del usuario. Y una vez colocada, presionar sobre la parte superior para que quede bien sellada y evitar la forma de V. También se recomienda abrirla correctamente para que la mascarilla tape por completo la barbilla.

Sin huecos laterales

Además de cubrir nariz y barbilla, las mascarillas deben amoldarse bien al rostro, sin dejar huecos a los lados y sobre las mejillas. Para confirmar que el ajuste es el correcto se pueden poner las manos limpias en forma de cuenco sobre el rostro y alrededor de los bordes externos de la mascarilla y exhalar comprobando que no salga aire por los lados sino por el cuerpo del EPI. Cuanto mejor respire una mascarilla, mejor es el ajuste que presenta y más protección ofrece.

Regulable a la nuca

En entornos vulnerables se recomienda el ajuste a la nuca con un dispositivo regulable que permita adaptarlo a la cara. Esto optimiza el ajuste y también mejora el confort para aquellos que se sientan incómodos con el ajuste a las orejas.
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Cuidado con la barba

La barba, especialmente si es larga, impide el ajuste correcto de la mascarilla y, en consecuencia, reduce su eficacia como barrera de protección. Del mismo modo, cuando el usuario tiene el pelo largo debe evitar que se quede entre las gomas y la cabeza, ya que podría afectar al correcto ajuste de la mascarilla.

Aparte de estos consejos relacionados con el ajuste, existen otras recomendaciones generales que cualquier profesional debe tener en cuenta al manipular las mascarillas de protección.

Extremar la higiene

La limpieza de manos es imprescindible, por lo que el usuario deberá lavárselas antes de colocarlas y tras desecharlas, siguiendo las instrucciones que aparecen en el envase. También debemos recordar que durante el tiempo de uso de las mismas no se deben tocar, especialmente si nos encontramos en esos entornos vulnerables. Si en algún momento se retira la mascarilla deberá deshacerse de ella o guardarla en un lugar seguro, pero nunca dejarla sobre una superficie de trabajo. En el caso de que queramos reutilizar las mascarillas debemos tener en cuenta que solo puede hacerse si es posible desinfectarlas. Esto sería viable con las mascarillas de nanofibras con filtro viricida, ya que se pueden desinfectar con un spray hidroalcohólico, en la parte externa, y en la interna se autoesteriliza, debido al componente viricida del filtro.

Retirada con seguridad

Aunque pueda parecer evidente, no está de más recordar que la mascarilla debe retirarse fuera del área de trabajo que resulte peligrosa.