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Artículo de opinión

Cómo el COVID-19 podría ayudarnos a ganar la lucha contra el cambio climático

Victoria Crawford, jefa de proyectos de resiliencia medio ambiental, World Economic Forum, Ginebra

08/04/2020
La pandemia de COVID-19 ha provocado una respuesta global diferente a todo lo que habíamos visto antes. Desde los gobiernos y las empresas asumiendo nuevos roles para responder a la crisis pasando por la reorganización completa de cómo trabajamos, viajamos y socializamos, estamos siendo testigos de cambios transformadores que no parecían posibles hace solo unas semanas. Los costes humanos de la pandemia son horribles, pero la respuesta se ha caracterizado en gran medida por la prevención, la solidaridad y la conexión, a un ritmo de cambio sin precedentes.

Lo que pueda suceder en los próximos meses podría ser de dos maneras.

Existe un riesgo de que a medida que la crisis inmediata disminuya y sus consecuencias económicas se aclaren, descartemos las aspiraciones a largo plazo en busca de soluciones fáciles a corto plazo, muchas de las cuales tendrían consecuencias ambientales adversas. Estas incluyen reducir los estándares ambientales, estimular la economía al ayudar a las industrias pesadas con combustibles fósiles y enfocarse en hacer más cosas, en lugar de usarlas mejor.

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Un hombre con una mascarilla observa la playa de Arpoador durante el brote de la enfermedad del coronavirus en Río de Janeiro, Brasil, el 29 de marzo de 2020. Imagen: Reuters/Ricardo Moraes.

Pero hay otra posibilidad: mientras nos tambaleamos por el impacto de lo que sucede a nuestro alrededor y aceptamos nuestra nueva realidad, podríamos aprovechar este momento como una ventana única de oportunidad para reconstruir nuestra sociedad y la economía como las deseamos. Con los científicos advirtiendo que nos quedan 10 años para evitar las peores consecuencias del cambio climático, esto podría ofrecer una oportunidad para solucionar la crisis climática antes de que sea demasiado tarde.

Varios cambios provocados por la emergencia de COVID-19 sientan las bases para la transformación que se requiere. Aquí se plantean cinco acciones que debemos poner en marcha:

Repensar el riesgo

Hace años que conocemos el riesgo de una pandemia global: basta con ver la intervención de Bill Gates durante una charla de Ted en 2015 en que dijo que "Si algo mata a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, es muy probable que sea un virus altamente infeccioso... Deberíamos estar preocupados. Pero, de hecho, podemos construir un sistema de respuesta realmente bueno”. Sin embargo, se ha necesitado que ocurra un desastre como este para llevar a los gobiernos, las empresas y las personas a actuar a la escala requerida.

Del mismo modo, el cambio climático plantea una gran amenaza para la vida humana y requiere urgentemente una respuesta integral. Un estudio publicado en la revista médica The Lancet predice 500.000 muertes de adultos causadas por el cambio climático para 2050.

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The Atlas.

Si la pandemia nos enseña a reconocer nuestra vulnerabilidad a los choques de alto impacto, como las pandemias y los desastres relacionados con el clima, estaremos en una posición infinitamente mejor prepararndonos para ellos.

Escuchar las perspectivas globales

La naturaleza verdaderamente global de la crisis de COVID-19 nos está obligando a reconocer que todos estamos juntos en esto. Por ejemplo, China enviando ayuda a Italia representa algo más que solo cambios en el panorama geopolítico; también muestra una superación del sentido del ´otro´ y un reconocimiento de que los acontecimientos en una parte del mundo pueden afectarnos a todos.

Hacer de las personas la máxima prioridad

La respuesta al COVID-19 ha visto que la difícil situación de los pacientes, el personal médico y otros grupos vulnerables se dispara al máximo de entre los individuos, empresas y gobiernos. Muchas personas están reorganizando sus vidas para practicar el distanciamiento social, ofreciendo ayuda a los vecinos mayores en sus quehaceres y siendo voluntarios en instalaciones de salud y bancos de alimentos, mostrando el poder que se puede desatar cuando estamos unidos detrás de una causa común.

Las empresas están redirigiendo sus líneas de producción para proporcionar suministros médicos y de higiene, ofreciendo acceso gratuito a sus plataformas on líne y apoyando a sus empleados de varias maneras, como aumentar sus salarios, resaltando cuán ágiles pueden ser para responder a las necesidades críticas. Y los gobiernos están comprometiendo billones para ayudar a los afectados por el coronavirus, en lo que parece una ´carrera hacia la cima´ para brindar el apoyo más completo a sus ciudadanos.

Todo esto muestra que es posible una respuesta a gran escala a una crisis global. Necesitamos aprovechar esta ola de compasión y proactividad para proteger a las personas vulnerables en todos los contextos, incluidos los más expuestos a los impactos climáticos.

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 World Economic Forum Global Risks Report 2020.

Aun no se sabe si el COVID-19 incitará al mundo a elegir la ruta del aislamiento nacional o la solidaridad global, pero existe una creciente comprensión de que estamos conectados inherentemente a personas en geografías y circunstancias muy diferentes, lo que puede ayudar a generar un impulso para una acción climática fuerte.

Confiar en los expertos

A medida que nos hemos dado cuenta de la importancia de la pandemia, el valor del conocimiento se ha vuelto cada vez más claro. El consejo de los epidemiólogos se ha vuelto viral (todos hemos visto el meme ´aplanar la curva´), y a los sanitarios se les ha considerado héroes. Esto podría representar un punto de inflexión en una tendencia hacia la desaparición de expertos.

También tenemos que escuchar a los científicos climáticos y a los asesores de políticas para ganar la lucha contra el cambio climático. Una mayor confianza en los expertos de todo tipo nos lleva en la dirección correcta.

Hacer un cambio cultural

Muchos aspectos de la respuesta al COVID-19 son similares a los tipos de cambios que necesitamos como parte de una respuesta integral al cambio climático. Lo interesante es que muchos cambios necesarios solo requieren un cambio en la cultura. Por ejemplo, ni el aumento del uso de la bicicleta y la expansión de los carriles bici en Bogotá a medida que los ciudadanos evitan el transporte público, ni el experimento del teletrabajo por el coronavirus han requerido una nueva tecnología, sino que se han basado en nuevas ideas.

Está claro que tenemos muchas de las herramientas para hacer grandes avances en el tratamiento del cambio climático; lo que necesitamos ahora es la voluntad política para aplicarlos.

Queda mucho para saber qué aspecto tendrá el mundo cuando salgamos de la pandemia del COVID-19, pero los cambios sociales fundamentales que estamos viviendo pueden ofrecernos una oportunidad final para evitar una catástrofe climática.

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