OPINIÓN

“El problema no es la vocación, es la vida que estamos construyendo alrededor de la profesión”

Consejos para que la profesión veterinaria no sufra tanto 'burnout'

Sofía García, veterinaria oncológica y CEO en Citopet30/03/2026
El abandono de la profesión veterinaria y el desgaste emocional que vivimos muchos profesionales del sector se han convertido en un tema cada vez más presente dentro del debate veterinario. Jornadas interminables, guardias, urgencias y una enorme dificultad para conciliar la vida personal forman parte de una realidad que, durante demasiado tiempo, hemos normalizado.
Sofía García, veterinaria oncológica y CEO en Citopet

Sofía García, veterinaria oncológica y CEO en Citopet.

En España, esta situación empieza a notarse también en las clínicas: falta de personal, equipos saturados y un aumento claro del estrés entre quienes seguimos trabajando de ello. Y no es una percepción aislada.

Distintos estudios del sector señalan que más del 80% de los veterinarios presenta síntomas de burnout, y que entre un 30% y un 50% se ha planteado abandonar la profesión en algún momento de su carrera. Además, una parte relevante termina dejando la clínica en los primeros años, no porque no les guste la veterinaria, sino porque no pueden sostener el ritmo de vida que implica.

Cada vez más compañeros reconocen sentirse desbordados por la carga de trabajo y por unas condiciones que hacen muy difícil sostener una carrera a largo plazo.

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Cuestión de mentalidad

Desde mi punto de vista, el problema no es únicamente estructural; también es una cuestión de mentalidad dentro de la propia profesión. Por eso, me gustaría compartir cinco consejos que he ido aprendiendo con los años. No son fórmulas mágicas, sino reflexiones basadas en la experiencia: pequeñas decisiones y actitudes que, con el tiempo, marcan una gran diferencia.

1. Cuestionar las condiciones laborales

Durante años hemos asumido que ser veterinario implica aceptar determinadas condiciones: jornadas muy largas, disponibilidad casi permanente y una vida personal relegada a un segundo plano. Quizá ha llegado el momento de cuestionar esas reglas.

Porque muchas veces hablamos del abandono de la profesión como si fuera un problema de vocación. Pero la realidad es otra: la mayoría de los veterinarios no dejan de serlo porque no les guste la medicina veterinaria, sino porque no les gusta la vida que tienen como profesionales. Y ahí es donde deberíamos poner el foco.

2. Replantear el modelo de profesión

La presión se hace especialmente evidente en áreas como las urgencias veterinarias, donde muchos profesionales jóvenes inician su carrera.

Turnos nocturnos, situaciones críticas y la necesidad constante de tomar decisiones bajo presión convierten este entorno en uno de los más exigentes de la clínica. Y, sin embargo, también es uno de los que más impulsa el aprendizaje y el crecimiento profesional.

En un año trabajando en urgencias puedes aprender tanto como en varios años de práctica más rutinaria. Por eso, el problema no es que la profesión tenga retos, sino cómo están organizados.

Si queremos que la veterinaria sea sostenible, necesitamos replantear el modelo.

3. Construir una carrera más sostenible

En los últimos meses he podido comprobar hasta qué punto preocupa, entre muchos compañeros, que la veterinaria sea una profesión tan exigente. Lo he visto de cerca a raíz de un evento presencial que organizamos desde Citopet.

En él no hablábamos de medicina veterinaria. Hablábamos de algo que casi nunca se enseña: cómo construir una carrera profesional sostenible.

Uno de los puntos clave fue trabajar, junto a una psicóloga, aspectos relacionados con la mentalidad y el autocuidado. Porque muchas veces estamos tan centrados en nuestros pacientes que dejamos completamente de lado nuestras propias necesidades.

4. Entender que no estás solo

Pero en este evento hubo algo aún más importante: la comunidad.

La veterinaria es, en muchos casos, una profesión solitaria. Cada uno en su clínica, con una carga de trabajo elevada y tomando decisiones de forma constante. Y cuando te juntas con otros profesionales y empiezas a hablar, descubres que no eres el único que se siente así.

He visto veterinarios que llevaban años sin cogerse vacaciones. Otros que no se atrevían a reorganizar horarios o contratar ayuda por miedo a que no salieran las cuentas. Pero muchas veces basta con ver que otros lo han hecho para empezar a plantearte que quizá tú también puedes cambiar cosas.

A mí me funciona marcarme un horario, compensar los días más largos —porque todos los tenemos— y reservarme tiempo de descanso. También me ayuda hacer ejercicio y dormir bien, porque cuando no estás fresco no trabajas igual: no tomas las mismas decisiones, no piensas con la misma claridad… y todo eso es clave, tanto para ti como para tus pacientes.

5. Colaborar con una red de veterinarios

A menudo centramos el debate en factores externos, como el IVA veterinario o la presión económica. Y sí, influyen. Pero incluso si mañana desaparecieran, muchos de los problemas seguirían ahí, porque también es una cuestión de cómo entendemos nuestra profesión.

En este sentido, la especialización y el trabajo en red con otros profesionales pueden ser parte de la solución. La medicina veterinaria es cada vez más compleja, y pretender abarcarlo todo de forma individual ya no es realista.

Igual que en medicina humana, colaborar permite ofrecer una mejor atención al paciente y repartir mejor la carga de trabajo. Esto lo hemos comprobado tras dos años organizando eventos presenciales con veterinarios, donde ha ido creciendo una comunidad que ayuda a que nos sintamos mejor con nuestra profesión.

Así pues, necesitamos empezar a imaginar una veterinaria diferente: una profesión que siga siendo exigente, pero que también permita tener una vida equilibrada.

Porque los datos ya lo están mostrando: no estamos perdiendo veterinarios por falta de vocación, sino porque las condiciones de trabajo hacen muy difícil quedarse. Y eso, más que un problema individual, es un problema de toda la profesión.

“No dejamos la veterinaria porque no nos guste, sino porque no nos gusta la vida que implica”
“Normalizar condiciones insostenibles es uno de los mayores problemas de la profesión”
“Compartir experiencias te hace ver que no estás solo… y que sí se pueden hacer las cosas de otra manera”
“La sostenibilidad de la veterinaria no depende solo del sistema, también de cómo decidimos ejercerla”
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