La industria química europea reclama medidas urgentes para frenar su pérdida de competitividad
La industria química europea lanza un llamamiento a la acción a los jefes de Estado y a las instituciones comunitarias para que adopten medidas inmediatas frente al deterioro de la competitividad industrial en Europa. El mensaje se trasladó en el marco de la Cumbre de la Industria celebrada en Amberes, donde más de 500 líderes empresariales piden pasar ‘del análisis a la acción’.
El sector solicita respuestas coordinadas para reducir los costes energéticos, reforzar la defensa comercial, facilitar el acceso a la financiación y avanzar en la simplificación regulatoria. El objetivo es frenar la deslocalización de producción, proteger el empleo y fortalecer la autonomía estratégica europea, además de convertir el Clean Industrial Deal en resultados concretos para la industria.
El encuentro contó con la participación de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto a dirigentes como el primer ministro belga Bart De Wever, el canciller alemán Friedrich Merz, el presidente francés Emmanuel Macron, el primer ministro neerlandés Dick Schoof y el canciller austríaco Christian Stocker. También asitieron los vicepresidentes ejecutivos Teresa Ribera y Stéphane Séjourné, el comisario Wopke Hoekstra y el vicepresidente del Parlamento Europeo Martin Hojsík.
La cumbre se celebró un día antes de la reunión informal del Consejo Europeo en Alden Biesen, considerada por el sector como una oportunidad clave para adoptar decisiones que impulsen la competitividad, el empleo de calidad y la resiliencia industrial de la Unión Europea.
Cierres de plantas y pérdida de capacidad
En este escenario, la industria química, considerada la industria de las industrias por su papel transversal en sectores clave como la movilidad, la salud, la energía o el cumplimiento de los objetivos de neutralidad climática, atraviesa un deterioro competitivo sin precedentes. Esta situación requiere la adopción de un paquete de medidas urgentes, estructurales y coordinadas por parte de las autoridades europeas y nacionales, que eviten la aceleración de los procesos de desinversión, y con ello, la pérdida de riqueza y empleo, y el riesgo de comprometer la autonomía estratégica en estos sectores clave.
La preocupación del sector se apoya en datos recientes. Según un estudio del Cefic (Consejo Europeo de la Industria Química) elaborado por la consultora Roland Berger, los cierres de plantas químicas en Europa se multiplican por seis desde 2022, con una pérdida acumulada de 37 millones de toneladas de capacidad productiva, equivalente al 9% del total de la UE.
Energía, prioridad absoluta
La reducción de los costes energéticos se sitúa como la principal demanda del sector. La industria reclama precios eléctricos industriales más competitivos, idealmente por debajo de 40 €/MWh, para garantizar inversiones y evitar nuevas deslocalizaciones. En el caso de España, subraya la necesidad de aliviar la carga fiscal sobre la electricidad, compensar costes indirectos de CO2 y reducir peajes para consumidores electrointensivos.
Asimismo, pide ajustes en el régimen europeo de comercio de emisiones y que los ingresos del ETS y del mecanismo de ajuste en frontera por carbono se reinviertan en proyectos industriales que reduzcan el riesgo de fuga de carbono.
Defensa comercial y financiación
El sector también insta a reforzar los instrumentos de defensa comercial para evitar competencia desleal y garantizar que las importaciones cumplan los estándares europeos. En paralelo, reclama más apoyo financiero para la descarbonización: solo la industria química española estima necesidades de inversión de 65.000 millones de euros hasta 2050.
Entre las herramientas prioritarias menciona los Contratos por Diferencias de Carbono, que permiten compensar la brecha de costes entre tecnologías limpias y fósiles y facilitar proyectos transformadores.
Hacia una regulación más ágil
Por último, la industria química pide una regulación europea más eficiente y equilibrada, con procedimientos administrativos más rápidos y menos cargas para la inversión. El sector espera que las próximas decisiones europeas marquen un punto de inflexión y se traduzcan en medidas concretas.
La industria reitera su disposición a colaborar con las instituciones para construir una Europa más competitiva, resiliente y sostenible, apoyada en una base industrial sólida.




















