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Solo 1 de cada 10 alertas de la Unión Europea relacionadas con prendas textiles procedieron de España en 2018

El primer lavado ayuda a garantizar la seguridad de una prenda

Redacción Interempresas10/01/2020

En plena época de rebajas, descuentos y oportunidades, el mercado textil es sin duda uno de los más reclamados. Según la Confederación Económica de Comercio, la facturación de los pequeños y medianos comercios subirá un 2% durante esta campaña, aunque también alertan de la pérdida de fuerza durante la temporada de invierno. Para TÜV SÜD, compañía internacional de soluciones de seguridad y sostenibilidad, en estas fechas conviene recordar al consumidor las claves que garantizan la calidad de las prendas. Solo en 2018 se registraron más de 200 alertas a nivel europeo, de las que España participó en menos del 10%.

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Foto: TÜV SÜD Consumer Products & Retail.

“En primer lugar, recomendamos que los consumidores compren, siempre que sea posible, en empresas con cierta reputación y garantías de calidad, ya sean de lujo o low cost”, explica Oriol Roig, Global Key Account Manager y Team Leader de Consumer Products & Retail de TÜV SÜD España y Portugal. Para evitar que cualquier sustancia perjudicial llegue al producto final, las empresas deben someter sus prendas a distintos ensayos químicos en función del tipo de prenda.

“En los ensayos de arilaminas, por ejemplo, se separan las distintas partes de la prenda (forro, tejido principal, etc.) y se corta un trozo de cada color. Después, se pretrata con una serie de líquidos y se realizan baños a distintas temperaturas para degradar los colorantes. A continuación, se introducen en pequeños tubos de ensayo y se derivan a los equipos de laboratorio, que serán los encargados de determinar la presencia o no de las diferentes arilaminas y la cantidad exacta”, expone Roig.

Además, añade, “conviene que el consumidor lave la prenda antes de ponérsela por primera vez, ya que sustancias como el formaldehído se van con un simple lavado. Por ejemplo, algunas prendas de ropa contienen tintes, perfumes, bactericidas o acabados que no requieren cuidados especiales, como el caso de los antiarrugas, pero que pueden desencadenar efectos nocivos para la salud, como la aparición de síntomas asociados a la dermatitis”.

Sin embargo, el riesgo asociado a cada prenda dependerá de variables como la frecuencia de uso, la antigüedad, la época del año y la forma de limpiar el producto. “Es importante seguir las recomendaciones de cuidado y limpieza que figuran en las etiquetas”, aclara el experto. Para evitar daños, todos los implicados en la fabricación y cadena de suministro de una prenda de ropa, desde el diseñador hasta el distribuidor y el comerciante minorista, tienen la obligación de cumplir ciertos requisitos de seguridad en el manipulado de los productos, así como con ciertas normas de calidad. Por tanto, es fundamental que conozcan todos los componentes que se utilizan en la fabricación y construcción de fibras y en el teñido e impresión de estos productos textiles”, incide Roig.

La industria textil debe cumplir distintas regulaciones europeas

Tal y como sucede con la mayoría de las actividades industriales, las empresas del sector textil deben cumplir ciertas normas de seguridad que ayuden a identificar las sustancias químicas peligrosas, teniendo en cuenta el uso y función del producto y los elementos que lo componen. “Aunque no hay normas armonizadas ni directivas europeas específicas, existe el reglamento REACH, que incluye la restricción de determinadas sustancias peligrosas”, expone Oriol. Además, añade, “se trata de una legislación fundamental, ya que obliga a las empresas a asumir la responsabilidad de las sustancias químicas que comercializan y a garantizar su seguridad”.

Lo mismo sucede con la regulación de la Unión Europea sobre los llamados biocidas (Biocidal Products Regulation), pesticidas que se utilizan para controlar los organismos nocivos que impiden que se dañen los productos o que generen riesgos para la salud y el medio ambiente. Esta normativa, que contiene disposiciones para la comercialización de productos, pretende mejorar el funcionamiento del mercado interior y de las importaciones, así como garantizar un alto nivel de protección para las personas, animales y medio ambiente. De esta forma, los artículos tratados solo pueden comercializarse si las sustancias activas contenidas han sido aprobadas en la UE o están incluidas en el programa de revisión correspondiente.

Las marcas que venden sus productos en la Unión Europea tienen un marco regulatorio complejo. Esto garantiza un alto nivel de calidad y seguridad en los productos que en ella se comercializan. Es fundamental, pues, que las empresas implicadas en toda la cadena de suministro sean conscientes de su importancia. Y que velen a través de sus controles químicos y ensayos periódicos que esto se cumpla.