OPG recuperar la estabilidad del templo de San Dionisio, sin alterar la memoria del templo
El edificio, de tradición gótico-mudéjar, cuenta con tres naves, capillas laterales y cubierta a dos aguas. Sus dimensiones aproximadas son 25 por 38 metros, con una altura máxima de 18 metros en la nave central. Su construcción se sitúa entre los siglos XIII y XIV, aunque no existe certeza sobre su fecha exacta.
Más que una remodelación formal, el proyecto fue una restauración estructural. La intervención, llevada a cabo por OPG (Obras y Proyectos Geotécnicos), siguió una secuencia de investigación, diagnóstico, tratamiento y control para conservar el edificio actuando sobre las causas de su deterioro.
Análisis de daños
Los problemas más graves se concentraban en los pilares identificados como 1, 2, 3 y 4. Presentaban fisuras y pérdidas de material, especialmente en sus dos metros inferiores. La localización resultaba significativa: las secciones próximas al suelo soportan mayores esfuerzos verticales y estaban particularmente expuestas a la humedad ascendente.
Las mediciones revelaron porcentajes de humedad elevados y desiguales. En las zonas inferiores se registraron valores desde aproximadamente el 10 % en el pilar 6 hasta alrededor del 30 % en los pilares 3 y 5. La humedad afectaba también a los muros y constituía un factor esencial para interpretar las lesiones.
El estudio no se limitó a describir los daños visibles. Era necesario determinar si las fracturas continuaban dentro de los soportes y si existía relación entre su degradación, la composición de la fábrica y el comportamiento del terreno.
Análisis de los elementos estructurales
Para conocer la construcción se extrajeron cuatro testigos: tres de los pilares 2, 3 y 4, y otro de la fachada principal. Estos permitieron identificar una fábrica heterogénea, cuya respuesta no podía deducirse únicamente de su superficie.
Las capas exteriores, de unos 30 centímetros de espesor, estaban formadas por piedra arenisca. En los núcleos de pilares y muros aparecía argamasa de cal con fragmentos de calcarenita. La fachada incorporaba también una capa de tapial compacto, restos cerámicos y otros materiales. Las bases de los pilares presentaban aplacados de piedra recibidos con mortero de cemento.
Los ensayos de georradar detectaron discontinuidades interiores en los cuatro soportes más deteriorados, algunas interpretadas como fracturación interna. Las pruebas sónicas completaron la evaluación mediante el análisis de la propagación de ondas.
Los módulos de deformación dinámicos obtenidos quedaban por debajo de los 10–12 GPa establecidos como referencia para una fábrica sana comparable. Estos resultados confirmaban que el deterioro afectaba a la integridad del conjunto, más allá de los desprendimientos superficiales.
Análisis de la cimentación
La cimentación exigía una investigación específica. El templo había sufrido problemas de estabilidad desde el siglo XVI y, durante intervenciones posteriores, se había comprobado la existencia de una escorrentía subterránea. Entre 1948 y 1976 se reconstruyeron zapatas y soportes afectados, reutilizando los sillares originales cuando fue posible.
La nueva campaña combinó sondeos, georradar, videoscopio y calicatas. Su principal hallazgo fue la disparidad de los apoyos: las zapatas se encontraban a distintas profundidades y transmitían las cargas a terrenos de rigidez muy diferente.
El pilar 3 apoyaba aproximadamente a 1,28 metros de profundidad sobre rellenos antrópicos poco compactos; el pilar 5 lo hacía a 4,80 metros sobre arena arcillosa compacta. Bajo la solería se localizaron, además, numerosos huecos asociados principalmente a enterramientos y una cavidad mayor bajo el presbiterio.
Los sondeos encontraron agua subterránea alrededor de cinco metros de profundidad. El conjunto describía un subsuelo heterogéneo y húmedo, desfavorable para una transmisión uniforme de las cargas.
