Las entidades financieras han identificado nuevas oportunidades de financiación vinculadas al componente industrial de las empresas
Los activos ocultos de la industria: cuando una empresa tiene millones de euros sin saberlo
Pedro Álvarez, director de valoraciones industriales de Grupo Gesvalt
02/09/2026Cuando se analiza el valor de una empresa, es habitual que la atención se centre en sus inmuebles. Sin embargo, en numerosos sectores industriales y logísticos existe un conjunto de activos cuyo peso económico suele pasar desapercibido. En los centros logísticos modernos, una parte sustancial del valor puede encontrarse en los equipos e instalaciones vinculados a la actividad: sistemas de clasificación automática, cintas transportadoras, robots AMR, transelevadores, sistemas de picking, cámaras frigoríficas o instalaciones técnicas especializadas.
La creciente automatización ha transformado la forma de entender el valor de estos activos. En determinados casos, el valor del equipamiento industrial y logístico puede superar incluso al del propio inmueble. De hecho, algunas naves se diseñan específicamente en función de la configuración, las dimensiones y los requerimientos técnicos de los equipos instalados en su interior.
Desde una perspectiva industrial, la maquinaria, los equipos productivos y las instalaciones técnicas pueden representar una parte muy relevante del valor total de los activos de una compañía, ya que son precisamente los elementos que hacen posible el desarrollo de la actividad y la generación de ingresos. Esta circunstancia adquiere especial importancia en plataformas con un elevado grado de automatización, instalaciones de frío industrial, sistemas de clasificación o líneas de producción.
Pedro Álvarez, director de valoraciones industriales de Grupo Gesvalt
Estos activos también han adquirido una importancia creciente en el ámbito financiero. Durante los últimos años, las entidades financieras han identificado nuevas oportunidades de financiación vinculadas al componente industrial de las empresas, estructurando operaciones en las que la maquinaria, las instalaciones técnicas y otros equipos asociados a la actividad pueden formar parte de las garantías de la operación.
Sin embargo, muchas compañías desconocen todavía el valor económico actualizado de sus equipos. Es habitual encontrar maquinaria completamente amortizada, o con un valor neto contable reducido, que continúa teniendo un valor significativo porque permanece operativa, mantiene su capacidad productiva y ha sido objeto de un adecuado programa de mantenimiento.
El valor contable, por tanto, no debe confundirse con el valor económico del activo. La amortización responde a criterios contables y fiscales, mientras que la pérdida real de valor depende de factores técnicos, funcionales, tecnológicos y de mercado. No disponer de una valoración actualizada puede ofrecer una imagen incompleta del patrimonio empresarial, afectar a las decisiones de inversión y limitar la capacidad de negociación en procesos de financiación, aseguramiento, compraventa o reestructuración.
A ello se añade otro factor relevante: el coste histórico de adquisición puede diferir considerablemente del coste actual de sustituir un equipo por otro de prestaciones equivalentes. La inflación, el incremento del precio de los materiales, los costes de transporte, instalación, ingeniería y puesta en funcionamiento pueden elevar de forma sustancial el coste de reposición. Esta diferencia puede generar desviaciones en las coberturas aseguradoras, situaciones de infraseguro o sobreseguro y una planificación menos precisa de las futuras inversiones.
Por este motivo, la valoración de maquinaria, equipos productivos e instalaciones técnicas requiere un análisis especializado. No consiste simplemente en determinar el coste de un equipo nuevo y aplicar un porcentaje de depreciación en función de su antigüedad. Es necesario comprender las características técnicas del activo, su función dentro del proceso productivo, su capacidad, su nivel de utilización, su estado de conservación, el mantenimiento realizado, las posibles mejoras incorporadas y su vida útil remanente.
También deben analizarse la obsolescencia funcional y tecnológic, la existencia de equipos equivalentes en el mercado, los costes asociados a su instalación y, cuando corresponda, su grado de especialización o vinculación con el emplazamiento. En función de la naturaleza del activo y de la finalidad de la valoración, pueden considerarse distintos enfoques y contrastarse referencias de mercado, costes de reposición y capacidad de generación de rendimientos.
En consecuencia, la depreciación económica de una máquina no siempre coincide con su amortización contable ni responde únicamente al paso del tiempo. Un equipo antiguo puede conservar una parte relevante de su valor si continúa siendo eficiente, competitivo y adecuado para la actividad. Del mismo modo, una máquina relativamente reciente puede haber sufrido una pérdida significativa de valor por obsolescencia tecnológica, cambios regulatorios, falta de demanda o inadecuación a las necesidades actuales de producción.
En un entorno cada vez más automatizado, valorar correctamente la maquinaria, los equipos productivos y las instalaciones técnicas ya no es únicamente una cuestión contable. Es una herramienta esencial para tomar decisiones de inversión, optimizar las coberturas aseguradoras, acceder a financiación en mejores condiciones y conocer con mayor precisión el valor económico de una empresa. Porque, en muchos casos, los activos que más contribuyen a generar negocio son también los que permanecen menos visibles.