Tribuna de opinión
2026, un año nada común
Estamos dentro del primer cuatrimestre del año y, aunque todo parece que pudiera ser igual a otros inicios de año, este 2026 tiene poco de común y mucho de especial.
Para empezar, y para este sector de la belleza, el año empezó con una anomalía climática importante que redujo visitas de clientes a los salones de peluquería. El descenso de la actividad supuso porcentajes mayores al 15% en el mes de enero, lo que implicó reajustar las cuentas nada más iniciar el año. Porcentaje que no se recuperó en el mes de febrero pues, solo sirvió para cubrir la actividad del año anterior en el mejor de los casos. Marzo ha sido un mes sin muchas medallas, pues la Semana Santa a principios de abril obligó a las clientas a visitar nuestros salones, y solo recaudar aquellos ajustes de precios previstos a inicio de año que ya han quedado desfasados por las circunstancias.
Las buenas noticias no llegaron
Las buenas noticias no solo no llegaron, sino que se agravaron más, pues el 18 de enero de este año nos sorprendió el accidente de Adamuz con toda su enorme tragedia y polémica posterior sobre la gestión de nuestras infraestructuras. Un punto más que quebró la vida política del país, bastante deteriorada ya, de por sí.
Siempre escuché aquello de que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Aunque pertenece al refranero, siempre suele llevar gran parte de verdad. En efecto, este año 2026 no va a ser diferente. Si bien, inicialmente, debemos tomar medidas para paliar los efectos de un mercado inestable, aprovecharemos para evaluar si todos nuestros gastos son imprescindibles y revisaremos la forma de hacer viables nuestros negocios en la coyuntura actual. De esta reflexión suelen salir conclusiones muy efectivas que reorganizan empresas y las harán más fuertes para cuando las aguas vuelvan a calmarse.
Todo ello pasará y encarrilaremos este tortuoso 2026; pero hay aspectos relevantes de nuestra sociedad y nuestro país que parece que han venido para quedarse. Escuchaba hace pocos días que hay 1,5 millones de personas en España que están de baja. Son profesionales como usted y como yo que mañana no van a ir a trabajar a su empresa. Esta noticia sí me preocupa, y mucho, porque de entre ese millón y medio de personas, hay un porcentaje sustancial que lo hace porque, simplemente, no quiere ir a trabajar, lo que llamaríamos falsas bajas de forma coloquial. Bajas que sustancialmente tienen mayor incidencia entre los menores de treinta años.
¿Qué valores les hemos trasladado a nuestros jóvenes para que interpreten que una responsabilidad se convierte en un derecho a no ir a trabajar?
Mientras tanto nuestros sacrificados y tensionados profesionales de la salud firman bajas gratuitas y extensas en el tiempo que obligan al conjunto de la sociedad a sostener lo que algunos consideran un derecho fundamental “no ir a trabajar”.
Para aquellos que no van a trabajar y también para los que sí son responsables, les animo a que piensen cuál es su repercusión.
Síntesis: los que trabajan tienen que hacer el trabajo de los que no quieren trabajar, pero para más enjundia, les pagan parte de su sueldo a final de mes, pues, si estos fuesen a trabajar, se produciría más y, por pura lógica, la producción pagaría el sueldo de los “ausentes”. Así pues, sin más conjeturas, los que trabajan ganarían más porque no tendrían que mantener a los que no quieren ir a trabajar.
Aprovecharemos para evaluar si todos nuestros gastos son imprescindibles y revisemos la forma de hacer viables nuestros negocios