OPINIÓN

La microbiota como aliada en la salud integral de perros y gatos

La microbiota intestinal y su relación con la salud de las mascotas

Laura Grasa López, investigadora en microbiota, salud y nutrición21/09/2026
La salud digestiva, la piel y el comportamiento comparten conexiones en las que participan los microorganismos intestinales. Conocerlas ayuda al veterinario a elegir mejor la dieta, utilizar los antimicrobianos con criterio y valorar las nuevas terapias sin confundir resultados prometedores con beneficios demostrados.
Laura Grasa López, investigadora en microbiota, salud y nutrición
Laura Grasa López, investigadora en microbiota, salud y nutrición.

Un ecosistema que también trabaja para las mascotas

En el intestino de perros y gatos conviven bacterias, arqueas, hongos y virus. Esta microbiota participa en la transformación de nutrientes, dificulta el establecimiento de patógenos y mantiene un diálogo continuo con las defensas del animal. Su actividad importa tanto como su composición: al fermentar determinados sustratos produce ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, que contribuyen al mantenimiento del epitelio intestinal y a la regulación inmunitaria. También interviene en el metabolismo de los ácidos biliares y del triptófano[1].

La dieta, la edad, el entorno y los medicamentos modifican este ecosistema. Por eso no existe una única microbiota ideal para todas las mascotas, ni una mayor diversidad garantiza por sí sola una mejor salud. Hablamos de disbiosis cuando las alteraciones microbianas se asocian a pérdida de funciones y enfermedad. Puede ser causa o consecuencia de un proceso patológico y, con frecuencia, ambas se retroalimentan[1,2].

Del intestino a la consulta

Las enteropatías crónicas muestran bien esta relación: la inflamación altera el hábitat intestinal y la disbiosis puede favorecer la persistencia de alteraciones metabólicas. Un análisis fecal puede aportar información sobre determinados grupos bacterianos, pero no explica por sí solo por qué el animal tiene diarrea. Los índices de disbiosis validados complementan la valoración clínica; no sustituyen la investigación de parásitos, enfermedad pancreática u otras causas[2,3].

La alimentación es una primera intervención con utilidad clínica. El consenso ACVIM de 2026 sitúa los ensayos dietéticos entre las principales herramientas para la enteropatía inflamatoria crónica canina. La elección depende de la historia y del paciente: digestibilidad, fuente proteica, grasa y fibra deben valorarse conjuntamente. La mejoría con una dieta no demuestra que todo su efecto se deba a la microbiota. En gatos deben respetarse sus particularidades nutricionales y la menor evidencia disponible para muchas intervenciones[1,3].

La piel y el eje enterocutáneo

La piel también alberga comunidades microbianas. En perros con lesiones inflamatorias se han descrito cambios en su composición, incluida una mayor presencia de estafilococos. Barrera cutánea, inflamación y microorganismos se influyen mutuamente: encontrar una bacteria no equivale, por sí solo, a diagnosticar infección[4].

El eje enterocutáneo propone que los metabolitos intestinales y las señales inmunitarias pueden influir en la inflamación de la piel. En 2026, un ensayo aleatorizado con 40 perros observó menor gravedad de las lesiones y menor puntuación de medicación al añadir trasplante de microbiota fecal al manejo de la dermatitis atópica. Sin embargo, no hubo diferencias significativas en prurito frente a placebo[5]. Es una vía prometedora que necesita confirmación; no justifica atribuir cualquier alergia a una disbiosis ni sustituir el estudio dermatológico, la dieta de eliminación cuando proceda o el tratamiento de infecciones secundarias.

El eje intestino-cerebro

Figura 1. El eje intestino-cerebro-piel: conexión entre la microbiota y la salud integral en mascotas...

Figura 1. El eje intestino-cerebro-piel: conexión entre la microbiota y la salud integral en mascotas. Esta ilustración ha sido generada utilizando la plataforma Nanobanana y certificada mediante la solución tecnológica E-Compliance para asegurar la trazabilidad y el cumplimiento de los estándares de comunicación visual de la Unión Europea.

La comunicación entre intestino y cerebro es bidireccional e implica vías nerviosas, inmunitarias y hormonales. El estrés puede modificar la función digestiva y, a su vez, los productos del metabolismo microbiano pueden participar en señales relacionadas con la conducta. En perros, un ensayo con 40 animales y cuatro semanas de intervención demostró mejorías en ansiedad y agresividad con una cepa concreta de lactiplantibacillus plantarum[6].

