Entrevista a Ion Olaeta, presidente de FER
Periodista especializado en información empresarial · Interempresas Media
28/05/2026
En esta entrevista, Olaeta analiza la crisis del plástico reciclado europeo, los riesgos del retraso normativo ante la entrada en vigor del Reglamento de envases (PPWR) el 12 de agosto, y las amenazas que las baterías de litio representan para la seguridad de las instalaciones del sector. Su diagnóstico es claro: sin mercado, sin demanda y sin estabilidad regulatoria, la transición circular es inviable.
España ocupa una posición relevante en el mapa europeo del reciclaje. Sus plantas de tratamiento de plástico cuentan con una capacidad instalada que, según Olaeta, no tiene nada que envidiar a la de los países líderes del continente. Sin embargo, esa fortaleza industrial contrasta con una paradoja preocupante: esas mismas instalaciones operan actualmente al 70% de su capacidad por la falta de demanda de material reciclado, en lo que el presidente de FER califica como “la mayor crisis de su historia” para el plástico reciclado europeo. La competencia desleal de importaciones asiáticas a precios artificialmente bajos agrava una situación que ya arrastraba la presión de los costes energéticos y la complejidad regulatoria.
En el plano europeo, Olaeta no oculta su frustración ante una política que, a su juicio, sigue desconectada de la realidad industrial. Bruselas acumula reglamentos y directivas con objetivos ambientales legítimos, pero sin la visión de conjunto necesaria para hacerlos viables. El mensaje de FER a los responsables políticos es inequívoco: la economía circular no puede construirse sobre una regulación desproporcionada, ajena a sus efectos sobre la inversión y el empleo, y que olvide la premisa fundamental de que “la economía circular no se decreta: se construye con industria, mercado y demanda”.
Ion Olatea es el presidente de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER).
El sector del reciclaje en España reúne a más de 5.000 empresas, supera los 33.000 empleos directos y genera un volumen de negocio equivalente al 1% del PIB. ¿Refleja ese peso económico la consideración que recibe la industria por parte de las administraciones públicas, o sigue siendo un sector infravalorado en el debate político nacional?
Esta es una cuestión en la que llevamos trabajando desde la propia fundación de la Federación. De hecho, uno de los motivos principales de su creación fue precisamente la necesidad de dignificar un sector esencial para la sociedad.
En este sentido, es importante reconocer que en los últimos años se ha producido una evolución significativa. Hemos pasado de una situación de prácticamente invisibilidad, para la sociedad y para sus gobernantes, a ir adquiriendo reconocimiento y contar con una presencia activa en los principales foros, reuniones y espacios de decisión relacionados con nuestro sector y la sostenibilidad. Hoy, la industria del reciclaje forma parte del debate y es considerada un actor relevante.
No obstante, con la llegada del término de economía circular — una actividad que nuestras empresas llevan décadas desarrollando — seguimos trabajando para que se reconozca plenamente al sector como el eslabón clave para hacer viable este modelo. A pesar de los avances, muchas de las políticas públicas todavía no incorporan de forma suficiente las necesidades reales de la industria, y en algunos casos se traducen en un incremento de la carga burocrática que afecta a su competitividad, especialmente frente a las empresas recuperadoras de fuera de la Unión Europea.
El valor que aporta el reciclaje —en términos de reducción de emisiones contaminantes y ahorro de materias primas vírgenes— desgraciadamente no cotiza en bolsa. Pero tanto con la invasión rusa de Ucrania como con el conflicto generado en Irán se ha vuelto a demostrar que la actual dependencia energética y de materiales estratégicos por parte de Europa hace que sea más urgente que nunca ese cambio de modelo económico y que solo con una potente industria del reciclaje será posible hacerlo.
Desde FER, el objetivo es seguir avanzando. En estos momentos en los que los ojos parece que se vuelven a dirigir a políticas proteccionistas o relacionadas con la seguridad, hemos de evitar que los árboles no nos dejen ver el bosque. Aquí lo verdaderamente importante es generar en la Unión Europea un mercado estable de materiales reciclados que sirvan para evitar cortes en la cadena de suministro, abastezcan a nuestras industrias y vayan reduciendo progresivamente la actual dependencia del exterior, tanto energética como de materias primas vírgenes.
"Los fondos" (europeos) "han llegado a cuentagotas y eso en el caso de que hayan llegado", asegura Olaeta.
FER ocupa puestos de relevancia en Recycling Europe y usted mismo ejerce como vicepresidente de la División Europea de Reciclaje de Plásticos (ERPB). ¿En qué medida influye España en el diseño de la política europea de economía circular y qué asignaturas pendientes detecta en esa interlocución?
