Tomra Mining transforma los estériles mineros en infraestructuras limpias y rentables
En un contexto de creciente presión sobre las cadenas de suministro globales, la avanzada tecnología de clasificación basada en sensores de Tomra está ayudando a las compañías mineras a recuperar recursos valiosos que antes se consideraban residuos. Esta tecnología prolonga la vida útil de las minas, mejora la eficiencia e impulsa una producción más sostenible de minerales críticos.
En todo el mundo, las minas albergan una oportunidad que está desaprovechada en gran medida en materia de áridos. Las operaciones generan enormes volúmenes de roca estéril. Esta roca se transporta a largas distancias, se acopia o se deposita, y debe ser supervisada durante décadas. Todo ello conlleva un coste financiero, medioambiental y operativo significativo.
Al mismo tiempo, las minas importan áridos para vías de acarreo, cimentaciones de plantas, presas de relaves y trabajos de cierre de mina. En regiones remotas, el transporte adecuado de materiales de construcción puede resultar extremadamente caro. Esto convierte estos proyectos de infraestructura en un importante reto operativo y financiero.
La paradoja es que gran parte de la roca estéril ya posee la resistencia y la durabilidad necesarias para su uso en la construcción. Su limitado aprovechamiento histórico se ha debido a la presencia de sulfuros y materiales generadores de ácido. Una vez eliminados estos componentes, la roca estéril se convierte en un material limpio y estable. Este material puede gestionarse con seguridad, reutilizarse o incluso transformarse en una nueva fuente de ingresos.
Esta es la oportunidad que la clasificación basada en sensores de Tomra Mining está haciendo posible.
Cómo la clasificación basada en sensores crea valor a partir de la roca estéril
La clasificación basada en sensores de Tomra Mining permite a las minas eliminar el material generador de ácido de la roca estéril en una fase temprana del proceso. Mediante la tecnología de clasificación por transmisión de rayos X (XRT), el sistema genera una imagen detallada de cada roca y detecta inclusiones de grano fino, como los sulfuros de metales base. Las partículas de alto valor y generadoras de ácido se expulsan del flujo de alimentación. De este modo, queda un material estéril con bajo contenido en sulfuros. Este material puede gestionarse con total confianza, ya sea para el almacenamiento a largo plazo, el uso en la propia mina o la venta como árido.
Dado que los clasificadores operan sobre fracciones de tamaño definidas, las minas pueden conservar el material grueso que, de otro modo, se trituraría. Esto permite gestionar los residuos en una forma inmediatamente apta para su colocación. Al mismo tiempo, se preserva la capacidad de proceso para el material mineralizado.
Por otro lado, la clasificación también aporta seguridad. Cuando la roca estéril se certifica como de bajo contenido en sulfuros, los operadores pueden simplificar los procedimientos de autorización ambiental y reducir los requisitos de supervisión. Además, pueden eliminar ese material de los registros como riesgo potencial futuro. Esta certidumbre sustenta todos los beneficios comerciales y operativos posteriores.
Confianza y control: convertir los residuos en un recurso gestionable
En la mina Renison Bell de Bluestone, en Tasmania (Australia), el valor de la clasificación reside en la confianza y el control. La clasificación XRT se utiliza para separar los residuos no generadores de ácido (NAC) de los potencialmente generadores de ácido (PAF). Esto permite gestionar los materiales en función de su comportamiento ambiental a largo plazo.
La joint venture Bluestone Mining Tasmania señala que “al separar los residuos no generadores de ácido mediante la clasificación XRT de Tomra, podemos colocar una gran parte de la roca estéril directamente en almacenamiento a largo plazo. Esto reduce tanto el riesgo ambiental como la necesidad de colocación subterránea”.
Esta clasificación simplifica la gestión de residuos y la planificación del cierre de mina, al garantizar que solo el material químicamente estable se destina al almacenamiento a largo plazo, mientras que el material PAF se aísla y gestiona de forma adecuada.
En la mina Kensington, en Alaska (EE. UU.), la clasificación XRT refuerza el mismo principio: los residuos limpios son residuos utilizables. Las partículas de alta densidad que contienen minerales sulfurados y oro asociado se recuperan en la corriente de concentrado. Por su parte, los cantos de diorita de baja densidad, prácticamente exentos de sulfuros, se rechazan como residuo. Este proceso no solo mejora la recuperación de oro. También genera una fracción de residuo estéril con un potencial mínimo de generación de ácido. Esto respalda una gestión ambientalmente responsable de los relaves.
Según Jordan Rutledge, Area Sales Manager de Tomra Mining, “en el último informe técnico disponible públicamente, se recuperaron 4.216 onzas de oro en un año a partir de la operación de clasificación de cantos”. A los precios del oro de enero de 2026, esto “representa casi 20 millones de dólares estadounidenses en valor recuperado, al tiempo que se produce un flujo de residuos limpio y con bajo contenido en sulfuros que puede colocarse o reutilizarse de forma segura”. En su opinión, “esa combinación es lo que hace que la clasificación resulte tan atractiva para los clientes”.
El árido como fuente de ingresos contrastada
La mina Mt Carbine, en el norte de Queensland (Australia), es un claro ejemplo del potencial de la clasificación de residuos para la producción de áridos. En la mina de EQ Resources, la clasificación de mineral ha redefinido la gestión de los residuos. Se utilizan clasificadores XRT de Tomra para procesar mineral portador de wolframio. Este proceso genera un flujo de residuos estériles que se reutiliza como árido para su venta.
Como explica Kevin MacNeill, CEO de la mina Mt Carbine, EQ Resources, “normalmente se trituraría el residuo hasta 6 mm y se procesaría en equipos de concentración tipo jig, pero ahora, al pasarlo por los clasificadores de Tomra podemos conservar una amplia gama de áridos en fracciones de tamaño más gruesas”. Asimismo, explica que “los clasificadores eliminan cualquier material que contenga sulfuros generadores de ácido y la roca estéril resultante es extremadamente limpia”. Esto permite utilizarla “para fabricar todo tipo de productos de cantera, desde bases de carreteras hasta áridos para hormigón”. En sus palabras, se trata de “un ejemplo perfecto de economía circular”.
El impacto en el negocio ha sido considerable y ha transformado la economía de la mina. MacNeill subraya que “la venta de estos áridos verdes aporta una parte significativa a nuestro negocio —unos cinco millones de dólares australianos al año— y todo ello es posible gracias a los clasificadores de Tomra”. De hecho, afirma que “probablemente hemos amortizado cada máquina cinco veces solo con estos ingresos”. Por este motivo, ya se ha planificado la instalación de un tercer clasificador.
Cada tonelada que se rechaza antes de la trituración y la flotación es una tonelada que no entra en la instalación de relaves. Esto prolonga directamente la vida útil de la mina cuando la capacidad de relaves es el principal factor limitante. La posibilidad de transportar, vender y reutilizar estos residuos clasificados demuestra que son estructuralmente sólidos, logísticamente viables y económicamente relevantes.
Un segundo negocio dentro de la mina
La eliminación de los sulfuros permite producir un material limpio y estable. Esto ayuda a las minas a reducir pasivos, simplificar el cumplimiento normativo y prolongar la vida útil de la explotación.
Cuando las condiciones del mercado lo permiten, también facilita el desarrollo de un negocio rentable de áridos junto a la producción de metales.
Por eso, no se trata solo de mejorar el rendimiento del proceso. Se trata de crear un segundo negocio dentro de la propia operación. En este modelo, los residuos dejan de definirse por su coste y pasan a definirse por su valor y por la confianza que generan.

