Estos resultados no se pueden trasladar a cualquier probiótico ni directamente a los gatos. El tamaño de las muestras, la duración y las diferencias entre estudios limitan las conclusiones. En consulta, una intervención nutricional puede valorarse como complemento de la evaluación del dolor, el entorno y el manejo etológico, con seguimiento de la respuesta.

Cuidar la microbiota con decisiones concretas

Conviene empezar por una historia alimentaria completa, incluidos premios y suplementos, y una dieta equilibrada adaptada al paciente. Los prebióticos son sustratos utilizados selectivamente por microorganismos del huésped que aportan un beneficio; los probióticos son microorganismos vivos con un beneficio demostrado a una cantidad adecuada. Su elección debe basarse en la cepa, la formulación y la indicación estudiadas. Añadir más especies no garantiza mayor eficacia[1,2].

Proteger la microbiota también exige evitar antibióticos innecesarios. Las guías ENOVAT desaconsejan su uso en la diarrea aguda canina leve o moderada, incluso hemorrágica, salvo excepciones clínicas específicas; los cuadros graves con afectación sistémica requieren otra valoración[7]. En enteropatías crónicas, los probióticos y el trasplante fecal pueden considerarse complementos en casos seleccionados, con evidencia y protocolos específicos; el trasplante requiere seleccionar y cribar donantes[3,8].

El objetivo clínico es que el paciente coma, mantenga su peso y mejore sus signos y calidad de vida. Cuidar su microbiota forma parte de ese objetivo: permite integrar nutrición y tratamiento, explicar mejor las decisiones al tutor y evaluar cada nueva propuesta por el beneficio que realmente aporta al animal.

Bibliografía seleccionada

  1. Rindels JE, Loman BR. Gut microbiome – the key to our pets’ health and happiness? Anim Front. 2024;14:46–53.
  2. Suchodolski JS, Toresson L. Microbiome Modulation in Veterinary Medicine. Vet Clin North Am Small Anim Pract. 2026;56:619–632.
  3. Heilmann RM et al. ACVIM consensus on chronic inflammatory enteropathy in dogs. J Vet Intern Med. 2026;40:aalaf017.
  4. Štempelová L et al. The skin microbiome on healthy and inflammatory altered canine skin. Front Microbiol. 2025;16:1528747.
  5. Felten V et al. Faecal Microbiota Transplantation Reduces Lesion Severity and Medication Use in Canine Atopic Dermatitis. Vet Dermatol. 2026.
  6. Efficacy of a Novel Lactiplantibacillus plantarum Strain (LP815) in Reducing Canine Aggression and Anxiety. Animals. 2025;15:2280.
  7. Jessen LR et al. ENOVAT guidelines for antimicrobial use in canine acute diarrhoea. Vet J. 2024;307:106208.
  8. Winston JA et al. Clinical Guidelines for Fecal Microbiota Transplantation in Companion Animals. Adv Small Anim Care. 2024;5:79–107.

Reseña de la autora

Laura Grasa López es profesora titular e investigadora de la Universidad de Zaragoza, vinculada al Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2, UNIZAR-CITA) y al Departamento de Farmacología, Fisiología y Medicina Legal y Forense de la Facultad de Veterinaria. Coordina una línea de investigación centrada en microbiota intestinal, nutrición y salud, con especial interés en la influencia de la dieta, los antibióticos y los prebióticos sobre la función intestinal, la respuesta inmunitaria y el bienestar animal. Su trabajo aborda tanto modelos de patología humana como animales domésticos y de producción, desde una perspectiva One Health.

Contacto

Laura Grasa López

Universidad de Zaragoza · Instituto Agroalimentario de Aragón IA2

Facultad de Veterinaria · Departamento de Farmacología, Fisiología y Medicina Legal y Forense

C/ Miguel Servet, 177 · 50013 Zaragoza

lgralo@unizar.es

ORCID: 0000-0002-5306-9365

“La microbiota intestinal participa en la transformación de nutrientes, la regulación inmunitaria y la protección frente a patógenos”
“No existe una microbiota ideal para todas las mascotas, ni una mayor diversidad garantiza por sí sola una mejor salud”
“La alimentación es una primera intervención con utilidad clínica, pero la mejoría con una dieta no demuestra que todo su efecto se deba a la microbiota”
“El eje enterocutáneo y la comunicación entre intestino y cerebro abren nuevas vías de investigación en la salud de las mascotas”
“Cuidar la microbiota exige decisiones basadas en la evidencia, desde la elección de la dieta hasta el uso responsable de los antimicrobianos”
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