Voladuras y explosivos
La voladura empieza antes del explosivo… y no termina cuando se dispara
José Cabo, especialista en seguridad y explosivos22/07/2026
El resultado de una voladura no depende solo de la elección del producto que se carga en el barreno, sino de todo lo que ocurre antes y después del disparo.
Cuando una voladura sale bien, es fácil pensar que el mérito es propio; cuando sale mal, es fácil buscar culpables. Quienes trabajamos a pie de tajo sabemos que el explosivo es solo una parte del proceso: la energía que libera será útil o problemática según el estudio y los datos que hayamos utilizado antes de cargarlo y el análisis que hagamos después de dispararlo, especialmente si disponemos de datos fiables.
Antes: conocer el macizo y diseñar la energía
Toda voladura empieza en un terreno real. El levantamiento del frente mediante fotogrametría con dron y la toma de datos con GNSS nos permiten trabajar sobre un modelo digital real, no sobre un plano teórico. Sobre ese modelo se eligen el diámetro, la altura de banco y la sobreperforación; se diseña la malla de perforación, se estudia la distribución de la energía y se define la secuencia de encendido.
Es también el momento de elegir el explosivo adecuado: ANFO, emulsiones, dinamita, productos encartuchados o soluciones a granel. No existe un explosivo válido para todas las voladuras; existe el más adecuado para cada diámetro, cada tipo de roca, la presencia de agua o de coqueras y cada objetivo de fragmentación.
Durante: ajustar el diseño a la realidad
La perforación ejecutada nunca es exactamente igual a como se dibujó. Las características de la máquina, la estratificación y el buzamiento mandan. Por eso, antes de elegir el explosivo con el que cargaremos, comprobamos las desviaciones con sonda y revisamos la situación real de cada barreno —dirección, profundidad y distancia mínima al frente— sobre el modelo 3D.
Con esos datos ajustamos las cargas y el tipo de explosivo a la situación real del macizo, no a la teórica. Herramientas como Expertir© y Expertab™ permiten que esa información fluya entre el técnico, el perforista y el artillero sin que se pierdan datos valiosos por el camino.
Después: el disparo no es el final
Esta es, en nuestra experiencia, la parte más olvidada del proceso. Una voladura disparada es, sobre todo, una fuente de datos: granulometría obtenida, estado del frente resultante, fondos de excavación y registros de vibraciones y de onda aérea.
Analizar esos resultados y correlacionarlos con el diseño permite corregir lo necesario en la siguiente voladura: modificar la cuadrícula, ajustar las cargas, redefinir las secuencias o reducir las afecciones al entorno y a los vecinos de la explotación.
Ese análisis, almacenado y accesible en tiempo real a través de Explore™, convierte cada voladura en el punto de partida de la siguiente. Es un ciclo de mejora continua, no una sucesión de disparos aislados.
Conclusiones
Nada de esto es una solución mágica. Es método: datos, diseño, ajuste y análisis, voladura tras voladura. Cuando el proceso se trabaja de forma completa, los resultados llegan solos: una fragmentación más adecuada a nuestras necesidades, frentes más regulares, menos proyecciones, vibraciones controladas y costes más ajustados en perforación, explosivo y procesos aguas abajo.
Es una satisfacción conseguir resultados visibles, como reducir en un 10 % el material destinado a vertedero o lograr que el suelo del siguiente banco se encuentre, en un 95 %, dentro de unos valores de ±25 cm respecto al banco proyectado. Pero la mayor satisfacción es comprobar los resultados obtenidos en lo relativo a las proyecciones, las vibraciones y la onda aérea.
En EPC España entendemos así nuestro trabajo: acompañar técnicamente cada voladura desde el diseño hasta el análisis del resultado. Porque la voladura empieza mucho antes de cargar el explosivo… y solo termina cuando hemos aprendido algo de ella.





