Nuestros homólogos europeos reconocen tanto el trabajo desarrollado por la Federación en defensa de los intereses del sector como el valor del modelo operativo de nuestras empresas, especialmente apreciado en el ámbito europeo. Las grandes inversiones realizadas en maquinaria y tecnología o la capacidad de reciclaje de las plantas de tratamiento de residuos no tienen nada que envidiar a las de los países europeos líderes en reciclaje. Todo ello se ha visto recompensado con nuestra presencia en puestos de responsabilidad en Recycling Europe. Gracias a ello, la visión de los recicladores españoles es muy tenida en cuenta en Europa y define las líneas estratégicas de la confederación en sus demandas a la Unión Europea.
Sin embargo, como comentaba anteriormente con el caso de la visión que se tiene del sector en nuestro país, la política europea sigue haciendo oídos sordos a las principales demandas de esta industria.
Lo que nos dice la actualidad es que, en determinadas circunstancias, puede resultar más barato producir con materias primas vírgenes que con materiales reciclados. Esto no tiene sentido desde el punto de vista ambiental ni económico, pero ocurre. Y ocurre porque el mercado no está correctamente equilibrado.
Frente a ello, la Unión Europea sigue legislando con reglamentos y directivas que, inspirados en objetivos ambientales legítimos, adolecen de una visión muy poco equilibrada entre sostenibilidad y competitividad. La acumulación de nuevas obligaciones, requisitos administrativos y restricciones operativas ha incrementado de forma notable la presión sobre las empresas del reciclaje, que ya operan en mercados altamente competitivos y con márgenes ajustados.
En paralelo, otras potencias económicas han virado a posiciones enfrentadas al posicionamiento europeo, que han desembocado en una creciente incertidumbre en el comercio internacional. Las políticas arancelarias impulsadas por la Administración Trump o las prácticas de dumping en materias primas básicas de China han dejado una huella profunda en las relaciones comerciales globales. Hoy vemos cómo el proteccionismo vuelve a ganar peso, afectando directamente a los flujos de materiales reciclados.
Desde el sector del reciclaje necesitamos justo lo contrario. Necesitamos estabilidad regulatoria, objetivos claros y una visión a largo plazo. La economía circular no se construye de un día para otro; requiere inversiones, innovación y confianza. Si las reglas cambian constantemente, si las prioridades se diluyen, el avance se ralentiza.
No obstante, seguiremos defendido con firmeza que la transición hacia una economía circular no puede construirse sobre la base de una regulación desproporcionada, desconectada de la realidad industrial y económica, ni ajena a los efectos que produce sobre la viabilidad de las actividades, la inversión y el empleo. En este sentido, los responsables políticos han olvidado la premisa de que la economía circular no se decreta: se construye con industria, mercado y demanda.
Olaeta también es el vicepresidente de la División Europea de Reciclaje de Plásticos (ERPB).
El Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR) será de obligado cumplimiento a partir del 12 de agosto. ¿Están las empresas españolas del sector suficientemente preparadas para afrontar ese plazo, o existe riesgo real de que muchas queden en una situación de incumplimiento?
Esperamos que sí y es una tarea de todos los agentes de la cadena de valor del envase industrial y comercial conseguir que todas las empresas a las que afecta este reglamento estén preparadas para esa fecha en materia de obligaciones.
Desde FER seguiremos ofreciendo toda la formación necesaria a nuestras empresas asociadas para que sean conscientes de sus obligaciones. También mantenemos diversos acuerdos firmados con distintos SCRAP para que todas nuestras empresas estén protegidas en materia legal sobre los residuos de envases comerciales e industriales que gestionan. Y esperamos que el resto de los sectores que se verán afectados por este reglamento puedan llegar a tiempo para cumplir con todas sus obligaciones.
El PPWR fija porcentajes mínimos obligatorios de contenido reciclado posconsumo en plástico para 2030: un 30% para botellas de PET y un 35% para otros envases plásticos. ¿Tiene España la capacidad industrial instalada para garantizar ese suministro de material reciclado, o habrá que importarlo?
España es un país líder en la Unión Europea en capacidad de reciclaje de plástico instalado. Hoy en día, el principal problema del sector es justo el contrario: las plantas de reciclaje de plástico españolas están operando actualmente a un 70% de su capacidad debido a la grave crisis que está atravesando el sector derivada de la falta de demanda.
La Comisión Europea trabaja en una futura Ley de Economía Circular. ¿Qué medidas concretas debería incluir para que el mercado único de materias primas secundarias funcione de forma efectiva y no quede, una vez más, en una declaración de intenciones?
