OPINIÓN

“No existe un único protocolo de baño que sirva para todos los perros”

El buen grooming empieza en el baño: lecciones aprendidas trabajando en Marygroom

María Zakharchenko, fundadora de Marygroom, salón y centro educativo de peluquería canina

21/09/2026
Cuando hablamos de peluquería canina, normalmente pensamos primero en la zona de corte. Las mesas, las tijeras, las máquinas, el trabajo de acabado… Es la parte más visual de nuestra profesión y también la que más enseñamos en fotografías y redes sociales. Sin embargo, después de años trabajando con perros y formando groomers, para mí, una parte enorme del resultado se decide unos metros antes: en la zona de baño y secado.
María Zakharchenko, fundadora de Marygroom
María Zakharchenko, fundadora de Marygroom.

Siempre digo a mis alumnos que un buen corte puede empezar a estropearse mucho antes de coger las tijeras. Si el perro no está bien lavado, quedan restos de cosmética, el manto conserva humedad o el pelo no se ha secado y preparado correctamente, después intentaremos solucionar con máquina y tijera algo que debería haberse resuelto antes.

En Marygroom, por eso, no consideramos la zona de baño como una zona auxiliar. Es una zona de trabajo técnico y, además, una de las que más influye en la organización de todo el salón.

Cuanto más tiempo llevo en esta profesión, más importancia le doy.

No todos los perros necesitan “un baño”

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Parece una frase extraña, pero para mí es uno de los puntos más importantes: No existe un único protocolo de baño que sirva para todos los perros.

Podemos recibir un caniche que viene cada cuatro semanas y cuyo pelo está perfectamente mantenido; un pomerania con una enorme cantidad de subpelo; un bichón cuyo manto necesita volumen; un yorkshire en el que buscamos caída y brillo; un perro con piel sensible; u otro que lleva varios meses sin visitar una peluquería.

Si el punto de partida es diferente, ¿por qué tendría que ser igual el baño?

Antes de abrir el grifo, observamos. Tocamos el pelo, miramos la piel, valoramos la cantidad de subpelo, la grasa, la suciedad, los nudos y el estado general del manto. Pero también pensamos en algo que para mí es fundamental: qué queremos hacer después con ese pelo

Porque el baño no puede separarse del corte.

Si quiero conseguir volumen, tengo que empezar a construirlo durante la preparación. Si necesito caída, el protocolo cambia. Si posteriormente voy a trabajar con máquina y peines adaptadores, necesito que el pelo llegue a la mesa limpio, separado y correctamente preparado. Si estoy delante de un doble manto, mis prioridades vuelven a cambiar.

Por eso no me gusta pensar simplemente: “Ahora toca lavar”. Mi pregunta es otra: “¿Cómo necesito que esté este manto cuando termine de secarlo?”. Para mí, ahí empieza realmente el grooming.

La cosmética también es una herramienta del groomer

Durante muchos años hemos prestado muchísima atención a qué tijeras compramos, qué máquina utilizamos o qué cuchilla consigue determinado acabado. Y, sin embargo, a veces tratamos el champú como si su única función fuera dejar al perro limpio y con buen olor.

Yo no lo veo así. Para mí, la cosmética profesional es una herramienta más de trabajo.

En Marygroom hemos probado productos de distintos mercados y, desde hace tiempo, también trabajamos mucho con cosmética profesional asiática. Personalmente, me interesa bastante lo que está ocurriendo en Asia dentro del sector del grooming. Existe una cultura muy desarrollada alrededor de la preparación del manto, especialmente cuando se buscan acabados muy definidos, volumen, textura o una presentación de nivel show.

Una de las líneas que utilizamos actualmente en el salón es SHMM. Lo que me gusta de trabajar con un sistema de este tipo no es simplemente utilizar una determinada marca, sino poder escoger el protocolo según lo que tengo delante. No quiero obtener el mismo resultado en todos los perros.

Hay mantos en los que quiero conservar una sensación más sedosa y una caída limpia, y otros en los que necesito cuerpo y volumen para construir después la forma con tijera. Por eso, utilizamos productos diferentes dependiendo del objetivo final.

Y aquí vuelvo otra vez a la misma idea: el corte empieza en el baño. Si voy a realizar un corte asiático en un bichón o un caniche y quiero construir una cabeza con volumen, necesito que ese pelo tenga una determinada respuesta cuando llegue a mi mesa. No puedo esperar a terminar el secado y después pedirle a la tijera que cree por sí sola una estructura que no he preparado.

Lo mismo ocurre con un manto largo en el que busco movimiento, brillo y caída. El objetivo es completamente distinto y el protocolo también debe serlo.

Por eso, más que hablar de “mi champú favorito”, prefiero hablar de qué resultado quiero conseguir.

