Tu mascota ya influye en cómo decides (y las marcas aún no lo entienden)
La mascota ha dejado de ser compañía para convertirse en un criterio de decisión. Influye en dónde vivimos, qué compramos o cómo viajamos.
Cada vez más personas consideran a su mascota parte de su familia y eso cambia la forma de decidir. Según el II Informe sobre hábitos de familias españolas con animales de compañía, el 93% de los españoles la considera un miembro más de la familia.
“El consumidor ya no decide solo. En muchos casos, decide con su mascota en mente”, explica Silvia Martín, especialista en marketing digital en Ignara Agency y enfocada en pet parent marketing, una forma de entender cómo las mascotas empiezan a influir en decisiones que van mucho más allá del sector pet.
Este cambio se refleja en decisiones muy concretas. Desde descartar una vivienda porque no encaja con el animal hasta elegir un destino en función de si puede acompañarte. “Hay decisiones que antes eran individuales y ahora pasan por la mascota. Y eso tiene un impacto directo en cómo decidimos”, apunta.
El sector de las mascotas supera los 5.700 millones de euros en España y sigue creciendo, con un gasto que muchas familias priorizan incluso frente a otras partidas.
Algunas marcas empiezan a entenderlo. “Centros comerciales como Westfield integran servicios para mascotas o marcas como Citroën desarrollan soluciones para reducir su estrés en los viajes”, señala Martín.
Detrás de muchas decisiones hay una emoción concreta. “La culpa es un driver muy potente. Muchas compras tienen que ver con compensar el tiempo que no pasas con el animal o con mejorar su bienestar”, explica.
Este vínculo también cambia la forma de gastar. En muchos casos, la calidad en productos para la mascota se prioriza incluso por encima del propio consumo.
Aun así, muchas marcas siguen fallando. “El error es pensar que basta con añadir un ‘pet friendly’. Si no hay una propuesta real detrás, el cliente lo percibe enseguida”, apunta. En el sector ya se habla de “pet washing”, una forma de referirse a las marcas que se suben a esta tendencia sin entender realmente al consumidor.
Martín resume este enfoque en lo que denomina “pet parent marketing”. “La clave está en entender qué representa la mascota para esa persona. Si no partes de ahí, la comunicación se queda en la superficie”.
El cambio va más allá del marketing y empieza a afectar a la convivencia en ciudades, los espacios públicos o los modelos de consumo. “La relación con las mascotas ha cambiado más rápido que el entorno. Las marcas que lo entiendan tendrán ventaja. Las que no, quedarán fuera de la conversación”, concluye.