Esta industria ha demostrado en innumerables ocasiones su capacidad de resiliencia y esta ley debemos verla como el instrumento para convertir las actuales amenazas en oportunidades. En primer lugar, necesitamos mercados sólidos para las materias primas recicladas. Hoy existe más capacidad de reciclaje que demanda real. Esto es un problema estructural que debe abordarse con medidas valientes: objetivos obligatorios de contenido reciclado, incentivos económicos y una apuesta decidida por la compra pública verde.
En segundo lugar, es imprescindible que los precios reflejen la realidad ambiental. No puede ser que los materiales vírgenes compitan en ventaja porque sus impactos no están internalizados. Si queremos un mercado justo, debemos corregir esta distorsión.
En tercer lugar, necesitamos apoyo financiero. Muchas de nuestras empresas, especialmente las pequeñas y medianas, están haciendo un esfuerzo enorme para adaptarse a este contexto. Sin ayudas y sin acceso a financiación, corremos el riesgo de perder tejido empresarial, y con él, capacidad industrial.
En cuarto lugar, debemos apostar por la innovación. El reciclaje de hoy no es el de hace veinte años. Nos enfrentamos a productos cada vez más complejos, a materiales nuevos, a retos tecnológicos que exigen inversión y conocimiento.
Y, por último, pero no menos importante, debemos actuar desde el origen: el ecodiseño. No podemos seguir reciclando productos que nunca fueron concebidos para ser reciclados. Necesitamos diseñar pensando en el final de la vida de los productos, en la reparabilidad, en la reutilización. Y para ello, es fundamental contar con la experiencia de quienes trabajamos en la gestión de residuos.
"Las plantas de reciclaje de plástico españolas están operando actualmente a un 70% de su capacidad debido a la grave crisis que está atravesando el sector", denuncia el presidente de FER.
Usted ha advertido de que el plástico europeo reciclado atraviesa “la mayor crisis de su historia” por la caída de la demanda y los precios. ¿Cuáles son las causas estructurales de esa crisis y qué medidas urgentes deberían adoptarse desde Bruselas?
Es plástico reciclado es un ejemplo paradigmático de lo que podría pasar con otros materiales reciclados si no se articulan medidas políticas urgentes. A la complejidad regulatoria, los costes energéticos y la presión sobre los precios, se suma otro factor preocupante: la competencia desleal derivada de la entrada masiva de materiales reciclados procedentes de Asia, donde los estándares medioambientales y laborales son, en muchos casos, considerablemente más laxos. Estas importaciones de los plásticos reciclados —a precios artificialmente bajos— están inundando el mercado europeo, desplazando a operadores locales y minando la viabilidad de un reciclaje de calidad, sostenible y ético.
Las importaciones de plástico reciclado de dudosa procedencia distorsionan el mercado europeo. ¿Qué mecanismos de control reclama el sector para garantizar una competencia leal entre el material reciclado europeo y el procedente de terceros países?
Las soluciones pasan por desarrollar mercados eficaces de plásticos reciclados, superar las barreras regulatorias existentes y garantizar un entorno de equilibrado de competencia, donde exista una cláusula espejo que garantice que el contenido reciclado importado desde terceros países cumpla las mismas normas ambientales, sanitarias y de calidad que se aplican en Europa.
El Ministerio para la Transición Ecológica tiene pendiente el desarrollo de varios reales decretos vinculados al nuevo marco regulatorio. ¿Cómo valora el ritmo de esa transposición normativa y qué consecuencias está teniendo el retraso para las empresas del sector?
Estamos inmersos en una vorágine normativa en Europa y esto obliga a las empresas a un proceso de adaptación continua y sin precedentes. La consecuencia es un aumento considerable de las cargas administrativas y los consiguientes costes que de ellas se derivan.
"Los incendios provocados por las baterías de litio constituyen un riesgo para la seguridad de los trabajadores y amenazan la viabilidad económica de los operadores de residuos", denuncia Olaeta.
La implantación del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) genera un debate intenso en España. ¿Cuál es la posición de FER al respecto y qué impacto tendría su puesta en marcha sobre la viabilidad económica de las plantas de selección y reciclaje actuales?
Hasta el momento, el SDDR se ha planteado principalmente para envases de bebidas, en particular botellas de plástico de un solo uso de hasta 3 litros (aguas, zumos, refrescos, bebidas energéticas, isotónicas y alcohólicas). Para garantizar su viabilidad, se prevé también la inclusión de latas y envases de cartón para bebidas dentro del sistema.
En este sentido, aunque los envases metálicos ya presentan tasas de reciclaje elevadas, su incorporación responde a la necesidad de aportar equilibrio económico al sistema, ya que su valor contribuye a compensar los costes asociados, especialmente en el caso de los plásticos, que concentran gran parte del esfuerzo de la medida.