Más producto no significa mejor baño

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Otro error que observo frecuentemente cuando formamos a nuestros alumnos es pensar que utilizar una gran cantidad de producto significa limpiar mejor. No necesariamente.

Un producto profesional debe utilizarse de acuerdo con su formulación y su dilución. En la propia gama SHMM, por ejemplo, encontramos productos concentrados con diferentes proporciones de dilución. Nosotros respetamos estas indicaciones porque utilizar más cantidad no significa obtener un mejor resultado.

También prestamos muchísima atención al aclarado. Es una parte poco espectacular del trabajo y, precisamente por eso, es fácil hacerla demasiado deprisa. Sin embargo, dejar restos de cosmética en el pelo puede modificar su comportamiento durante el secado y, posteriormente, durante el corte.

Puedes tener una excelente máquina, una cuchilla perfectamente afilada y una técnica muy buena, pero si el manto llega pesado o mal aclarado a la mesa, vas a trabajar peor.

A veces, buscamos la causa de un acabado imperfecto en nuestras tijeras, cuando el problema empezó veinte minutos antes, dentro de la bañera.

El baño también se hace con las manos

Hay una parte del trabajo que ninguna instalación moderna puede sustituir: nuestras manos.

Mientras bañamos al perro estamos recibiendo información constantemente.

Al mojar el manto pueden aparecer cosas que en seco pasan más desapercibidas: zonas sensibles, pequeñas alteraciones de la piel, irritaciones, bultos, heridas o parásitos. Evidentemente, nuestro trabajo como groomers no es realizar un diagnóstico veterinario, pero sí observar y comunicar al propietario cuando encontramos algo que creemos que debería consultar con su veterinario.

Además, con las manos sentimos realmente el estado del manto. Sabemos dónde todavía queda grasa, dónde necesitamos aclarar más o dónde el producto no ha llegado correctamente.

No se trata de poner champú, frotar y aclarar. Hay que aprender a sentir lo que estamos lavando.

Una zona de baño bonita no siempre es una buena zona de baño

Cuando se diseña un salón nuevo, es muy fácil invertir muchísimo tiempo en la recepción y en la zona que verá el cliente. Queremos que sea bonita, y es lógico.

Pero, como propietaria de uno de ellos, con los años he empezado a hacerme otra pregunta: ¿Cómo va a funcionar este espacio después de cinco, seis u ocho perros? Para mí, esa es la prueba real.

Champús, acondicionadores, mascarillas, toallas y los productos que utilizamos habitualmente tienen que estar accesibles. No quiero que un groomer tenga que dejar a un perro mojado para ir a buscar algo al otro lado del salón.

La altura de la bañera, el acceso para perros grandes, el suelo, el espacio disponible alrededor, dónde colocamos las toallas o hasta dónde llega una manguera parecen pequeñas decisiones. Después de miles de perros, dejan de ser pequeñas.

Nuestra profesión es físicamente exigente. Estamos muchas horas de pie, repetimos los mismos movimientos y trabajamos constantemente con la espalda, los hombros y los brazos. Por eso, la ergonomía no es un lujo.

Cuando compro equipamiento profesional, ya no pienso solamente en cuánto cuesta. Pienso: ¿Cuántos movimientos me va a ahorrar cada día durante los próximos años?

Secar no es quitar el agua

Probablemente esta sea una de las ideas que más repito en nuestro centro educativo.

Secar un perro profesionalmente no significa conseguir que deje de estar mojado. Secar significa construir el manto sobre el que después vamos a cortar.

Primero retiramos una parte importante del agua y trabajamos el manto con el expulsor. Dependiendo del perro, el flujo de aire también nos ayuda a abrir el pelo, separarlo y eliminar subpelo muerto.

Después viene la parte más técnica: terminar el manto según el resultado que buscamos.

En un bichón o un caniche que posteriormente voy a trabajar con tijera, no me sirve un perro que esté “más o menos seco”. Necesito un pelo realmente seco, separado y preparado desde la raíz.

Esto se nota muchísimo cuando utilizamos peines adaptadores. Si el peine encuentra una zona ligeramente húmeda, ondulada o mal estirada, no pasa igual. Aparecen diferencias y después tenemos que repetir y corregir.

Y entonces ocurre algo muy habitual en los salones: intentamos ahorrar cinco minutos en el secado y perdemos quince en el corte. Rapidez y prisa no son lo mismo.

La tecnología ha cambiado nuestra manera de secar

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Aquí creo que el grooming profesional ha evolucionado muchísimo durante los últimos años. Durante mucho tiempo, el esquema era prácticamente el mismo: expulsor, secador y nuestras dos manos ocupadas durante casi todo el proceso.

Hoy tenemos otras posibilidades.

En Marygroom utilizamos, entre otros equipos, sistemas de secado de Jirpet, y para mí han cambiado especialmente la manera de organizar el tiempo de esta zona.