Diagnóstico
La investigación estableció una causa doble: la baja resistencia de la fábrica de los pilares y las diferencias de comportamiento de sus cimentaciones. Ambos factores se agravaban por la presencia de agua.
Según el estudio, la piedra empleada podía perder alrededor del 30 % de su resistencia en condiciones de humedad. En una fábrica originalmente poco resistente, esta reducción acercaba los soportes al agotamiento por compresión. Al mismo tiempo, los apoyos sobre estratos distintos favorecían respuestas diferenciales frente a las cargas gravitatorias.
El diagnóstico descartaba una reparación meramente superficial. Había que consolidar los pilares, mejorar sus propiedades mecánicas y homogeneizar la respuesta del terreno. También se debía reducir, en lo posible, la incidencia del agua para prevenir nuevos procesos de degradación.
Solución adoptada
La urgencia, los recursos económicos disponibles y la conservación de la imagen del templo orientaron la elección hacia la inyección de lechadas. Sustituir íntegramente los cuatro pilares dañados habría requerido reconstruirlos desde sus cimientos. La consolidación interior ofrecía una alternativa que mantenía la fábrica existente.
El tratamiento, aplicado por la empresa Obras y Proyectos Geotécnicos (OPG) comenzó por la cimentación. Se ejecutaron cuatro inyecciones armadas bajo cada pilar, utilizando lechadas de cemento y bentonita para consolidar los rellenos y mejorar la uniformidad de los apoyos. Se evitó penetrar en las arenas arcillosas para no introducir nuevas diferencias de rigidez. Bajo el pavimento se realizó también una colmatación superficial por inyección.
Después se apearon los soportes y se colocaron zunchos metálicos en sus 2,5 metros inferiores. El apeo estabilizaba y descargaba parcialmente los pilares; los zunchos aportaban confinamiento frente a las presiones del tratamiento.
La consolidación de la fábrica empezó con inyecciones radiales mediante perforaciones horizontales distribuidas alrededor de los soportes. Se trabajó desde los niveles inferiores, por pasadas y con presiones crecientes, hasta un máximo de 2 MPa. El caudal se limitó a cinco litros por minuto para facilitar la salida del aire y evitar daños.
La fase central empleó dos tubos-manguito inclinados por pilar. Sus válvulas permitían inyectar selectivamente y repetir el tratamiento. Los tubos permanecían dentro del soporte como refuerzo. Se utilizaron lechadas de microcemento ultrafino y presiones finales entre 1 y 1,5 MPa.
La aportación del proyecto estuvo en adaptar una técnica utilizada para mejorar terrenos a la reparación de fábricas históricas. Su eficacia dependió del conjunto del procedimiento: conocimiento previo del material, confinamiento de los soportes, inyecciones preparatorias y control de presiones y caudales. La herramienta, por sí sola, no explicaba el éxito de la intervención.
Finalmente, se inyectaron polímeros en las bases para rellenar huecos residuales y se aplicó un mineralizador impermeabilizante en zonas inferiores de pilares, muros y zapatas. Las pruebas sónicas y la topografía de precisión permitieron controlar la eficacia del proceso y los movimientos estructurales.
Conclusiones
Los controles finales mostraron módulos de deformación dinámicos de 10–12 GPa, comparables a los de la fábrica sana de referencia. El tratamiento había mejorado sustancialmente la respuesta mecánica de los pilares.
Con un presupuesto de ejecución material de 431.122,12 euros, la intervención resultó, según el estudio, más económica que la sustitución completa de los elementos dañados. Tras limpiar la fábrica y reponer los fragmentos de sillares perdidos, la iglesia reabrió al culto en febrero de 2010.
San Dionisio demuestra el valor de vincular investigación y ejecución en la restauración patrimonial. La técnica era invasiva y no completamente reversible, pero su aplicación respondió a la gravedad del deterioro. La consolidación quedó oculta: el templo recuperó estabilidad conservando su expresión arquitectónica.
