Por ello, es previsible que el SDDR conviva con el modelo actual basado en el contenedor amarillo.
Uno de los aspectos clave que desde FER hemos señalado en relación a la implantación del SDDR es la necesidad de evitar situaciones de doble tributación o duplicidad de costes, que podrían afectar negativamente tanto a la eficiencia del sistema como a la competitividad del sector.
En cuanto al impacto sobre las plantas de reciclaje, los gestores de residuos continuarán desarrollando su actividad con normalidad, si bien el material procedente del SDDR previsiblemente presentará una mayor calidad, al contener menos impropios y reducir las mermas en el proceso.
La gestión de residuos de baterías de litio, un flujo en rápido crecimiento por la electrificación del parque móvil, representa un reto específico para el sector. ¿Están las infraestructuras españolas preparadas para absorber ese volumen creciente con garantías de seguridad?
No es un problema de infraestructuras, ni que afecte solo al reciclaje de baterías de automóviles. Estamos ante un grave problema de organización de un modelo que se ha mostrado muy frágil y que conviene revisar.
En el año 2021, la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) publicó la guía Buenas prácticas en la prevención de incendios en la gestión de residuos de baterías de litio y residuos que las contienen. Dirigida a las empresas asociadas a FER, el documento ofrecía una serie de recomendaciones para los actores de la cadena de gestión de los residuos y, en particular, a aquellos que reciben residuos de baterías de litio, con el fin de reducir posibles explosiones o incendios relacionados con las mismas.
En aquel momento, en pleno auge de un material que hoy se ha consolidado como clave para la transformación digital y energética global, FER ya advirtió que las baterías de litio podrían convertirse en un grave riesgo potencial para las instalaciones de tratamiento, si no se gestionaban adecuadamente al final de su vida útil.
Desde entonces, FER ha continuado su programa formativo para prevenir los riesgos derivados de los posibles incendios en las instalaciones de manipulación de este tipo de baterías –por ejemplo, talleres de automoción– y en las plantas de tratamiento de residuos, editando carteles y trípticos informativos con protocolos de actuación para evitar riesgos de explosiones e incendios. Y, en este sentido, en la actualidad, estamos desarrollando dos proyectos financiados por la Fundación Estatal para la Prevención de Riesgos Laborales orientados a prevenir los incendios causados por las baterías de litio.
"Las importaciones de los plásticos reciclados —a precios artificialmente bajos— están inundando el mercado europeo, desplazando a operadores locales y minando la viabilidad de un reciclaje de calidad, sostenible y ético", denuncia Ion Olaeta.
Desgraciadamente, cinco años después, aquellas sospechas y primeros intentos por anticiparse al problema han resultado ser a todas luces insuficientes. Los incendios provocados por las baterías de litio —derivados de una incorrecta separación de estos residuos en origen— constituyen un riesgo para la seguridad de los trabajadores, causan daños importantes en infraestructuras críticas y amenazan la viabilidad económica de los operadores de residuos, además de dificultar el cumplimiento de los objetivos de economía circular fijados por la Unión Europea.
Por tanto, la proliferación de baterías de litio en el flujo de residuos municipales representa una amenaza real y creciente para la seguridad de las instalaciones, los trabajadores y la viabilidad económica del sector. La prevención de incendios ya no puede recaer exclusivamente en los gestores de residuos: es imprescindible que las instituciones europeas y nacionales impulsen políticas eficaces, mecanismos de financiación y campañas de concienciación que garanticen una correcta separación en origen. Solo mediante una acción coordinada entre industria, ciudadanía y administraciones será posible afrontar este reto con garantías y avanzar hacia un modelo de economía circular verdaderamente seguro y sostenible.
"Solo mediante una acción coordinada entre industria, ciudadanía y administraciones será posible afrontar este reto con garantías y avanzar hacia un modelo de economía circular verdaderamente seguro y sostenible"
El acceso a fondos europeos Next Generation y otros instrumentos de financiación pública resulta determinante para modernizar las plantas de reciclaje. ¿Está llegando ese dinero al tejido empresarial del sector o se está concentrando en otro tipo de actores?
Según los comentarios que nos llegan a través de nuestras empresas socias, los fondos han llegado a cuentagotas y eso en el caso de que hayan llegado. Esta serie de instrumentos de financiación u otros, como la compra pública verde, deberían ser prioritarios si de verdad lo que queremos es un cambio de modelo económico basado en incentivar el uso de materiales reciclados para poder acabar con las distorsiones actuales de los mercados.












