Tenemos cabinas de secado, que utilizamos cuando el tipo de perro y de manto son adecuados para este sistema. La gran ventaja para mí, como propietaria del salón, no es solamente que sequen: es que mientras una parte del proceso de secado se está realizando dentro de la cabina, el groomer puede dedicar ese tiempo a otra tarea.

Eso cambia completamente la organización. No significa meter a todos los perros en una cabina. Aquí vuelve a entrar el criterio profesional. Hay que valorar el animal, su comportamiento, su manto y el resultado que queremos conseguir; pero la cabina nos permite aprovechar un tiempo que antes requería la presencia continua de una persona.

Y en un salón con varios profesionales y varios perros trabajando simultáneamente, esa diferencia se nota muchísimo.

Jirpet ha desarrollado precisamente sus cabinas alrededor de sistemas de circulación de aire envolvente. Para mí, lo interesante no es tanto el nombre de la tecnología como el resultado práctico: poder distribuir el aire alrededor del animal y convertir una parte del secado en un proceso que no necesita que el groomer sostenga continuamente un secador.

El expulsor sigue siendo imprescindible

Que utilicemos cabinas no significa que hayan sustituido al expulsor. Al contrario.

En Marygroom seguimos utilizando expulsores/compresores Jirpet porque hay trabajos que necesitan potencia y control directo.

Especialmente en dobles mantos, el expulsor tiene otra función además de eliminar agua: nos ayuda a abrir el manto y expulsar gran cantidad de subpelo suelto. Ahí veo claramente cómo una herramienta correcta puede ahorrar trabajo posterior.

Cuanto mejor preparo ese manto durante el secado, menos tiempo necesito después intentando terminarlo sobre la mesa.

Pero también aquí hay que trabajar con cabeza. No utilizamos la misma potencia sobre todo el cuerpo ni con todos los perros. Cara, orejas y zonas sensibles requieren otro control, y con animales nerviosos adaptamos el proceso progresivamente.

Una máquina puede tener muchísima potencia. Eso no significa que tengamos que utilizar toda esa potencia todo el tiempo.

Y apareció una herramienta que me pareció especialmente inteligente: el secador de cuello

Otra solución que hemos incorporado es el secador que se coloca alrededor del cuello del groomer. Puede parecer un pequeño cambio, pero trabajando varias horas al día se entiende rápidamente su utilidad.

Nos permite dirigir aire hacia la zona en la que estamos trabajando mientras mantenemos las dos manos libres. Y para mí eso es exactamente el tipo de innovación que tiene sentido en un salón.

No me interesa una tecnología simplemente porque sea nueva. Me interesa cuando resuelve un problema real. Si puedo utilizar ambas manos para cepillar, separar y trabajar el manto mientras recibo flujo de aire, estoy reduciendo movimientos y aprovechando mejor el tiempo.

Además, el modelo de cuello de Jirpet está pensado específicamente para animales pequeños y medianos, y utiliza un soporte flexible. Para un groomer que pasa muchas horas secando, cualquier herramienta que libere las manos y reduzca movimientos repetitivos merece atención.

Una cabina no sustituye al groomer

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Esto para mí es importante aclararlo. Cuando hablamos de automatizar una parte del secado, no estamos hablando de dejar de observar al perro.

La tecnología tiene que trabajar para nosotros, no sustituir nuestro criterio.

Hay animales que están tranquilos dentro de una cabina y otros para los que elegiremos otro método. Hay mantos donde podemos realizar una parte importante del proceso de esta manera y otros que después necesitarán inevitablemente brushing y trabajo manual para conseguir el acabado que buscamos.

Por eso yo no hablaría nunca de “el mejor sistema de secado”. Prefiero hablar de combinar sistemas.

  • Expulsor, cuando necesito retirar agua rápidamente y trabajar subpelo.
  • Cabina, cuando puedo aprovechar un secado controlado mientras organizo otra parte del trabajo.
  • Secador de manos libres, cuando quiero trabajar el manto simultáneamente.
  • Y brushing, cuando necesito construir la preparación final para la tijera.

Para mí, un salón moderno no debería elegir entre tecnología y técnica. Debe utilizar la tecnología para que la técnica sea más eficiente.

El tiempo de secado también es dinero

Esta es probablemente la parte de la que menos hablamos los groomers y más pensamos los propietarios de salones.

La zona de baño y secado puede convertirse fácilmente en el cuello de botella de toda la peluquería.

Puedes tener mesas libres y groomers preparados para cortar, pero si los perros no salen de la zona de baño al ritmo adecuado, todo empieza a retrasarse.

Por eso, introducir cabinas de secado en Marygroom tuvo también un sentido organizativo: imaginemos que un groomer necesita estar físicamente treinta minutos delante de un perro durante todo el proceso de secado. Durante esos treinta minutos esa persona solo puede hacer una cosa. Em cambio, si conseguimos que una parte adecuada del proceso se realice de forma segura en una cabina, ese profesional puede preparar otro perro, limpiar su mesa, organizar material o continuar otro servicio.

Multiplicado por varios perros al día y por todo un año, estamos hablando de muchas horas.

Para mí, optimizar no significa hacer peor el trabajo para terminar antes. Significa eliminar tiempos en los que el profesional no está aportando valor con sus manos.

Ruido, humedad y cansancio: también cuentan

Hay otro aspecto del área de secado del que hablamos poco: cómo afecta al groomer.

Un salón con varios expulsores funcionando durante horas puede ser un ambiente muy exigente. Tenemos ruido, calor, humedad y movimientos repetitivos.

Por eso, cuando incorporamos una tecnología nueva también pienso en mi equipo.

¿Reduce el tiempo que tienen que sostener una herramienta? ¿Permite trabajar con las manos en una posición más cómoda? ¿Evita movimientos repetidos? ¿Nos ayuda a repartir mejor los perros durante la jornada?

La eficiencia no consiste únicamente en conseguir atender un perro más. También consiste en que el groomer llegue al final del día menos agotado.

Y creo que este será uno de los grandes cambios de nuestra profesión durante los próximos años: diseñar salones no solamente alrededor del perro y del cliente, sino también alrededor de la salud y la ergonomía del profesional.

La limpieza entre perros no es negociable

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Toda esta tecnología pierde sentido si olvidamos lo básico.

Después de cada perro, la zona debe quedar preparada para el siguiente. Retiramos pelo, limpiamos superficies y bañeras, y mantenemos los equipos y utensilios en condiciones higiénicas.

Para mí esto no debería depender de si “hoy tenemos mucho trabajo”. Precisamente cuando hay mucho trabajo es cuando más necesitamos protocolos.

Cuando existe un sistema, la limpieza deja de ser una tarea extra y se convierte simplemente en una fase más del servicio.

Innovar no significa comprar todo lo nuevo

El sector del grooming está creciendo muy rápido. Cada año aparecen nuevas máquinas, cabinas, sistemas de spa, cosmética y herramientas. Y yo soy una persona a la que le gusta probar cosas nuevas.

Pero hay una regla que intento mantener tanto en Marygroom como cuando enseño: una innovación tiene que solucionar un problema.

Trabajamos con cosmética asiática porque determinados productos nos ayudan a preparar diferentes tipos de manto para el acabado que buscamos.

Utilizamos cabinas porque nos permiten reorganizar una parte del tiempo de secado.

Utilizamos expulsores porque hay mantos donde necesitamos trabajar directamente con potencia.

Y utilizamos sistemas de manos libres porque tener dos manos disponibles cambia nuestra manera de trabajar.

No utilizamos una herramienta simplemente porque esté de moda.

El mejor corte puede empezar media hora antes

Cuando termino un perro y miro el resultado, muchas veces puedo reconocer inmediatamente si el manto fue bien preparado:

  • Las tijeras entran de otra manera.
  • La máquina desliza mejor.
  • Los peines trabajan de forma uniforme.
  • Y el pelo permite construir la forma que queremos.

Por eso, si alguien me pregunta cómo mejorar sus acabados, no siempre le recomiendo empezar comprando unas tijeras nuevas.

Primero le preguntaría: ¿cómo estás bañando y cómo estás secando? Porque tendemos a buscar la perfección en los últimos minutos del grooming, cuando, muchas veces, el resultado ya empezó a decidirse media hora antes.

Después de años trabajando en Marygroom, para mí, la zona de baño y secado ya no es simplemente el lugar donde preparamos al perro antes de llevarlo a la mesa. Es una de las partes más técnicas del salón.

Es también una de las que más posibilidades ofrece para mejorar nuestros tiempos, nuestra ergonomía y nuestra forma de trabajar. Y, sobre todo, es donde empieza algo que el cliente verá mucho más tarde: el acabado final.

“Para mí, la cosmética profesional es una herramienta más de trabajo”
“No se trata de poner champú, frotar y aclarar. Hay que aprender a sentir lo que estamos lavando”
“Secar significa construir el manto sobre el que después vamos a cortar”
“La zona de baño y secado puede convertirse fácilmente en el cuello de botella de toda la peluquería”
“La tecnología tiene que trabajar para nosotros, no sustituir nuestro criterio”
“La eficiencia no consiste únicamente en conseguir atender un perro más. También consiste en que el groomer llegue al final del día menos agotado”
“Precisamente cuando hay mucho trabajo, es cuando más necesitamos protocolos”

Marygroom

Web: www.marygroom.es

Tel: 672 59 00 76

Mail: school.marygroom@gmail.com

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